29 de diciembre 2014 - 00:19

Los puntos ciegos del plan de Cristina que desvelan al PJ K

• DUDAS, VERSIONES ENCONTRADAS Y CERTEZAS ANTAGÓNICAS SOBRE LOS INTERROGANTES DEL FUTURO DISPOSITIVO ELECTORAL

Daniel Scioli, Florencio Randazzo y Sergio Urribarri
 ¿Analiza Cristina de Kirchner la opción de jugar a perder en 2015? ¿Pondrá su peso político y electoral detrás de un candidato? O ¿se limitará, salomónica y equidistante, a que la oferta presidencial del dispositivo K se resuelva, sin su intervención, de las PASO del próximo agosto?

Los tres interrogantes están enlazados y cruzan, de un lado a otro, el universo K. Son tres de los "puntos ciegos" del plan electoral de Cristina de Kirchner, cuestiones donde se combinan certezas antagónicas, dudas absolutas y versiones encontradas.

"No sé quién va a ser el candidato kirchnerista, pero no va a ser Scioli". La afirmación resuena en la Casa Rosada y constituye una de las "certezas" que repiten algunos actores K. Es, quizá, el único punto en que parecen coincidir Florencio Randazzo y Sergio Urribarri porque, es cierto, es el insumo para dotar de futuro a sus candidaturas como rivales de Daniel Scioli. En la otra punta, sobre todo en el peronismo K, el universo de gobernadores, asume que a la larga, la Presidente optará por Scioli porque, pragmatismo puro, es el que -se afirma- mejor ranquea entre los candidatos y quien aporta el imaginario del triunfo.

Es en torno a esa cuestión, el Scioli sí o Scioli no -en definitiva, es la pregunta que circula en el dispositivo K hace meses- que brotan los interrogantes centrales. Veamos:

I. La derrota táctica. En el peronismo, en su historia, a todos los jefes de su tiempo, les costó bendecir un sucesor. Aquello de "mi único heredero es el pueblo" que pronunció Juan Perón y se repitió, con variantes, con la última temporada larga de poder del PJ: Carlos Menem se esmeró en colaborar con la derrota de Eduardo Duhalde que, quizá, era inevitable al margen de lo que hubiese hecho el riojano. En estos tiempos, se construyó el relato de una Cristina de Kirchner optando por una derrota táctica para dejarle el Gobierno a un opositor para, luego, emprender el regreso. La variable espanta a los peronistas clásicos -en el aspecto de perder todos el poder, sin importar el color ideológico, son clásicos- que asumen un riesgo serio en esa supuesta apuesta. Los neocamporistas, soldados de Cristina de Kirchner, se han esforzado, en público y en privado, en negar esa hipótesis: "Cristina va a jugar a ganar. Los que dicen lo contrario no la conocen" afirmó, como si explicara una obviedad, un dirigente top de La Cámpora. Es cierto que. Máximo Kirchner, en su único discurso público -¿habrá alguno más?- jugó con la idea de "resistir" desde fuera del Gobierno y agitó la interpretación de la posible derrota táctica que, en su secuencia puntual, otorga protagonismo a Mauricio Macri como el opositor preferido. El rulo se completa con la idea de un Macri "liberal" que con su accionar agigantará la imagen pasada de Cristina de Kirchner. El elemento anexo a este interrogante es qué cartas tiene la Presidente para poner en la mesa a la hora de jugar a ganar y qué recursos, sobre todo luego del derrape de 2013 donde eligió a los candidatos y se puso, en persona, al frente de la campaña -casi como si fuese un plebiscito de su gestión- con un resultado malo aunque, gracias a la aplanadora que fue en 2011, logró mantener las mayorías en el Congreso.

II. El peso del dedo. El kirchnerismo instaló en los últimos meses, sobre todo desde que mejoraron algunos indicadores en torno de la imagen de la Presidente, la idea de la "gran electora", la que es capaz de convertir en competitivo a un dirigente que, por las suyas, sin el aparato y la estructura K, no lo sería. Fue lo que hizo con Martín Insaurralde, con quien no sólo no ganó sino que pareció invertir en un futuro rival. Ese fue en los últimos meses, la obsesión central de los candidatos K -excepto Scioli- para asomar como el rival más competitivo de ese espacio para enfrentar en las PASO al gobernador, o llegado el caso, convertirse en un "buen candidato" para que la Presidente no tenga como única opción ganadora a Scioli. Randazzo y Urribarri se enfocaron en esa cuestión y el ministro del Interior parece haberle sacado algunas cabezas al entrerriano que, sin embargo, insiste con que es el "más K" de todos, expone el respaldo de Julio De Vido y que, dicen en esos círculos, la Presidente encomendó al ministro de Planificación para que "arme los equipos técnicos" de Urribarri. Julián Domínguez, Jorge Taiana y Agustín Rossi -a ese pelotón se puede sumar Aníbal Fernández- son los otros candidatos que, como Randazzo y Urribarri, dependen (si la elección fuese hoy) de la voluntad y el deseo de Cristina para llegar a ser candidatos con alguna chance.

III. Del libre albedrío. "Si Cristina dice 'éste es mi candidato', ese candidato le gana a Scioli en las PASO" lo afirma un funcionario, antiguo conocido de Kirchner, y que circula cada tanto por Olivos para verse con Máximo Kirchner. Forma parte de un pelotón numeroso, en el universo K, que interpreta que la Presidente expresará una preferencia sobre quién quiere que sea el candidato oficial. En ese aspecto, sectores de La Cámpora repiten lo que parece ser el protocolo K: para definir al candidato están las PASO. Ese punto tiene también adherentes -informados o silvestres- en el gabinete y en el kirchnerismo legislativo. El PJ más convencional entiende, gustos aparte, que la variable más atractiva es la de potenciar las PASO con más de un candidato y donde, para que la interna sea válida, Cristina de Kirchner debería aparecer como una jugadora equidistante. En esa línea opera, por caso, la presunción de boletas únicas para diputados y senadores nacionales, cuya confección sería exclusiva de Cristina de Kirchner, aunque haya más de un candidato presidencial o a gobernador. Sería, además, un formato para dictar una especie de libre albedrío sobre a quién prefieren los votantes y adherentes K, que se convierta en el candidato del oficialismo. La idea de un dedo mágico es, según el enfoque de un legislador que fue jefe provincial, poderoso hacia dentro del espacio K pero puede, de cara a la general, generar rechazo. "Una cosa es que los candidatos valoren a Cristina y se planteen como continuadores, otra es que aparezcan como dependientes de Cristina", puntualiza y remite al caso de Néstor Kirchner como delfín de Duhalde en 2003 y las críticas sobre "chirolita", que derivó en 2005 en un enfrentamiento entre ambos.

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