6 de octubre 2009 - 00:00

Lula recluta a figuras para una elección clave

Acaban de registrarse en Brasil los últimos movimientos políticos de cara a las elecciones presidenciales de octubre del año que viene. El viernes pasado, mientras el mundo miraba cómo Río de Janeiro se consagraba ciudad sede para los Juegos Olímpicos de 2016, vencía el plazo para las afiliaciones partidarias y cambios de domicilio electoral.

Algunas de las afiliaciones causaron escasa sorpresa. Como la del canciller Celso Amorim al PT (Partido de los Trabajadores). Hasta ahora, la flamante membresía de Amorim no muestra intencionalidad de disputar un territorio o un cargo, por lo que en Brasilia ya dicen que el súbito blanqueo del petismo del canciller sólo obedece a la estrategia de continuar como Número Uno de Itamaraty en caso de que llegue a la presidencia Dilma Rousseff, la actual ministra jefa de la Casa Civil (jefa de Gabinete) y candidata a suceder a Lula por el PT.

Otro de los miembros del Gobierno lulista que se apuró a registrar su ficha política fue el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, quien adhirió al PMDB, Partido Movimiento Democrático Brasileño (Centro), que forma parte de la base aliada gubernamental. El titular del BC ya avisó que en marzo próximo dejará el cargo para dedicarse a la campaña política, aunque no tiene claro aún si se postulará como senador o gobernador por el estado de Goiás.

En Brasilia no falta quien anticipe que Meirelles podría ir como vice de Rousseff, en la búsqueda de calcar el éxito de la composición de la fórmula presidencial de Lula da Silva, que en 2002 y en 2006 sumó al establishment financiero e industrial brasileño de la mano del empresario José Alencar (PMDB) en la vicepresidencia.

Otros pases, sin embargo, servirían para mostrar que el PT es un partido que también puede cobijar a la burguesía. En ese sentido, impactó la afiliación del empresario Ivo Rosset, dueño de una de las líneas de ropa interior más famosas de Brasil (Valisère), quien llegó al partido de la mano de la petista paulista Marta Suplicy, ex ministra de Turismo de Lula da Silva.

La ficha partidaria de Paulo Skaf, presidente de la FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo), también trajo revuelo. Skaf se registró en el PSB (socialismo, aliado en la base gobernante) y es uno de los precandidatos al Gobierno estadual paulista. No es el único postulante: Ciro Gomes, actual diputado del PSB por Ceará, acaba de mudar su domicilio electoral a San Pablo. No es, tampoco, la primera vez que Ciro está de mudanza: su primera afiliación fue con el PSDB (partido de la Social Democracia), pasó luego al PMDB y desde hace algunos años milita en el PSB.

Ciro, se dice, sería el «plan B» de Lula da Silva en caso de que la candidatura presidencial de Dilma Rousseff no termine de cuajar en el electorado brasileño. De acuerdo con las últimas declaraciones de José Dirceu -hombre de confianza de Lula, antecesor de Dilma en la Casa Civil y factótum detrás de su candidatura-, habría varios pasos en la estrategia electoral diseñada para ella. Primero, confrontar «hasta el agotamiento» las diferencias entre la gestión de Fernando Henrique Cardoso y el período actual. Segundo, revertir, con saturación de campaña publicitaria, el desconocimiento de la candidatura de Dilma (un 40% del electorado no la conoce). Tercero, al no contar con votos propios, Dilma necesita «colgarse» de los que tiene Lula. Para ello, el plan es candidatearla como una «Lula con falda».

Existe, además, una necesidad imperiosa de parte de Lula para que sea Dilma quien lo suceda en el Planalto. Es que, de acuerdo con lo que habría dejado trascender su operador Dirceu, Dilma gobernaría un mandato solo y le dejaría a Lula el camino libre a partir de 2015. Hasta hoy, Lula siempre descartó la re-reelección inmediata, que la Constitución le prohíbe. Pero la posibilidad de un tercer mandato de ese tipo le permitiría disfrutar desde la Presidencia de su último triunfo: los Juegos Olímpicos en Río de 2016.

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