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“Lo real le dio nuevo pedigrí a un género considerado menor”
Zepeda Patterson: “En el ejercicio del poder hay un componente de transgresión que forma parte del placer de poseerlo, esa sensación de impunidad, de poder lo que a otros mortales no les es dable. Lo he visto tanto que contarlo era una enorme tentación”.
Periodista: ¿Por qué decidió construir una novela en torno al tema de la trata?
Jorge Zepeda Patterson: No fue un propósito explícito. Buscaba una historia que me llevara a un ser humano en una condición límite, extrema. Recordé que como periodista había visitado en México un refugio de mujeres golpeadas, y allí encontré a una chica venezolana que había intentado escapar de esas redes. La habían golpeado hasta intentar matarla, y había sobrevivido en un hospital. Lo que me impactó fue que era el ser humano más hermoso que hubiese visto en mi vida, de una belleza sobrecogedora. Era la ironía que significaba haber sido dotada por ese don, y que al mismo tiempo eso se hubiese convertido en su tragedia. Era en verdad un activo valiosísimo para las redes. Seguramente si hubiera sido más fea, hubiera estado en su casa con más posibilidades de ser feliz. En esa ironía pensé que había algo desafiante para un novelista, particularmente masculino, de meterse en la piel, en el alma de una mujer a la que le cae encima una tragedia como ésa. Milena es una croata bellísima de 17 años que por su atractivo inusual atrae la tención de los tratantes. Es un personaje intenso, fuerte y atractivo a la vez. Como periodista voy alimentando la historia con mucha investigación, pero sobre todo me interesaba meterme en la piel de alguien que va a ser sacudido por algo inesperado y dramático, y a partir de allí mostrar la capacidad de sobrevivencia del ser humano. Milena es sometida a prácticas abominables para desmontar todo grado de resistencia, la someten a una deshumanización total para convertirla en esclava sexual, y convencerla de que no hay otra posibilidad, en absoluto. Y a pesar de todo eso ella logra hacerse dueña de su destino, sobrevivir y hasta vengarse.
P.: Usted trata un tema de una cruda y dura realidad que, sumado al de la violencia de género, convocó hace poco aquí una inmensa multitud con la consigna "Ni una menos". Tema que usted trata a través de Milena, y que profundiza con su momentáneo salvador, un magnate de la prensa.
J.Z.P.: Me interesaba que ella se encontrara en algo que no había buscado, que padeciera lo trágico de estar en una situación límite sin ser responsable de haberla desencadenado. Como periodista y novelista no me puedo librar de la fascinación por desentrañar la esencia del poder. Mis libros como periodista, "Los amos de México", "Los intocables", "Los suspirantes" tratan de eso. Es que se me ha dado ver escenas del poder que están detrás de los reflectores, que no son visibles, y que no son documentables por los instrumentos que tenemos los periodistas. En eso me he basado bastante. Esos empresarios que son a la vez barones de la prensa y que se sienten en el Olimpo, dueños y amos de refutaciones, hacedores a sus ojos de la vida pública, lo que les da una psicología muy particular. En el ejercicio del poder hay un componente de transgresión que forma parte del placer de poseerlo, esa sensación de impunidad, de poder lo que a otros mortales no les es dable. Lo he visto tanto que contarlo era una enorme tentación. El caso de Milena, más allá del drama de su belleza, me daba la oportunidad de hacer nuevamente un fresco de esas esferas, y contemplarlos con los pantalones en los tobillos, en un final de orgia, de abuso, de caprichos.
P.: ¿Buscó denunciar a los clientes junto a los proxenetas como parte del crimen organizado?
