3 de diciembre 2008 - 00:00

Los grados de libertad del gobierno de Barack Obama

Uno de los interrogantes de la actual crisis económica de Estados Unidos es tratar de dilucidar cuáles serían los grados de libertad con los que contará la nueva administración demócrata en la Casa Blanca. Esta transición no será tan sencilla como las anteriores, quizás se parezca en parte al nombramiento de Reagan en el poder, pero sin dudas tendrá sus propias características. Estados Unidos está hoy en el comienzo de una recesión fuerte. Muchos consideran que el impacto de la crisis financiera sobre la producción de bienes y servicios será quizás tan fuerte como la recesión del año 1979.

La política fiscal en EE.UU. ha sido desde hace muchas décadas una potente herramienta anticíclica, por lo que es de esperar que esta vez lo sea nuevamente.

El cambio de la política monetaria de la Fed, operado a partir de mayo de 2004 tuvo diversas consecuencias. En primer lugar, no pudo disminuir el flujo de salida de capitales hacia activos no dolarizados ni evitar que se movieran hacia las economías emergentes y a Europa.

Los temores a recalentar la economía de Estados Unidos sumados a la presión devaluatoria del dólar impulsaron nuevamente a la Fed a proceder sin demasiada cautela. Entre mayo de 2004 y agosto de 2007 el tipo de interés subió 425 puntos básicos para colocar la tasa en 5,25%. Esta vez, el aumento de la tasa de interés no fue del todo efectiva, ya que si bien permitió un lento aterrizaje de la economía real, determinó un desajuste en el mercado local de propiedades.

El valor de las propiedades en Estados Unidos ya venía mostrando síntomas de estancamiento justo cuando la Reserva Federal había alcanzado su meta de tasa de interés alta. Este cóctel resultó devastador para el mercado inmobiliario de ese país.

En la medida que los intereses de la deuda de las hipotecas subprime comenzaron a subir y el valor de las propiedades empezaron a bajar, se puso en evidencia que la falta de un esquema de regulación prudencial adecuado podría impulsar una crisis sin precedentes.

Por último, el desarrollo de productos derivados como instrumentos de diversificación del riesgo fueron el virus que transmitieron el contagio hacia el sistema financiero mundial.

La respuesta de la Reserva Federal en dicho contexto fue nuevamente un brusco cambio en las reglas de política monetaria. A partir de los acontecimientos de agosto de 2007, la Fed decidió volver al esquema de disminución abrupta de la tasa de interés.

A diferencia de los buenos tiempos, cuando la caída de la tasa de interés estimulaba la economía sin consecuencias inflacionarias, esta vez sólo aceleró el derrumbe. Entre agosto de 2007 y octubre último la Fed ha bajado 425 puntos básicos la tasa de interés para colocarla nuevamente en 1%.

En medio de esto, en setiembre último el sistema financiero quebró.

Algo ha cambiado desde el año 2001: las recientes bajas en la tasa de interés no han sido más que una medida reactiva de la Fed, primero para evitar el desastre y luego para administrarlo brindando liquidez al sistema.

Más allá de las turbulencias en los mercados financieros y bursátiles, el mercado mundial ha dado un voto de confianza al Tesoro de los Estados Unidos y con ello al dólar, elevando la demanda de sus propios pasivos.

En medio de una crisis cuasi sistémica, la moneda de cuenta mundial sigue siendo el dólar y esto brinda las herramientas para el ordenamiento de la crisis. En la Argentina sabemos muy bien qué significa una crisis del sistema financiero sin financiamiento.

Por lo tanto mientras se regularice el sistema financiero mundial deberemos esperar que lo sucedido en el período de bajas tasas de interés se invierta. La mala noticia para los emergentes es que así como entraron los capitales y se sobrevaluaron sus monedas y los commodities, ahora debemos esperar lo contrario.

La política fiscal en Estados Unidos ha sido una potente herramienta anticíclica. En el último período se criticó a la administración Bush de elevar el déficit fiscal. Los gastos de seguridad, la guerra de Irak y ahora, la asistencia al sistema financiero son elementos que a primera vista reducirían sustancialmente el margen de maniobra de políticas fiscales expansivas.

Frente a esto, pareciera ser que Obama no contaría con la política fiscal como elemento estabilizador. Sin embargo, un análisis un poco más profundo no sería tan pesimista. Si bien el déficit fiscal podría superar 4,5% del PBI durante 2008 hay dos elementos que todavía dan un amplio margen de maniobra a la política fiscal.

a) El déficit podría crecer hasta 50% del actual y ubicarse en los valores de principios de la década del 80, cuando asume Reagan con una recesión profunda.

b) Gracias al período de superávit fiscal de la década del 90 el coeficiente deuda/ producto es todavía bajo. Representaría 68% o 70% del PBI. Si a esto le sumamos que el mundo está dispuesto a financiar al Tesoro de Estados Unidos, el margen es aún más amplio.

La recuperación del precio de los activos será lenta. El desempleo creció y seguramente lo seguirá haciendo.

La administración demócrata se enfrenta a grandes desafíos, pero cuenta con el arsenal intacto para salir airosa de la contienda.

Dejá tu comentario