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Los rugbiers estamos de luto
Juan Pedro tenía 19 años y el que haya sido jugador de rugby del Club Los Tilos e integrante de una familia por demás ligada a uno de los principales clubes de la ciudad de La Plata era su marco de pertenencia. La forma en que murió será seguramente esclarecida en algún momento. Nada eliminará su ausencia desde el sábado a la madrugada. Nada mejorará la vida de sus padres, hermana, familiares, compañeros de equipo, amigos del club; de todos los que lo querían.
Por razones que nunca pude entender o definir, cualquier situación que gane un espacio en páginas que no sean deportivas y que involucre a un miembro de la amplia familia del rugby será cubierta destacando el tema de ser o haber sido rugbier.
¿Será que el hecho de ser rugbier marca a fuego a la persona que pertenece a este deporte? ¿Será que desde afuera ven en el rugby como algo que se destaca por sobre otras funciones, relaciones humanas o marcos de pertenencia? Por lo que fuere, ser rugbier implica un montón de conductas y compromisos que surgen de años de enseñanzas y experiencias comunes.
Lo he dicho otras veces: el rugby no es necesariamente el mejor deporte que hay, sólo el que, junto a muchas otras personas, elegimos, nos apasiona, moviliza, une e integra. Tiene filosofía firme sobre lo que es la vida y cómo hay que vivirla, pero no de manera dogmática. No tiene reglas escritas más allá de las deportivas. Maneja su espíritu en el boca a boca.
En una vida junto a este deporte, en el que tuve alegrías, tristezas, emociones, desazones a la misma velocidad que la vida misma, puedo decir que fue el rugby lo que me dio un lugar de pertenencia más allá de que mi familia me formó y haya sido la palabra escrita la que me definió profesionalmente. El rugby me permitió relacionarme con mucha gente en la que el idioma era esencialmente el mismo.
Sí, existe un ADN común al hombre de rugby. Es un ADN que se multiplica en cada club de nuestro país en el que el simple amor por el deporte hace que los más grandes vean como su misión devolver lo aprendido de sus mayores enseñando a los más chicos. Lo vivo a través de mis hijos, que reciben tanto cariño de esos entrenadores que disfrutan enormemente el ayudar a gestar una mejor persona con una pelota ovalada como imán.
Juan Pedro era uno de nosotros, los rugbiers, los miembros de una familia que crece numeralmente y que lucha por mantener sus principios y enseñanzas. Hoy el rugby está de luto porque en esta Argentina nuestra de cada día, uno de los nuestros fue asesinado. Hoy el rugby llora junto a una familia, un club y toda una comunidad.
"El rugby nos enseñó a enfrentar la adversidad y el dolor juntos, unidos y en calma. Respetemos la memoria de Juan en paz y orden". Eso pidió el Club Los Tilos. En el dolor, siempre imperan las enseñanzas del rugby.


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