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Los mercados tuvieron su San Valentín: Europa y Wall St. con récords
La revancha alcista de la Bolsa tiene un aval irrefutable: las tasas largas confirman un significativo cambio de visión. Después de coquetear con el nivel irrisorio del 1,65%, la tasa de 10 años se encaramó otra vez por encima del 2%. Una reversión así, cercana a medio punto anual y respaldada por evidencia económica surtida, es un mojón que no puede desdeñarse. Si lo que se temía era un escenario inminente de gran debilidad -corroborado, en apariencia, por la caída del precio del petróleo y las lecturas "deflacionarias" obtenidas por doquier- la información dura lo refutó. EE.UU. crea empleo como no lo hacía aun en los años previos a la Gran Recesión, la actividad resucitó en la Europa del euro con sólidas contribuciones de Alemania, España y Holanda (pese a los resbalones de Italia y Grecia) y se alejó del balcón que daba a la recesión, las ventas minoristas allí trepan a una velocidad desconocida desde 2007. No es el fin del mundo que la tasa larga parecía certificar.
Ya se dijo que el shock petrolero, más allá del impacto crediticio que podía provocar el brusco derrumbe de las cotizaciones, era una bendición. Sobre todo para las regiones que más necesitaban un impulso: la eurozona y Japón (y también para EE.UU. y China). El fenómeno no es totalmente novedoso. Los precios del crudo comenzaron a caer desde junio, pero, la merma se aceleró, y se hizo ostensible, tras la reunión de la OPEP de noviembre. Si lo primero que la economía -y los inversores - percibieron fue su incidencia sobre el nivel general de precios y la inflación, ahora comienzan a derramar los beneficios sobre la actividad (y hay mucho más en camino). Es lógico, pues, que obre el alivio de la distensión.
La paradoja es notable: el rebote del precio del petróleo -que volvió a ubicarse por encima de los 50 dólares el barril de crudo WTI (y cerca de 60 la variedad Brent)- terminó de apuntalar la confianza del inversor. Wall Street se abrió paso a los récords de la mano de una fortísima recuperación de las acciones del sector energía, y el retroceso paralelo del sector defensivo por antonomasia, las compañías de servicios públicos. Jueves y viernes, la diferencia de desempeño relativo entre ambos rozó el 6% directo. Es creer o reventar, la Bolsa está más cómoda con el petróleo estabilizado que abaratándose (aun a sabiendas de que la dinámica subyacente responde a un exceso de producción de combustibles).
Wall Street es el bastión de las Bolsas en los tiempos díficiles, pero no es, en la actualidad, el imán de las inversiones. De hecho, los récords llegaron pese a una salida neta de recursos en lo que va de 2015. Europa, Japón y las Bolsas del Pacífico despiertan más interés por su valuación menos exuberante. Europa está expuesta a tres shocks favorables -euro, petróleo y QE soberano-y tiene un gran potencial de producir sorpresas como la del viernes. Lleva una piedra en el zapato -Grecia- pero que, de momento, no le impide caminar. Las Bolsas europeas escalaron el viernes a sus máximos de los últimos siete años. Es un veredicto tácito sobre los riesgos de Syriza y el Grexit. La piedra se disolverá como si fuera un cálculo -o mera arenilla- sin tener que quitarse el zapato. ¿Exceso de confianza? El podio de las Bolsas que más subieron en la semana lo encabezó Grecia seguida por Rusia y la Argentina. Como quien se concede un merecido recreo.


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