Los privados mandan

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Lo que comentábamos ayer sobre un hipotético -o no tanto- grupo de personas que por engrosar sus bolsillos son capaces de destruir lo poco que anda bien en un mercado de capitales (sin subsidios, prebendas o «aceitadas») para que los burócratas de turno puedan «hacer su agosto», es grave y demuestra que el tema de los conflictos de interés es omnipresente. Pero hay una diferencia inmensa cuando los conflictos se circunscriben a la esfera privada y cuando involucran a los políticos (ya mencionamos que ni siquiera Ben Bernanke escapa impoluto de esta cuestión). Veamos un ejemplo extremo. Es posible que en su afán de poder, un Gobierno populista/fascista (especialmente si parte del sistema financiero se doblega) logre hacerse una ley a medida que le permita controlar empresas, dirigentes y la distribución de la riqueza. Incluso es posible que por un tiempo el nuevo sistema sea acompañado por un incremento de precios, volúmenes y cotizantes «amigas», al menos en términos nominales (el mejor ejemplo «no actual» es la Alemania nazi). El problema es que por más que se venda que la nueva ley es sólo un cambio cosmético, la última palabra y control del sistema pasará de los integrantes del mercado al «Partido». Mientras los actores privados intentarán maximizar sus ganancias, los políticos y burócratas utilizarán el mercado con fines electoralistas para reforzar su enquistamiento. Esto crea un irresoluble conflicto de intereses que se resuelve con el paso al costado de los inversores, el fracaso del sistema y en su momento otra nueva ley que reconozca los derechos de las personas a comerciar libremente. El Dow trepó ayer el 0,71% a 13.979,3 puntos, de la mano de algunos buenos balances y el delistado de Dell. La euforia parece que continúa.

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