Los robos a los museos suelen ser una idea repetida en Hollywood, donde un grupo consigue ingresar al recinto y llevarse obras valuadas en millones de dólares. Si bien con el avance de la tecnología hoy esto es más una utopía que algo probable, en el pasado hubo asaltos que quedaron en la historia.
El misterio del robo de u$s1.000 millones que tiene en vilo al FBI desde hace más de 30 años
Este reconocido museo sufrió uno de los robos más grandes de la historia, y el enigma aún sigue sin resolverse.
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Este crimen es uno de los mayores misterios del mundo del arte.
Así fue en el Museo Isabella Stewart Gardner, cuyo misterio sigue sin ser resuelto. Ni el FBI pudo encontrar pistas que lo acerquen a quienes se quedaron con las obras, y a tantos años del golpe, continua sin haber una respuesta clara por parte de las autoridades.
La historia del Museo Isabella Stewart Gardner
Isabella Stewart Gardner comenzó a reunir obras de arte durante sus viajes por Europa en el siglo XIX. Junto a su esposo, John Lowell Gardner Jr., formó una colección con pinturas, esculturas, muebles, manuscritos y objetos decorativos de distintos períodos.
Con el tiempo, la colección incorporó piezas de artistas como Rembrandt, Vermeer, Tiziano, Rafael, Botticelli, Degas y Manet. Gardner no buscó solamente acumular obras de gran valor, sino crear un espacio donde cada elemento tuviera una relación con los demás.
Para eso construyó un edificio en Boston inspirado en un palacio veneciano del siglo XV. El lugar abrió en 1903 y fue diseñado según una distribución definida por su propia creadora, que ubicó cada pieza dentro de las salas de acuerdo con su criterio personal.
Tras su muerte en 1924, el testamento de Gardner estableció que la colección debía conservarse sin modificaciones. Las obras no podían venderse y la disposición del edificio debía mantenerse prácticamente igual.
Esa decisión explica una de las particularidades que todavía rodean al caso: después del robo, los espacios donde estaban las pinturas desaparecidas no fueron ocupados por otras piezas. Los marcos vacíos permanecieron en las paredes.
Un robo millonario en 81 minutos
Durante la madrugada del 18 de marzo de 1990, dos hombres vestidos con uniformes de policías de Boston llegaron hasta una entrada lateral del edificio. Aseguraron que respondían a un llamado por un disturbio y lograron que los guardias les permitieran ingresar.
Una vez dentro, los supuestos agentes redujeron a los dos empleados que estaban de turno, los esposaron y los trasladaron al sótano. Sin nadie que pudiera intervenir, recorrieron las salas y eligieron las obras que se llevarían.
El botín incluyó 13 piezas. La más conocida era “El concierto”, de Johannes Vermeer, una pintura considerada una de las más valiosas desaparecidas del mundo. También se llevaron “Cristo en la tormenta en el mar de Galilea”, de Rembrandt, el único paisaje marino conocido del artista.
La lista se completó con “Chez Tortoni”, de Édouard Manet; otras dos obras de Rembrandt; cinco trabajos de Edgar Degas; “Paisaje con un obelisco”, de Govert Flinck; un antiguo vaso de bronce chino y el remate de águila de una bandera napoleónica.
La elección de las piezas fue uno de los grandes interrogantes de la investigación. Los ladrones no se concentraron solamente en las obras más conocidas y también tomaron objetos cuyo traslado parecía poco conveniente.
Antes de escapar, retiraron las grabaciones de las cámaras exteriores y trasladaron las obras hasta un vehículo. Los guardias permanecieron retenidos hasta la llegada de la policía, varias horas después.
El FBI estimó que el valor de las piezas supera los u$s500 millones, mientras que otras valuaciones llevaron la cifra hasta cerca de u$s1.000 millones. Sin embargo, su venta sigue siendo el principal obstáculo para quienes las tienen: son obras demasiado identificables para ingresar al mercado legal.
Las teorías de la mafia y las pistas falsas detrás del misterio
La investigación tomó distintos caminos durante más de tres décadas. El FBI analizó posibles vínculos con delincuentes de Boston, ladrones de arte y grupos relacionados con el crimen organizado.
Uno de los primeros nombres bajo análisis fue Rick Abath, uno de los guardias que trabajaba esa noche. Los investigadores revisaron sus movimientos, especialmente la apertura de una puerta lateral poco antes del ingreso de los falsos policías. Nunca fue acusado y no apareció una prueba que confirmara su participación.
Otra línea apuntó a Whitey Bulger, una figura central del crimen organizado de Boston. Sus conexiones con sectores corruptos de las fuerzas de seguridad hicieron que los investigadores evaluaran si podía haber tenido información sobre el golpe, aunque nunca se encontró evidencia definitiva.
También apareció el nombre de Robert “Bobby” Donati, vinculado a la mafia de Boston. Según algunos relatos, había mostrado interés por el remate de águila napoleónico antes del robo. Fue asesinado en 1991 y su posible relación con el caso nunca pudo ser comprobada.
Con el paso de los años llegaron nuevas pistas, cartas anónimas y supuestos acuerdos para entregar información a cambio de dinero o beneficios judiciales. Ninguna investigación permitió recuperar las obras.
En 2013, el FBI informó que creía haber identificado a los responsables del robo. La agencia sostuvo que estaban relacionados con una organización criminal que operaba en Nueva Inglaterra y la región del Atlántico Medio, aunque no difundió sus nombres.
La recompensa por información que permita recuperar las piezas asciende a u$s10 millones. Más de 30 años después, ninguna de las 13 obras fue encontrada y el expediente continúa abierto.
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