24 de julio 2009 - 00:00

Lula prepara un plan de emergencia si Dilma no arranca

 «Voy a trabajar para elegir a mi sucesora», dijo hace pocos días el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Una ratificación, claro, sobre su «elegida», la presidenciable Dilma Rousseff, y el armado de su precandidatura dentro del PT (Partido de los Trabajadores), de cara a las próximas elecciones brasileñas del 3 de octubre de 2010.

Pero pareciera que con Dilma se cumple el axioma de que nadie es profeta en su tierra. Es que a Lula le da menos trabajo articular el consenso sobre su «delfina» en el exterior que en terreno vernáculo. Como acaba de suceder esta semana con el viaje de la jefa de Gabinete Rousseff a Washington, al frente de la delegación brasileña para el Forum de CEO de Brasil y EE.UU.

Dilma mantuvo reuniones con el secretario de Comercio, Gary Locke, el economista jefe de la Casa Blanca, Larry Summers, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, y el consejero para Seguridad Nacional, James Jones. Y, como enviada especialísima de Lula, se entrevistó con el presidente Barack Obama.

En cambio, resulta más complicado en Brasil el armado de la sucesión de Lula. No dentro del PT, donde Dilma cuenta con una mayoría de avales y sólo le resta transitar por la formalidad de su nominación oficial en las primarias del 23 del noviembre. El problema es extrapartidario o en las alianzas para hacer por fuera del trabalhismo, una práctica necesaria en la política brasileña.

Diferencias

La búsqueda de socios políticos para las próximas elecciones ya acarrea diferencias internas en el PT, más en este momento, cuando el aliado del actual Gobierno, el centrista PMDB, está herido de muerte por las denuncias de corrupción contra su «expresión máxima» José Sarney, presidente del Senado. (Lula volvió a respaldar ayer a su aliado ante los nuevos pedidos de renuncia.)

Su probable dimisión agrietaría el frente PT-PMDB que hoy gobierna en Brasil y, además, ya provoca mutaciones en las alianzas electorales a nivel estadual. Asimismo, cambios en la arquitectura electoral del PT en lo nacional.

Por eso es que Lula ya tendría en el banco de suplentes a otro aliado. Es Ciro Gomes, actual diputado del nordestino estado de Ceará por el PSB (Partido Socialista Brasileiro).

Aunque el PSB sólo puede aportar una ínfima cantidad de votos a nivel nacional, la figura de Gomes tendría aceptación en la competencia por la gobernación de San Pablo. (Gomes tiene proyección nacional: en las presidenciales de 2002 llegó a disputar con Lula el primer puesto en intención de voto.)

En cuanto a San Pablo, es el distrito que, por su densidad electoral, define -como aquí la provincia de Buenos Aires- toda elección brasileña. Desde hace 14 años, allí reina el PSDB (socialdemocracia). El actual gobernador del estado, José Serra (PSDB), es el presidenciable que mejor mide en las primeras encuestas. Como en la de CNI/Ibope de junio, en la que lidera la intención de voto con el 38%, seguido por Dilma con el 18% y por Ciro Gomes con el 12%.

Especulación

El PT precisa una candidatura fuerte como la de Ciro para romper con su techo histórico del 30% de votos en el estado de San Pablo. De acuerdo con trascendidos publicados en O Globo, Lula especula con que la eventual postulación de Ciro acarree otro 20% más en ese distrito. Sin embargo, dentro del PT habría una enorme desconfianza hacia el hombre bendecido por Lula. Tanta, que este martes los delegados paulistas del PT decidieron faltar sin aviso a una reunión con Ciro Gomes, que iba a ser presidida por Lula.

Por su parte, en el PSDB también especulan. Si para diciembre la ventaja de José Serra no está consolidada frente a la oficialista Dilma Rousseff, el actual gobernador de San Pablo optaría por su reelección para asegurar los votos paulistas y cedería la candidatura presidencial a Aécio Neves, gobernador de Minas Gerais y un cuadro más joven (49 años) dentro del partido.

Mientras tanto, Dilma tiene un equipo pretoriano de campaña, monitoreado por el mismo Lula. Cuenta con tres espadas principales, todas ex intendentes de ciudades estratégicas por sus votos: Joao Paulo (Recife), Marta Suplicy (San Pablo) y Fernando Pimentel (Belo Horizonte). La prensa brasileña ya los llama «los soldados de Dilma».

También talla en ese «team» Joao Santana, el «marqueteiro» (asesor de campaña) del lulismo, que todavía trabaja en el Planalto, y cuyo asesoramiento -regalado por Lula- fue fundamental para el tramo final electoral de Mauricio Funes, el recién inaugurado presidente de El Salvador.

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