9 de marzo 2009 - 00:00

Los argentinos consumen cada día más ansiolíticos

Los argentinos consumen cada día más ansiolíticos
La crisis financiera mundial trajo aparejado, en los argentinos, el recuerdo de lo sucedido en 2001 en el país y, con ello, varios síntomas, entre los que aparecen el estrés, los brotes alérgicos, o de asma, los infartos y, como el más recurrente, los ataques de pánico. Además, la venta de ansiolíticos creció el 7,7% en el último año.
Según la consultora IMS Health Latinoamérica, la comercialización de la clase NO3AO de antiepilépticos en unidades, a la que pertenece, entre otros, el Rivotril, creció un 7,7% entre enero de 2008 y el mismo mes de 2009. Esto se da, curiosamente, en un momento del país en el que la caída del consumo es generalizada, lo que otorga mayor importancia al incremento de la demanda de este tipo de medicamentos.
Además, tanto psiquiatras como farmacéuticos consultados confirmaron que la suba del consumo de ansiolíticos y antidepresivos se potenció, especialmente, en el último semestre. «Yo diría que últimamente vendo entre un 25% y un 30% más de ansiolítico que antes», estimó un farmacéutico de Belgrano. La situación se repite en otras farmacias.
Si bien las consultas psicológicas no se incrementaron por la crisis, como sucedió en 2001, sí surgieron nuevas patologías para quienes estaban en tratamiento. La licenciada Nora Suárez Kremer, especialista en procesos psicosomáticos, indicó que la inestabilidad económica genera ataques de pánico en varios de sus pacientes, así como fuertes latidos del corazón, aumento de la presión y síntomas que los llevan a creer erróneamente que tienen una enfermedad.
Por su parte, la psicóloga especialista en psicoterapias breves y focalizadas, Mirta Roffe, también reveló que varios de sus pacientes comenzaron a mostrar síntomas somáticos, dolencias cardíacas, estrés, angustia, infartos y ataques de pánico.
«En mi práctica me encuentro con el caso de jóvenes profesionales que no encontraron inserción laboral en países del primer mundo y vuelven desilusionados, y consultan por brotes alérgicos. También encuentro jóvenes empresarios, dueños de pymes, con ataques de asma o de pánico que se enferman por fracasos laborales, como el cierre de sus empresas. Otros presentan situaciones de estrés, que desencadenan en dolencias cardíacas cuando les resulta muy difícil orientar su quehacer frente a la incertidumbre existencial», agregó la licenciada.

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