6 de mayo 2015 - 00:00

“Los escritores de thrillers solemos ser muy miedosos”

Fitzek: “Escribo lo que me gustaría leer. Soy parte del sistema y juego según sus reglas. Gracias al éxito de mis libros puedo llevar una vida privilegiada”.
Fitzek: “Escribo lo que me gustaría leer. Soy parte del sistema y juego según sus reglas. Gracias al éxito de mis libros puedo llevar una vida privilegiada”.
Sebastian Fitzek, una de las figuras relevantes de la Feria del Libro, comenzó a publicar novelas hace 9 años, dejando de lado su doctorado en Derechos de Autor y su carrera de periodista. " Terapia" su opera prima vendió más de un millón de ejemplares en Alemania, y al ser publicado en 20 países se convirtió en best seller internacional. Ese éxito lo hizo dedicarse por entero a la literatura de suspenso. Ahora lleva publicados 13 thrillers que hicieron que se lo considere el nuevo maestro alemán de terror psicológico. En español se publicaron "Terapia", "El experimento", "El retorno" , "El sonámbulo" y "Noah", que vino a presentar, anunciando que antes de fin de año aparecerá su reciente novela "El pasajero 23". En su breve visita a Buenos Aires, en el marco de la Feria del Libro dialogamos con el escritor alemán que es comparado con Stephen King y que al tratar de una conspiración planetaria compitiera casualmente con Dan Brown.

Periodista: ¿Cómo decidió ponerse a escribir?

Sebastian Fitzek:
Seguramente a usted le ha pasado que al leer algo que le gusta mucho se pregunta: ¿podré alguna vez escribir algo así? Yo leía novelas clásicas, novelas negras, thrillers, historias de acción y suspenso, novelas clásicas, pero no me había propuesto ser escritor. Cuando tenía 35 años me di cuenta de que estaba bastante disconforme con mi trabajo. Estaba trabajando como periodista para varias estaciones de radio. Tenía que viajar mucho. Me pasaba todo el tiempo en aviones, en hoteles, en reuniones de prensa. En el tiempo libre empecé a escribir.

P.: ¿Cómo elige decidirse a escribir un thriller?

S.F.: Es algo que muchas veces me lo pregunto. No quiero faltarle el respeto a nadie pero la verdad es que conozco gente muy rara. La verdad que las ideas que me dan esas personas son para escribir comedias o thrillers. Eso es un ejemplo, quizás es que mi manera de pensar es distinta a la de otras personas. La primera idea la tuve una vez que estaba sentado en la sala de espera de un médico. En realidad fui a acompañar a mi novia que se iba a hacer un estudio que habitualmente dura muy poco tiempo, no es que tuviéramos prevista una cita muy larga con el médico, pero la tuve que esperar más de una hora. Estaba adentro del consultorio y no salía. Y ahí fue que pensé qué pasaría sí -siempre empiezo con eso- no sale más del consultorio. No es que estuviera deseando eso. En mi primera novela, "Terapia", hay una niñita, la hija de un psiquiatra, que desaparece misteriosamente del consultorio de un médico. El punto de partida tiene que ser un hecho de la vida diaria a la que se le cruza una idea distinta, algo raro, una persona que me dice algo sorprendente, conozco a alguien que me deja pasmado. Me interesan las historias reales, las que me puede contar alguien de su vida, y su forma de comprenderla.

P.: No dirá que conoció a un chico de 10 años que le dijo que mató a un hombre hachazos, como en su novela "El retorno".

S.F.: No, pero eso podría haber aparecido en un diario sensacionalista. En realidad a partir de un dato que podría ser real empieza el trabajo de la imaginación. Ese chico de 10 años dice que ese crimen lo cometió hace 15 años. Pero quien dice eso es un chico con un carcinoma cerebral que se cree la reencarnación de un asesino. Y ahí aparece un abogado que trata de dar con la identidad del verdadero asesino.

P.: ¿Cómo consigue encadenar las palabras para que surja el terror en el lector?

S.F.: No lo decimos pero los escritores de thrillers somos personas que podemos sentir mucho miedo. Si uno no tiene miedo al dentista es difícil hablar del miedo y el dolor que puede generar el dentista. Somos miedosos, por eso podemos poner al lector frente al miedo, y usamos la fantasía para llevarlo a un extremo. A veces me preguntan si tengo pesadillas. No, no las tengo. Las pesadillas las tengo despierto, y para sacármelas de la cabeza se las paso a los lectores.

P.: Y lo pasa de un modo cinematográfico, con secuencias de escenas cortas e intrigantes.

