2 de abril 2009 - 00:00

Lula se acerca a Irán y confunde

Lula da Silva recibió la semana pasada al canciller iraní Manoucher Mottaki. Una visita del ultraislamista Mahmud Ahmadineyad a Brasil está en la agenda bilateral.
Lula da Silva recibió la semana pasada al canciller iraní Manoucher Mottaki. Una visita del ultraislamista Mahmud Ahmadineyad a Brasil está en la agenda bilateral.
Sería injusto decir que Brasil juega a las escondidas con EE.UU., pero lo cierto es que en los últimos días de marzo, una semana después de la entrevista entre los presidentes Barack Obama y Luiz Inácio Lula da Silva en la Casa Blanca, el Gobierno brasileño recibió a una importante delegación de ministros iraníes presidida por su canciller Manoucher Mottaki. ¿El motivo? Ajustar los detalles finales para la visita del presidente Mahmud Ahmadjineyad a Brasilia a principios de junio y la de Lula a Teherán en el curso de este año.
Estos arrumacos de Brasil con la República Islámica de Irán levantan varias cejas en Brasilia y no pocas en la región -entre ellas, las del almirante James Stravidis, del Comando Sur de EE.UU., quien volvió a alertar sobre la presencia de elementos iraníes en la Triple Frontera entre Brasil, la Argentina y Paraguay-. Si bien la relación brasileño-iraní no es improvisada -en el aspecto comercial viene de largo-, sí es más novedosa su variante política, que comenzó a ser reforzada en los años de Lula.
En Itamaraty dicen que ya hace un lustro que al menos tres ministros iraníes de distintas carteras se turnan cada año para visitar Brasil. Pero fue recién a fines de 2007 cuando casi se concreta la posibilidad de que el controvertido Ahmadjineyad recalase en Brasilia, como corolario de una gira más amplia por Caracas y La Paz. Un oportuno y apresurado vuelo hacia Bolivia de Marco Aurelio García, secretario de Asuntos Internacionales de la Presidencia -el «sherpa todoterreno» de Lula-, disuadió al iraní de aterrizar en la capital brasileña. Convenía, le dijo, que su visita a Brasil se armase como una cruzada o desembarco especial en América Latina con punta de lanza en Brasil (y no como una escala más de un tour bolivariano, orquestado por Hugo Chávez). En tal sentido apuntó el viaje del canciller Celso Amorim a Teherán a fines del año pasado.
Empresarios
La recepción a fines de marzo al canciller Mottaki en Brasilia fue reforzada por la presencia de 60 empresarios. Es que el comercio con Irán es fuerte. Brasil coloca allí maíz (Irán fue el primer mercado en ese rubro en 2007), azúcar (segundo mercado) y aceite de soja (tercer mercado). Aunque las ventas de 2007 a Irán llegaron a u$s 1.800 millones, cayeron a u$s 1.100 en 2008. Para los iraníes, se debió a razones políticas como, por ejemplo, haber privilegiado el comercio con La Habana, más afín ideológicamente en el marco del acercamiento al eje bolivariano marcado por Chávez. La interpretación brasileña, en cambio, indica que sus empresas no quisieron aceptar cartas de crédito de bancos iraníes sin la confirmación, a su vez, de bancos europeos. Una de las tantas consecuencias que trajo el aislamiento internacional de Teherán.
«La razón fundamental del acercamiento Brasilia-Teherán es el petróleo», dijo a Ámbito Financiero el economista Dante Sica, de la consultora Abeceb. «Petrobras ya realiza tareas de exploración en Irán, y además ellos necesitan el know how brasileño: tienen las segundas reservas mundiales de gas y petróleo, pero todavía importan el 40% de su gasoil y nafta», completa Sica.
Lo que todavía está por verse son las consecuencias de este acercamiento entre Irán y Brasil. En Sudamérica, la pregunta es cómo afectará esta relación al eje Caracas-La Paz-Teherán. ¿Pierde con esto Chávez a su aliado persa? Que Ahmadjineyad haya programado visitar Brasil en junio, en coincidencia con el tramo final de su campaña electoral podría revelar un giro importante en su política internacional, hasta ahora de fuerte compromiso con Estados villanos («rogue states»).
En Medio Oriente, en cambio, se preguntan qué está haciendo Brasil. Ya van seis años de Lula en el poder y entre sus centenares de viajes al exterior todavía nunca visitó Israel. Los expertos en temas internacionales dicen que si hasta ahora no lo hizo, menos lo hará ahora con el Gobierno de Benjamin Netanyahu que acaba de asumir. Habrá que ver entonces si Itamaraty y el Planalto realmente concretan este año el viaje de Lula a Teherán. En este mundo de múltiples crisis, todos están demasiado susceptibles.

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