J.Z.P.: Mi visión sobre los clientes la fui consiguiendo a través de los ojos de Milena. No estaba en mi guión el tratamiento del cliente como algo genérico, más allá de contar de determinados clientes, y sin embargo surgió. Milena al comienzo identifica al proxeneta como responsable de su tragedia. Esos son los que la atraparon, la castigan, la obligan. Pero a medida que va rozándose con los clientes, que apela infructuosamente a ellos para poder escapar, ve que tanto el proxeneta como ella no son más que piezas de un engranaje puesto al servicio de algunos que ponen en movimiento la industria del sexo, que son los señores del dinero. Milena advierte que ellos son intercambiables, que si no estuvieran aparecerían otros en tanto exista una fuerza que los precise. La narrativa legitimadora de los clientes acaba por irritarla, exasperarla, fatigarla. Eso no estaba en el guión original pero al meterme en la piel de Milena fue haciéndose ineludible.
P.. ¿Qué lo decidió a elegir al thriller como el género de su narrativa?
J.Z.P.: Para un periodista la del thriller es una zona fronteriza, avecinada con su trabajo. La novela negra es una sumersión en los inframundos, en las alcantarillas. Y buena parte del periodismo es una exploración de los vicios públicos, de las prácticas indeseables. Creo que para el periodista que incursiona en la literatura ésta es una zona franca, próxima y libre.
P.: A su carácter de periodista suma el de ser economista y sociólogo, en su narrativa pareciera sumar a la tradición de la novela negra estadounidense los aportes de la novela policial sueca.
J.Z.P.: Todos tenemos en cuenta los clásicos de la novela norteamericana, pero es cierto el giro que los escandinavos han hecho, con personajes con mucha mayor profundidad psicológica, con un tratamiento como el que Henning Mankel da al inspector Wallander, impensable en un Philip Marlowe. Los de las novelas negras estadounidenses de los años 30 y 40 eran personajes más duros. Los libros que se instalan fundamentalmente en la acción con diálogos cortantes. Mientras que en los escandinavos encontramos en los personajes una mayor sutileza. No temen ir más lejos, señalar los abusos, la corrupción, los lazos con el poder . Las novelas de Stieg Larsson son finalmente un tratado sobre el fascismo sueco. Yo he buscado incorporar a eso algo de lo que carece la novela escandinava, que es que acá la gente tararea música, habla de lo que está comiendo, ironiza, pasa una muchacha y lanza un requiebro, agregué un código tropical, mediterráneo, mucho más latino.
P.: ¿Qué significó para usted ganar el Premio Planeta 2014, dotado con 601.000 euros?
J.Z.P.: Corresponde al premio número 63, y es el primero que gana un mexicano. Es una reivindicación, con gran respeto a la calidad de los ganadores de los premios anteriores. El Planeta en lo importante que es en términos económicos y comerciales, en cuanto es una plataforma internacional, ha sido desdeñoso con las letras latinoamericanas. No solo he sido el primer mexicano sino uno de los pocos latinoamericanos. Hacía años que nadie lo ganaba en nuestro continente. De entrada ha sido muy gratificante por eso. Luego, dado que no soy un escritor profesional sino un escritor tardío, con una vocación que busco poner sobre la mesa, constituye un espaldarazo que afirma un oficio y es una ampliación del contacto con los lectores, por la difusión, la traducción a diversos idiomas, y abre la posibilidad de llevar los libros a una serie de televisión.
P.: Su premio señala la valoración alcanzada por el thriller en los últimos tiempos.
J.Z.P.: En la medida en que los hechos de la vida pública, de la política, adquieren una dimensión de nota roja, interesa la literatura que la aborda. Cuando se habla de política con términos forenses, como es el caso de un fiscal en la Argentina, o cuando 43 estudiantes son desaparecidos en México y no sabemos si lo que se estudia es basura o restos humanos, y son temas de dimensión nacional que ocuparían normalmente las páginas de sucesos, de la crónica roja, creo que ya están imponiendo una aproximación narrativa a hechos de la realidad. Y hay ciertas series televisivas de calidad, caso "Los Soprano", por decir alguna, y la enorme aclamación que ha tenido, que han dado nuevo pedigrí a un género que muchas veces fue considerado menor.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.Z.P.: Estoy con una tercera novela del ciclo de Los Azules como protagonistas sobre un crimen político. Así que el año que viene estaré seguramente de nuevo por Buenos Aires.
Entrevista de Máximo Soto


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