Los tres hermanos que quieren revolucionar el mercado con cocktails en cápsulas

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Son argentinos y crearon el primer sistema en el mundo de tragos listos para consumir. Estuvieron al borde de la quiebra, pero encontraron el camino y ya facturaron más de $30 millones.

A la hora de consumir bebidas con alcohol, el paladar de los argentinos suele volcarse a opciones tradicionales como la cerveza, el vino, o el fernet. Simples. Se abre la botella y se sirve. Los cocktails están más reservados para la mano experta de un bartender que conoce el proceso de elaboración y nos sirve un trago de ingredientes diversos y hasta exóticos. ¿Pero qué pasaría si tenemos todo resuelto, en casa, para deleitarnos con ese tipo de preparado? Es lo que propone Smartdrink, la creación de tres hermanos argentinos, que desarrollaron un sistema, el primero en el mundo, para hacer tragos en cápsulas. Solo hay que mezclarlo con agua y hielo. Listo.

Patricio Folatelli cuenta a Ámbito Biz la génesis de la idea que desarrolló junto a sus hermanos Tomás y Sebastián: "Se nos ocurrió luego de haber inventado una máquina como la del café, pero que hiciera tragos y gaseosas. Lo hicimos en Italia, donde vivíamos, y fue un fracaso enorme, porque la máquina valía u$s 1.500 y los consumidores no estaban dispuestos a pagar eso". Pero el fracaso -así lo define él- no los desalentó. "Lo que vimos es que la idea de tener todos resuelto, de tener un trago sin tener que ir a comprar todo, gustaba. Entendimos que la barrera más grande era la adquisición de la máquina, por lo que decidimos reemplazarla por una coctelera, que es mucho más económico", relata.

Ese fue el primer escollo, pero luego vinieron otros, vinculados a la preparación del producto, la forma de comercialización, y los prejuicios de los consumidores. "Al principio, el acceso a la tecnología aplicada a alimentos que teníamos para hacer recetas concentradas era muy limitado. Con lo cual los sabores no reflejaban los sabores de los ingredientes naturales. No tenían el mismo 'cuerpo' además. Con lo cuál nos hicieron la cruz. Nos dijeron que era una porquería", recuerda. Con el tiempo, y el producto ya en la calle, los tres hermanos se pusieron en contacto con una empresa brasileña que mejoró la materia prima del producto y hoy aseguran que sus recetas son lo que deben ser. "Necesitábamos que la caipirinha de maracuyá sea realmente una caipirinha de maracuyá, que tuviese pulpa, y lo logramos. Ahora son inmejorables y a la gente le gusta", cuenta.

LA CLAVE ESTABA EN MORÓN

Una buena idea puede naufragar si no se encuentra la forma de hacerla sustentable. Y de hecho, Patricio relata que el proyecto estuvo a punto de quebrar por la falta de un modelo de negocio que lo hiciera viable. "Salimos a proponer el producto a todos lados porque teníamos que descubrir cuál era el nicho al cual debíamos apuntar. De entrada en bares y restaurantes los bartenders nos dieron con un caño. Incluso quisimos incorporarlos al proceso de elaboración para que nos aconsejaran, propusimos crear cápsulas firmadas para que se llevaran parte de lo que se vendía, pero no hubo forma", cuenta. Y agrega: "Otra barrera es que con el producto recién lanzado no teníamos margen para ofrecerlo a la actividad comercial. Y es que nunca estuvo pensado específicamente para eso. En cuanto a las vinotecas lo compraban porque les parecía novedoso, pero les resultaba difícil vendérselo al consumidor. Hacíamos muchos puntos de venta, pero no lográbamos recompra".

La clave se las dio el dueño de una vinoteca en Morón, que era el único que lograba vender el producto y hacía nuevos pedidos todas las semanas. "Agarré la moto y fui a hablar con él para ver cómo hacía. Fue él quien le encontró la vuelta. Me dijo: 'Mirá el producto es caro, no tiene el mismo gusto, pero como regalo es perfecto'. Ahí cambiamos la comunicación para venderlo como regalo. Como lo regalaba, la gente no tenía ningún prejuicio. Y a partir de ahí hoy mejoramos las recetas", comenta.

ABRIENDO MERCADOS

En la actualidad, la empresa que nació de la inspiración de estos tres hermanos y que contó con la ayuda de un inversor ángel que contactaron a través de Mercado Libre -César Enrique Speranza, que, dice Patricio, hoy "es nuestro socio y amigo del alma"- facturó en los últimos tres años $33 millones. El crecimiento de la compañía fue de casi 10 veces en ese período y pasaron de comprar materia prima de a kilos a toneladas. Además diversificaron negocios y abrieron franquicias en el interior y en países como Chile, Uruguay, España e Italia. El próximo paso es ambicioso: Estados Unidos.

"El argentino no es del cóctel. Y es un mercado muy hostil. Es más bien clásico, del vino, la cerveza, culturalmente es más cerrado. Pero esto ya lo sabíamos. Y decidimos que si lográbamos hacerlo acá podíamos hacer que funcionará en cualquier lugar del mundo", afirma Patricio. La adquisición de la franquicia parte desde los $400.000.

ALMA DE EMPRENDEDOR

"Nuestro foco era revolucionar el mercado de las bebidas alcohólicas", señala Patricio sobre el origen del proyecto. Y es que para él, que asegura que no es empresario y que se maneja "haciendo que las cosas funcionen", el objetivo primario del emprendedor no debe ser generar dinero. "Te va a sacar toda la energía, porque la plata en un emprendimiento va y viene. En nuestro caso, el rédito económico fue un reflejo", afirma. Y profundiza: "Si yo seguía los consejos que me dieron gente de negocios, que hizo dinero, hubiese cerrado la empresa en el primer año. Porque en ese momento tirábamos el 90% de la producción. Estábamos experimentando. Un empresario hubiese visto el Excel y hubiese dicho que cerremos. En cambio la visión del que quiere revolucionar algo es entender que es el precio que tenés que pagar para aprender".

Patricio sostiene que un proyecto propio requiere "de un cambio personal". Y es que los tres hermanos vivieron 20 años en Italia y al momento de lanzarse a esta aventura no pasaban su mejor momento económico. Pero la motivación los trajo nuevamente a la Argentina y el éxito los mantuvo acá.

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