S.F.: Intento transmitir las imágenes que tengo en la mente. Es como una película que trato de trasladar al papel. Vuelco todo lo que se me ocurre. El primer borrador es una porquería. Hay que ver lo que vale y hacer limpieza. Por lo común recién en la página 80 comienzo a conocer al protagonista, el personaje se vuelve persona, empieza a actuar por su cuenta, y yo a seguirlo. Ser un adicto al cine y a las series de televisión ayuda en todo eso.

P.: En su más reciente novela, "Noah", pasa del terror psicológico a una conspiración planetaria, al terror político. ¿La escribió para volver a los lectores vegetarianos?

S.F.:
Mí idea no fue ésa, además la carne argentina está buenísima y no me voy a perder de comerme unos bifes de chorizo. Creo que no es que el autor busque la idea sino que la idea encuentra el autor. Hace unos ocho años tuve la idea de "Noah" pero comprendí que era algo muy grande y que tenía que escribir muchos otros libros antes. Pero como me volvía una y otra vez, sentí que finalmente tenía que escribirla. Como no escribo series, mi próximo libro, "El pasajero 23", va a ser completamente distinto, transcurre en un crucero.

P.: Sorprende que tanto su novela "Noah" como "Inferno", de Dan Brown, traten, desde perspectivas distintas, el mismo tema: la superpoblación mundial y una conspiración para acabar con ella. Mientras Brown busca relaciones con Dante usted denuncia matanzas, propagación de enfermedades programadas, guerras por el petróleo y hasta de los fondos buitre.

S.F.: Cuando salió "Inferno" en 2013, yo había enviado "Noah" a mi editor. No nos conocemos con Dan Brown. Se sabe el misterio que rodea a sus libros. El secreto que hay hasta el día de su aparición. En Alemania la misma editorial publicó "Inferno" y "Noah" casi a la vez. Tanto Dan Brown, el editor como yo estábamos sorprendidos de que estuviéramos tratando el mismo tema. Esas cosas suelen pasar cuando un tema es candente. Lo que dijeron algunos editores es que Dan Brown tiene la visión estadounidense de la superpoblación, en cambio la mía es más europea. Son dos historias distintas. "Noah" me llevó mucho escribirla porque los problemas de los que hablo son muy graves. Yo no quería escribir una conspiración cualquiera sobre el hambre mundial, la superpoblación, la bomba nuclear o lo que fuera. Uso investigaciones concretas como los estudios del sociólogo Jean Ziegler. A través de Noah, una persona que ha perdido la memoria, el lector pueda sentir lo que está pasando en el mundo. Desde los desalmados intereses económicos a los cada vez más graves problemas del medio ambiente. Hay un chiste en donde un cometa al pasar le pregunta a la Tierra: ¿Cómo andas? Bien, salvo por los seres humanos, pero pronto me los sacaré de encima. Pero en "Noah" no doy recetas, he planteado preguntas para las que no tengo respuesta. Escribo lo que me gustaría leer. Soy parte del sistema y juego según sus reglas. Gracias al éxito de mis libros puedo llevar una vida privilegiada.

P.: ¿Lo pone triste haber vendido sólo doce millones de ejemplares de sus novelas ?

S.F.: Cuando se publicó "Terapia" me dijeron que publicarían 4.000 ejemplares, me pareció bárbaro. Después me enteré de que en Alemania hay 5.500 librerías. No iba a llegar ni con un ejemplar a todas. Uno no es best seller, la gente con su interés por tu obra te puede volver best seller, hacerte entrar en ese género. Lo único que funciona con los libros es que le gusten al lector y que él los recomiende. Es el interés del lector por mi libro lo que me permite escribir el libro siguiente. Sin ellos yo no sería nada.

P.: ¿Su nuevo libro tratará de una conspiración planetaria como "Noah"?

S.F.:
El próximo libro que aparecerá en español, "El pasajero 23", es completamente distinto, transcurre en un crucero. Hay un psiquiatra que viaja allí para resolver un misterio. Según datos desaparecen unas 23 personas por año en cruceros. Parece que la gente de los cruceros supone que se trata de suicidas, pero no pueden ser todos suicidas. En la novela hay una niña que está con su mamá y desaparecen. Y luego reaparece la nena y el psiquiatra tiene que tratar de saber dónde estuvo, qué pasó con su madre. Lo nuevo que estoy escribiendo trata de una persona que nunca cometió un delito en su vida y sabe que en pocas semanas va a cometer un delito muy cruel, y hay otros que saben eso y quieren matarlo antes de que sea capaz de perpetrarlo. No es ciencia ficción, es un nuevo thriller psicológico.

Entrevista de Máximo Soto

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