25 de junio 2010 - 00:00

Los países más grandes llegan enfrentados a la cumbre del G-20

La presidente Cristina de Kirchner llegó antes a Canadá para participar del segundo congreso mundial de la Confederación Sindical Internacional, que la invitó a dar una conferencia.
La presidente Cristina de Kirchner llegó antes a Canadá para participar del segundo congreso mundial de la Confederación Sindical Internacional, que la invitó a dar una conferencia.
Toronto - Las cumbres del G-20 y del G-8 que se realizan este fin de semana en esta ciudad terminarían siendo más un escenario de las diferencias de criterios entre los países desarrollados que un foro que influya en la economía mundial. Los problemas que enfrentan entre sí sobre todo a las naciones del G-8 se refieren a la aplicación de un impuesto a los bancos, el tratamiento del déficit fiscal y las medidas de austeridad que impactarían sobre el crecimiento. (Ver nota en pág. 13 de 3ra.)

Estados Unidos busca reforzar la recuperación económica que considera todavía frágil, sin dar marcha atrás con las medidas de estímulo aprobadas durante la reunión de mandatarios de 2009 en Londres. Según la Casa Blanca, si en aquella ocasión la comunidad internacional, ante la amenaza de una crisis global devastadora, decidió coordinar una respuesta de medidas de estímulo agresivas, ahora ese sentido de unidad se perdió.

La oleada de medidas de ajuste económico lanzadas por varios países europeos, con aumentos de impuestos, baja de salarios y desinversión estatal, es vista con preocupación creciente en Washington. «Nos reuniremos en Toronto en un momento de nuevos desafíos a la economía global», dijo el presidente Barack Obama, en una carta enviada a los otros gobernantes del G-20. Agregó que después de «haber trabajado duro» para resucitar el crecimiento, «no es el momento de dudar», incluso porque todavía se registran «debilidades significativas» en las economías de los miembros del G-20.

Uno de los blancos de Obama es el modelo «desbalanceado» de China, ya que las recientes declaraciones de ese país sobre un ajuste gradual en el yuan no resultan creíbles. Pero otro problema, para el criterio de la Casa Blanca, pasó a ser el grupo de países europeos que, tras la crisis en Grecia y en España, están aplicando planes de reducción del gasto que, según el Gobierno norteamericano, pueden comprometer la situación cuando la recuperación del crecimiento es aún frágil.

«Sin crecimiento ahora, los déficit aumentarán todavía más en el futuro y se verá golpeado también el auge económico futuro», observó el ministro del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner. En la carta Obama también señaló: «No debemos repetir los errores del pasado (en referencia a la crisis del 30), cuando el estímulo fue suspendido demasiado temprano, causando nuevas dificultades». Además, el presidente estadounidense invitó al G-20 a acelerar los esfuerzos para «completar las necesarias reformas financieras».

En este último sentido, las cuestiones críticas en Toronto se refieren a si se aplicarán nuevos requisitos de capital para los bancos, mayor supervisión del mercado de derivados y los impuestos para las instituciones financieras, el punto más controvertido de la cumbre.

Anticipando los cruces que podrían verse en la reunión, la canciller de Alemania, Angela Merkel, defendió ayer el plan de austeridad de su Gobierno, mientras la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, respaldó la creación de una nueva tasa sobre los bancos, iniciativa que su país junto a Alemania y el Reino Unido quieren proponer al G-20. A su juicio, con esta idea «esos países y más ampliamente la Unión Europea muestran su convicción de que tasar el balance de los bancos tiene virtudes comparables a las exigencias de reforzamiento de los capitales propios». Justificó ese impuesto porque «cuando las cosas van mal, es el Estado el que va a salvar como último recurso». Las tres naciones ya adelantaron que si no hay acuerdo en el G-20 o en la Unión Europea, de todas formas avanzarán sobre el proyecto de aplicar un nuevos impuesto a las entidades financieras.

En medio de este debate preliminar, Toronto está fortificada y con un dispositivo de seguridad sin precedentes. Se estima que en total, Canadá gastó unos u$s 1.000 millones en las cumbres del G-20 y del G-8, que se celebran en Huntsville, en la región de Muskoka, una idílica zona de lagos a 200 kilómetros al norte de Toronto. Las medidas de seguridad incluyen desde una kilométrica valla de tres metros de altura, reforzada con gigantescos bloques de cemento, hasta los llamados «cañones sonoros» para dispersar a los manifestantes y 20.000 policías y guardias de seguridad que patrullarán la ciudad.

Agencias ANSA, AFP y EFE