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Lula respira: pacto de presidentes salva al aliado y enlodado titular del Senado
Intervención de Cardoso frena embates de su partido, que también comenzaba a verse afectado. Dos meses de furia
Una imagen de 2003 muestra el efusivo saludo entre Luiz Inácio Lula da Silva y José Sarney. Desde el comienzo del mandato del ex metalúrgico, el ex presidente del PMDB fue clave para la gobernabilidad.
El acuerdo, revelado ayer por el diario O Estado de S. Paulo, consiste en acotar el debate en el Comité de Ética del Senado, y que si allí no se encuentran motivos para avanzar en una acusación, no se activen otros mecanismos en sesiones plenarias o en otras comisiones.
Lula mantuvo el martes a la noche una reunión a solas con Sarney para analizar el pacto, indicó ayer el sitio on line de Folha de S. Paulo. Las negociaciones habrían sido a altísimo nivel, ya que la contraparte, según la versión, fue el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, centroderecha).
Acusaciones archivadas
Como primer indicio de este acuerdo, negado oficialmente, el Comité de Ética archivó ayer las acusaciones contra Arthur Virgilio, jefe de la bancada socialdemócrata. Quien formalmente decidió el archivo fue Paulo Duque, presidente del cuerpo, quien pertenece al Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro) de Sarney.
Virgilio había encabezado la cruzada moralizadora en los últimos tres meses, por la que quedó acorralado Sarney por nombrar a familiares y allegados (incluido el novio de su nieta) en diferentes cargos, algunos con sueldos astronómicos, y utilizar fondos públicos para beneficios personales, muchos de ellos amparados en decisiones secretas. El PSDB e incluso legisladores oficialistas reclamaron la renuncia de Sarney, referente histórico del PMDB, formación aliada clave de Lula que cuenta con varios ministerios en el Gobierno. Por eso el presidente, perteneciente al Partido de los Trabajadores (PT, centroizquierda), buscó blindar por todos los medios al ex mandatario centrista (1985-1990) y, al parecer, lo consiguió.
Confesión
El propio Virgilio quedó hace pocos días en el ojo de la tormenta cuando debió confesar que también desvió dinero del Senado para un viaje con su familia a Francia, costeó a un asesor que estudió teatro durante un año en España y utilizó el plan de salud del cuerpo para asistir a su madre.
El presidente del PSDB, Sergio Guerra, que también pagó con plata del Senado un viaje de su hija a Nueva York, negó ayer la existencia de un «acuerdo, ni acuerdazo, ni acuerdito».
En los pasados 2 meses, desde el PSDB se agitaba el affaire Sarney mientras el Senado permanecía paralizado. Sin embargo, en los últimos días, los «tucanos» (miembros del PSDB) bajaron drásticamente el tono.
Cardoso, predecesor de Lula, pidió a Virgilio el fin de semana «moderación, moderación, moderación», luego de que se conocieran las denuncias contra el influyente senador. Anteriormente, el ex mandatario había calificado como desastroso que el Senado se vea afectado por las denuncias contra Sarney.
Pero quien más razones tiene para tratar de apaciguar el tema es el presidente Lula, acosado también por el ala izquierda del PT. No sólo porque es clave en los últimos dos años de mandato contar con el apoyo del PMDB, sino porque el escándalo también rozó a la jefa de la Casa Civil y precandidata presidencial del oficialismo, Dilma Rousseff. Según Lina Maria Vieira, ex jefa de la DGI de Brasil, Rousseff pidió que cierre una investigación fiscal que afectaba al hijo de Sarney.
El pacto para circunscribir las denuncias al Comité de Ética es clave para evitar que Sarney se vuelva a ver en la desagradable tarea de tener que presidir sesiones en las que se traten las supuestas irregularidades por él cometidas. El citado comité ya desestimó 11 denuncias contra Sarney, por lo que la oposición necesita ocho votos para reactivarlas y sólo cuenta con cinco.
Otro dato que apuntala la tesis del acuerdo es que el senador socialdemócrata Tasso Jereissati, que la semana pasada había insultado en el recinto a un senador que defiende a Sarney, anteayer pidió solemnes disculpas en el recinto. Lo había llamado «bandido de tercera categoría» y «coronel de mierda».
El veterano Sarney, fortalecido en las últimas horas, dijo ayer: «No puedo más que resistir firme teniendo la certeza del cuidado que tengo con las cuestiones administrativas».
Agencias ANSA y Reuters


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