Guillaume Apollinaire «Cartas a Lou» (Barcelona, Acantilado, 2008, 534 págs.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Fue un flechazo el encuentro a principios del siglo XX de esos dos descendientes de la nobleza europea. La aventurera caprichosa que hizo del hedonismo su forma de vida y el poeta que profetizó la modernidad
El encuentro de Lou de Pillot y Guillaume Apollinaire fue «una fiesta de la carne» a partir del desenfreno, una búsqueda de la pasión al margen de las ideas aceptadas. Ambos venían de circular por diversas camas y seguirían conociendo otras. Para Lou fue una aventura más, para Apollinaire el aporte de una llama erótica sin antecedentes en su vida, y la expectativa defraudada de vivir un gran amor. Como en todo lo construido casi al pasar por Apollinaire, quedaron las cartas que le envió a su amada, las sádicas donde ella es la esclava («mi querida cautiva, mi querida azotada»), las masoquistas donde Lou es ama), las magníficamente pornográficas (de la carta 45 en adelante) que recuerdan que el autor de «El heresiarca y Cia.» fue editor de la «Biblioteca de los Curiosos». Hay en las cartas de ese «poeta del antiguo coraje y del antiguo honor», según Borges, el renovado encuentro con los sentimientos, la entrega de una percepción inédita de las emociones.
Están esos caligramas, esos poemas que dibujan la imagen que buscan expresar, que sustituyen la linealidad por la simultaneidad, que capturan el boceto de una inspiración. Circulan por las páginas esos amigos cuyas aventuras artísticas defendía apasionadamente Guillaume, ese gladiador romano que quiso ser un héroe francés e invento una expresión que marcó el siglo: a su obra teatral «Las tetas de Tiresias» la definió como «drama de surrealista», y acuñó la palabra.
Hasta ahora pocas cartas de este libro se habían conocido (se las censuró más de una vez), privando de la posibilidad del encuentro con las desventuras locamente pasionales de una de las grandes voces poéticas de la primera mitad del siglo XX.
Dejá tu comentario