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Logró Sarkozy apoyos clave en Europa para atajar críticas
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que protagonizó la cumbre de Bruselas, dialogó con el presidente rumano, Traian Basescu. Gran parte de los 8.000 rumanos deportados este año son rumanos.
Lejos de las habituales negociaciones marcadas por el usual lenguaje comedido de la diplomacia y los complejos equilibrios, la jornada del último Consejo Europeo (CE) de ayer acabó convirtiéndose en un conventillo.
«El pueblo francés se siente ofendido», aseguró Sarkozy en referencia a las recientes afirmaciones de la comisaria de Justicia de la UE, la luxemburguesa Viviane Reding, la mujer que estableció un paralelismo entre la política de repatriaciones de Francia (de cerca de 8.000 gitanos hasta la fecha) y la deportación de judíos y gitanos en la II Guerra Mundial. «No permitiré que insulten a mi país», agregó el mandatario, visiblemente irritado.
Esas declaraciones «fueron profundamente hirientes, mi deber como jefe de Estado era defender a Francia», insistió posteriormente Sarkozy ante la prensa, asegurando que todos los jefes de Estado compartieron su «conmoción» ante el discurso de Reding.
La canciller alemana, Angela Merkel, tachó esas palabras de «desafortunadas»; el primer ministro británico, David Cameron, se dijo «asombrado» y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, conminó a Reding a «contener su fuerza declarativa». El español también calificó como «inaceptables» las declaraciones de la comisaria (ministra) de Justicia.
«He dejado claro que el tono y las palabras empleadas por la comisaria no me parecieron adecuados», amplió Merkel. «Tenemos que proceder con respeto entre todas las instituciones», agregó.
El presidente de la UE, Herman Van Rompuy, hizo por su parte un llamamiento a la calma y recomendó que las relaciones entre la CE, el Ejecutivo comunitario, y los Estados miembros se desenvuelvan en un clima de «respeto» mutuo.
Estas declaraciones pusieron en evidencia la división creciente entre los miembros de la Unión Europea (UE), que deberían haber hablado sólo de política exterior, del acuerdo de libre comercio cerrado con Corea del Sur o de temas presupuestarios.
Luego de las quejas de Sarkozy hubo un «violento intercambio» entre el presidente y el titular de la CE, el portugués José Manuel Barroso, del cual se desconocen detalles. «Hubo una disputa, por no decir una bronca», entre Barroso y Sarkozy, declaró el primer ministro búlgaro, Boyko Borissov.
El primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, describió un intercambio «viril». «Los gritos eran tan fuertes que se escuchaban desde el otro extremo del pasillo», agregó otro diplomático europeo.
Una circular confidencial del Ministerio francés de Interior filtrada la semana pasada a la prensa demostró la existencia de una orden a los prefectos (gobernadores) de Francia de proceder, en primer lugar, al desmantelamiento de campamentos ilegales de gitanos, lo que encendió la indignación de Bruselas, que se extendió a Naciones Unidas y hasta la Casa Blanca.
El asunto generó un agrio debate en este Consejo, donde se formó un amplio bloque de respaldo a Sarkozy. El primero en saltar fue el jefe de Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, quien mostró su apoyo expreso a Sarkozy.
«El problema de los gitanos no es sólo de Francia, afecta a toda Europa», había asegurado el miércoles Il Cavaliere. Precisamente fue Berlusconi quien propuso que la temática fuera incluido en la agenda oficial de este Consejo Europeo, a pesar de que no lo estaba.
Sarkozy sostuvo ayer que Alemania también planea desmantelar campamentos de gitanos en su territorio, algo que le habría dicho la propia canciller Angela Merkel en una conversación, lo que luego fue desmentido por la gobernante. «Me dijo que tiene la intención de desmantelar campamentos en las próximas semanas», afirmó el mandatario. «Ya veremos qué calma reina en la política alemana», indicó.
Agencias DPA, AFP, EFE y ANSA

