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Los autores crecen en un mercado en expansión
«El arco de la histeria», de la célebre Louise Bourgeois. La muestra más fuerte de 2011 en PROA es la retrospectiva «El retorno de lo reprimido», consagrada a esa artista (izq). El Museo de Bellas Artes abrirá el año próximo con la muestra «Nueva Figuración. 1961- 1965». Deira, Macció, Noé, De la Vega. De este último: «Music Hall» (der.).
Si echamos una mirada retrospectiva, veremos que en estos últimos tiempos varias figuras fundamentales para nuestra historia del arte cobraron un inesperado y merecido protagonismo. En los años 80, el entonces joven Guillermo Kuitca había dado los primeros pasos en vías de la mundialización, rápidamente escaló posiciones en el extranjero y todavía lidera este avance hacia los centros de legitimación. En la actualidad, Kuitca exhibe una muestra antológica en el Museo Hirshhorn de Arte Moderno de Washington, un espacio al que todos los artistas del mundo aspiran llegar.
Recién en los años 90 se sumaron Jorge Macchi, Leandro Erlich, Pablo Siquier, Fabián Marcaccio, y Daniel Joglar, entre otros, que pasaron a ocupar lugares estratégicos en museos, ferias, bienales y también en el mercado. No obstante, la consagración de los artistas de mayor edad se demoraba. Al despuntar este nuevo siglo los primeros en ocupar el escenario fueron quienes ganaron espacio durante los años 90 y, los artistas «bebés», ese fenómeno que surgió en 2001 con el poderío de la juventud más extrema, durante la crisis social, económica y política que vivió nuestro país.
A pesar de estas tensiones, si se analizan los movimientos al cabo de estos últimos diez años, es posible advertir la convivencia armoniosa entre aquellos que pasaron a ocupar lugares estelares, que ya nadie discute, y los que poco a poco, van apareciendo como invitados rezagados a la fiesta. Todavía hay grandes talentos, como los de Eduardo Costa, Luis Wells, Kenneth Kemble, Gyula Kosice, Edgardo Giménez, Roberto Aizenberg, Dalila Puzzovio, Felipe Pino, que merecen una retrospectiva para que trasciendan sus importantes trayectorias.
Mientras, si se observa el lugar privilegiado al que escalaron algunos artistas, quedan en evidencia las ausencias y surge inevitable la pregunta: ¿cuántos y cuáles son sus pares que permanecen todavía en el olvido? El listado es extensísimo. Al gran público le falta descubrir las obras de Emilio Renart, Rubén Santantonín, Vicente Marotta, Aldo Papparella, Gabriel Messil, Carlos Silva, Marta Boto, Elsa Soibelman y otros más, porque hay algo que importa tanto como el reconocimiento y es que trascienda el verdadero valor de la obra. Así ocurrió con las artistas Yente y Lidy Prati, quienes tuvieron una muestra en el MALBA que exhibió la excelencia de sus obras y, si bien están lejos de ser figuras populares, provocaron el interés de mucha gente. El año próximo se iniciará en el Museo de Bellas Artes con la muestra «Nueva Figuración. 1961- 1965. Deira, Macció, Noé, De la Vega. El estallido de la pintura», que se presentará hasta fines del mes de enero. La exhibición -que se verá en estos días- reúne obras excepcionales de los cuatro sesentistas.
Aliento
Sin duda el público actual está incentivado por la exhibición que le dedicó el MALBA a Jorge de la Vega, el Museo de Bellas Artes a Ernesto Deira, y el Centro Cultural Borges a Deira y a Rómulo Macció. Fue después de ver estas muestras que la gente comprendió la rebelión del grupo Nueva Figuración. De la Vega y Deira ya habían muerto cuando llegaron los homenajes y también Víctor Grippo, Alberto Grecco, Federico Peralta Ramos, Pablo Suárez, Alberto Heredia, Liliana Maresca, Oscar Bony, y tantos más. Luego de varios años de incertidumbre, el Museo de Arte Moderno reabre ahora sus puertas, las que nunca deberían haberse cerrado.
Se debe tener en cuenta que las consecuencias de los años de clausura han sido muy graves: la ausencia de un centro de legitimación ha afectado la circulación y difusión de las obras de muchos artistas, incluso la de aquellos que donaron sus obras.
Vale la pena destacar en esta gestión el empeño de la actual directora de Museos del Gobierno de la Ciudad, Florencia Braga Menéndez, quien logró revertir la inercia y consiguió que el boceto del MAMBA, se convirtiera en los planos imprescindibles para iniciar la obra. Por supuesto, también cuenta la gestión del ministro Hernán Lombardi para pasar de las palabras a la acción.
En los planes del MAMBA, programados durante años, figura una retrospectiva de Margarita Paksa y otra de Kenneth Kemble, una muestra de diseño internacional. Antonio Seguí donará alrededor de 120 obras suyas. Todo un tema la pertinencia de las donaciones en una institución que debería legitimar con sus compras el arte que atesora, y que nunca invirtió un centavo. Además, la ambición generalizada del ambiente del arte es que se exhiba el patrimonio que, oculto durante tantos años, quién sabe en que estado se encuentra.
En la Fundación PROA continuarán hasta enero la muestra que deberían ver todos los colegios del país, «Las Pampas: Arte y cultura en el siglo XIX», que revela nuestro pasado más genuino y esplendoroso. Luego, también en enero se presentará el programa «Art in the Auditórium III», una exhibición de videoarte internacional organizada por algo más de una decena de instituciones del mundo que seleccionan un artista local. Hasta marzo, con «Of Bridges And Borders», un proyecto de Sigismond de Vajay, se exhibirán obras de formato site-specific de Carlos Garaicoa, Thomas Hirschhorn, y Jorge Macchi, entre otros.
Pero la muestra más fuerte del año es la retrospectiva de la célebre Louise Bourgeois. «El Retorno de lo Reprimido», según Philip Larrat-Smith, curador de la exhibición, se trata del «primer análisis en profundidad de su relación con el psicoanálisis y el arte». Desde Nueva York llegarán alrededor de setenta y cinco obras de los diversos períodos de la extensa producción de Bourgeois.
El MALBA ocupó un lugar incomparable en esta década y se prepara para celebrarlo. El 21 de septiembre cumplirá 10 años y ese día va a inaugurar una exposición con el patrimonio completo de arte latinoamericano, desplegado en todas las salas del Museo. En el primer piso renovarán toda la puesta de la colección y, en el segundo, van a exponer las piezas de los 90 compradas en estos últimos años.
Entre tanto, el Museo de Bellas Artes exhibirá en agosto «Claridad: La vanguardia en lucha. 1920-1940». Se trata de un análisis del mismo período de la historia, esta vez desde el horizonte que se vislumbra en el grupo Boedo.
Por lo demás, en el año que vendrá y que se puede augurar promisorio para los artistas, simplemente porque el arte es una materia que despierta el mayor interés, hay una falta que lamentar: la revista «Ramona» en papel, que fue un hito entre las publicaciones de América Latina, de acuerdo con los tiempos que corren, se redujo a la versión digital.


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