“Lo único que Auster me pidió fue que cambiara el final”

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«La música del azar» (1990) es la única novela que según Paul Auster lo hizo enorgullecerse de haberla escrito. En 1993 fue llevada al cine y dos décadas más tarde (por mediación de la escritora Siri Hustvedt, esposa del autor) acaba de recalar en la escena porteña (Sala Samsung Studio, Pasaje 5 de Julio 444, adaptada y dirigida por Gabriela Izcovich, y protagonizada por Alfredo Martín, Juan Barberini, Germán Da Silva, Ariel Pérez y Cristián Jensen.

Su línea argumental se centra en el vínculo entre dos hombres solitarios: un ex bombero abandonado por su esposa se lanza a la ruta hasta agotar la inesperada fortuna que heredó de su padre. Cuando el dinero se le está por terminar, conoce a un experto jugador de póker y ambos se asocian para desplumar a dos excéntricos millonarios que sólo juegan por diversión.

Auster aún no pudo ver la obra «debido a su gira por Europa», explica Izcovich. El prestigioso novelista ya estuvo en Buenos Aires, en 2001, para dictar un seminario en el Malba y no se descarta que vuelva en un par de meses. Hasta ahora, ninguno de los escritores que Izcovich eligió para sus montajes ha faltado a la cita. Entre ellos figuran: Hanif Kureishi, Antonio Tabucchi, David Lodge y la ya citada Hustvedt, de quien adaptó «La venda».

Periodista: ¿Por qué razón eligió a Auster esta vez?


Gabriela Izcovich: Porque es un excelente dialoguista. La otra razón es que imaginé que para sus numerosos y fieles lectores argentinos sería muy atractivo ver alguna de sus historias y personajes en un escenario porteño.

P.: ¿»La música del azar» es su novela favorita?

G.I.:
En realidad, me la sugirió Siri Hustvedt. Tal vez porque vislumbró que era posible de teatralizar a pesar de las dificultades que presenta. También me recomendó «Fantasma» de la «Trilogía de Nueva York», pero me atrajo más esta historia.

P.: Según Auster la escritura es «una compulsión o una enfermedad», ya sólo por el hecho de recluirse en una habitación en lugar de salir y hacer cosas con los demás. ¿Habló de este tema con él?

G.I.: No lo hablé; pero, en mi caso, el momento de soledad que conlleva la escritura me resulta sumamente placentero; quizás porque después, llega el encuentro con los actores y el público. Lodge me dijo una vez: «Escribir es como tirar una botella al mar con un mensaje adentro que nunca retorna. En cambio el teatro produce un efecto totalmente opuesto». Es lindo eso, ¿verdad?

P.: ¿Cómo fue su comunicación con Auster? ¿Le dio algún consejo en particular?

G.I.: El intercambio con Auster fue a través de e-mails y su único consejo fue que cambiara el final por otro más ambiguo, para que no quedase tan claro que el protagonista moría. Hice ese cambio y mi versión le gustó.

P.: ¿Con qué elementos de esta historia se sintió más identificada?

G.I.:
Con el vínculo entre Jack y Nelson. Los vínculos me apasionan, son el motor de la vida. Además, está el tema del azar que domina toda esta historia. Los dos hombres han sido abandonados por sus padres en la infancia y ese vínculo perdido hace que circulen por la vida un tanto errantes, con la desolación que provoca en cualquier persona la ausencia paterna.

P.: El protagonista de «La música.», al igual que otros personajes de Auster, abandona todos sus vínculos familiares para empezar de cero.

G.I.: En la novela «Cómo ser buenos» de Nick Hornby, la protagonista -una mujer de cuarenta años, casada y en plena crisis existencial- se enamora de otro y dice algo genial: «este hombre me permite empezar de cero». Con el marido sentía todo el lastre de su pasado; en cambio, con este otro hombre puede ser otra y mejorar. Aire nuevo, vida nueva. Me divierte mucho eso.

P.: Ahora que la menciona ¿No estaba entre sus proyectos adaptar esa novela de Hornby? ¿Qué sucedió?

G.I.:
En aquel momento, Sony había copado todos los derechos porque tenían pensado producir una película, cosa que finalmente no sucedió. Ahora yo podría hacerla, pero ya se me fue el barco. Vio cómo es la vida...

P.: ¿Siempre eligió autores cuyas obras nunca fueron adaptadas para la escena?

G.I.:
No. Me enteré, por ejemplo, que Tabucchi había visto una versión teatral de su libro «Réquiem». En relación a eso, cuando estábamos haciendo «Nocturno Hindú» con Alfredo Martín en Florencia, nos contó una anécdota muy divertida. Cuando él fue a ver «Réquiem», el actor protagónico sufrió un ataque de pánico y Tabucchi, para ayudarlo, le iba soplando los textos desde la platea.

Entrevista de Patricia Espinosa

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