16 de septiembre 2014 - 16:22

Los subsidios, la espada de Damocles

El sostenido deterioro de la situación fiscal no sólo plantea dudas sobre cómo será el cierre de 2014 sino que su dinámica siembra más incertidumbre sobre la viabilidad de 2015. En este sentido, el aparente descontrol del gasto público da señales de que se consolidó cierto círculo vicioso. Es que, más allá de debates entre monetaristas y keynesianos, la creciente asistencia del Banco Central al Tesoro para cubrir el déficit fiscal ha dado lugar a una preocupante expansión monetaria, que en medio de un contexto recesivo, ha impactado en las expectativas inflacionarias y, por consiguiente, en el nivel de precios. A lo que se sumó el efecto de la devaluación de enero y ahora el de las sucesivas microdevaluaciones. Todo ello afecta plenamente en el gasto público, lo que retroalimenta el ajuste de las variables dólar, precios, etc. Pero ocurre que, si bien una mayor inflación licua rubros como las jubilaciones, pensiones, sueldos y planes sociales, por otro lado impacta de lleno en el ítem subsidios que se ha transformado en una bola de nieve para las arcas fiscales. Cabe señalar que a esto se suma la insoslayable ampliación presupuestaria dispuesta por el Ejecutivo, que sortea al Congreso, por casi $ 160.000 millones sólo en el primer semestre (casi dos tercios del aumento del gasto este año fue decidido discrecionalmente).

El año pasado los subsidios sumaron más de $ 140.000 millones y para 2014 se estima que no bajarán de $ 200.000 millones, o sea, un incremento de casi un 43%. Según los datos del Presupuesto 2015, habría que ajustar el gasto en subsidios un 16%, mientras que los privados estiman que no será inferior al 50%.

Los subsidios económicos sufren por dos canales. En primer término, cada vez que se aplica un ajuste al tipo de cambio impacta, fundamentalmente, sobre las importaciones energéticas y, por ende, este mayor gasto corriente (de índole energético) requiere una mayor asistencia del Tesoro al sector privado. Pero además, al haber más inflación algunos subsidios retroalimentan del binomino precios-tarifas y precisan de mayores montos para cubrir los costos involucrados.

Intento


El problema de los subsidios se profundizó ante la opción que tomó el Gobierno de no tocar las tarifas. El año pasado se intentó algo, muy poco, en colectivos, gas y agua, que representan el 43% del total de subsidios. Se esperaba algo más en el rubro electricidad, que es el 25% del total mientras que resto, un 32%, corresponden a las empresas estatales como Aerolíneas, Télam, TV pública, Arsat, trenes y otros eléctricos (Nucleoeléctrica, Río Turbio, Yaciretá, etc.).

Este año, a pesar de los incrementos tarifarios implementados, los subsidios vuelven a crecer más del 40%. Por lo visto, sólo en el primer semestre, en el que los subsidios económicos crecieron casi un 80% frente al mismo período de 2013, se destaca el comportamiento de los vinculados con el gasto energético (Cammesa, ENARSA, Plan Gas), que sumaron casi $ 73.000 millones, lo que implica un incremento de más del 100%. En cuanto a los subsidios al Transporte (colectivos, trenes y subtes y Aerolíneas Argentinas) hubo un aumento del 53% alcanzando los $ 19.000 millones. Mientras que los vinculados a otras empresas públicas como AySA y ARSAT acusaron una caída del 2% a menos de $ 6.000 millones y los subsidios al agro, la industria y otros también se redujeron en un 4% a menos de $ 600 millones.

Está claro que lo que más empuja al alza el gasto son los subsidios a la energía.

Pero la magnitud del ajuste tarifario necesario para equilibrar las cuentas se distancia cada día más de cualquier plataforma electoral con ansias de triunfar en octubre 2015. Aunque la realidad impondrá alguna corrección. En electricidad, la tarifa cubre aproximadamente un 30% del costo de generación. En el caso del gas, un 38%.

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