A 30 años del inicio de las reformas de mercado, la economía de China puede superar este año en tamaño a la de Alemania, lo que la convertiría en la tercera del mundo, sólo por detrás de las de Estados Unidos y Japón.
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Pese a los éxitos, la recesión internacional llevó este año el crecimiento de ese país por debajo del 10%, lo que complica la meta oficial de crear 10 millones de empleos para absorber a los trabajadores que migran desde el campo a las ciudades.
El crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres también preocupa a las autoridades.
Además, la caída de la demanda mundial afecta las exportaciones, lo que llevó al cierre de un millar de fábricas y a masivos despidos. Esto derivó recientemente en una inédita ola de huelgas y protestas.
El régimen teme que una desaceleración del crecimiento dé lugar a mayores síntomas de intranquilidad o a levantamientos populares, lo que podría conducir a un cataclismo en un país con 1.300 millones de habitantes.
Así, el Partido Comunista mantiene una política de férrea represión. Aún se recuerda la masacre de Tiananmen en 1989, que dejó al menos 2.600 muertos según la Cruz Roja.
Al cumplirse el trigésimo aniversario de las reformas liberalizantes iniciadas por Deng Xiaoping, el presidente Hu Jintao prometió insistir en el camino del mercado, pero nada dijo acerca de una democratización de uno de los regímenes más duros y cerrados del mundo.
La actividad política sigue estando restringida al PCCh, Internet y la prensa son censurados, crece el número de presos políticos y la pena de muerte se aplica de manera sumaria.
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