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Los amantes de Verona, pero desde el kitsch y lo cursi
“Roméo et Juliette” con fondo de San Valentín: “Es hora de dejar de pensar que el amor es esto, sufrir y morir por el otro”, dice Marmorek.”Hay muchas otras formas de amar, no sólo de una pareja o de una persona a otra, y muchas más formas de relacionarse, en tríos, en cuartetos, lo que venga “.
Dialogamos con Marmorek:
Periodista: ¿Cuál es su mirada y su propuesta sobre esta obra?
Mercedes Marmorek: El tema principal es el mito del romántico, creado durante toda la cultura occidental y afianzado durante el Romanticismo como una forma de la sociedad capitalista de crear un control, de modo tal que el amor de pareja se transformara en lo más importante, porque el objetivo de toda pareja es reproducirse, tener una familia, y perpetuar la contribución a más gente que produzca para esta sociedad. Por eso el amor no es lo que plantea la obra sino un mito que sigue vivo, Hollywood, canciones populares y publicidad mediante, y la mayoría de la gente sigue armando sus relaciones sentimentales y eróticas
basadas en la idea de que hay que encontrar a una persona que lo complete y que sea la responsable de que su mundo sea perfecto. Esto genera también una forma de jerarquía en las relaciones, vinculada con ciertos roles, el masculino y el femenino, y está relacionada con la idea de que el amor verdadero, el amor romántico, tiene esta función de pareja y reproducción, que tiene otras implicancias, como la manera en la que concebimos el sexo, lo normal y lo anormal: lo normal es todo lo que está destinado a la reproducción y lo anormal es lo que no. La gran cuestión de "Roméo et Juliette" es la idea del amor imposible. Lo que plantea Shakespeare es bastante más complejo, una serie de desencuentros que tal vez sea una visión más realista de amor. El amor no es más que un desencuentro detrás del otro y pequeños momentos de encuentro, porque es imposible que dos personas estén en sintonía de todo tipo. Shakespeare también habla de lo impulsivo del amor adolescente, de si todo termina mal por el azar o las malas decisiones; tal vez se trate de una mezcla de ambas cosas.
P.: ¿Y Gounod?
M.M.: Desde su perspectiva del siglo XIX, Gounod se centra en el amor: son cuatro dúos de amor con algunos personajes secundarios basados en Shakespeare que van y vienen. El punto culminante del amor es la muerte y el punto culminante del erotismo, que en nuestro siglo XIX y XX se empezó a reemplazar la idea de lo más alto, el Dios religioso, se transformó en el dios del amor, así como Dios murió por nosotros hay que morir por el ser amado, la idea de que es mejor morir juntos que vivir separados. Esto no es una tragedia realista que sucedió una vez, es una historia transmitida con antecedentes míticos, y es hora de dejar de pensar que el amor es esto, es sufrir y morir por el otro. Hay muchas otras formas de amar, no sólo de una pareja o de una persona a otra, y muchas más formas de relacionarse, en tríos, en cuartetos, lo que venga, que no implique un deber y obligación, una pertenencia. Por eso decidí ambientar esta versión a fines del siglo XIX, con una licencia poética por razones estéticas de situarlo en 1890 y no en la época del estreno, 1867. La idea es teatro dentro del teatro, y estoy evitando el realismo en la actuación, sugiriendo una obra de teatro que se realiza en un teatro a fines del siglo XIX en París. Nos interesa una visión estética desde el cursi y el kitsch decimonónico. Nos inspiraron las tarjetas de San Valentín del siglo XIX para la estética y poner una cierta distancia de la idea de que ése es el amor.
P.: ¿De qué manera concibe a los personajes principales?
M.M.: Para mí están signados desde el principio por esta idea de que el amor implica la muerte, el famoso Eros-Tánatos de la cultura occidental, parecería uno no sirve sin el otro, y es como si ambos entendieran que encontrar al amor perfecto es un encuentro con la muerte, como dice Julieta cuando se entera de que Romeo es su enemigo. Romeo trae una carga melancólica, y cuando la ve a ella entiende lo que es el amor. Ambos están dispuestos a desafiar al mundo: está la idea del amor romántico de que una vez que se encontró a la pareja el mundo ya no importa. En ese sentido es interesante ver que una sociedad que piensa así ejerce un control social, porque no hay nada que cambiar en el mundo: si estamos juntos, lo demás no importa, en cambio si uno puede pensar el amor de otras maneras, en las que el mundo sí importa, cambia la cosa. Es muy interesante ver cómo difiere el final con el de Shakespeare: en la obra cuando Julieta despierta Romeo ya murió, en cambio Gounod les da unos 15 minutos para despedirse, porque ése es el momento de la unión y de trascendencia.
P.: ¿Cómo relaciona su trabajo con la música?
M.M.: Trato de unir todo. No soy música, pero vengo de las letras, estudié dramaturgia, puesta en escena, actuación. En lo que respecta a conocimiento musical estoy infiltrada, pero uso mi intuición y puedo entender la música desde otro lugar, en relación con el texto. Y la música manda: si algo no va con la música, no va. En este caso hay momentos que son de una música más decorativa que dramática, otros momentos sí son muy dramáticos y bellos.
Entrevista de Margarita Pollini


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