En tanto el largo silencio operativo, que en Buenos Aires persiste desde el jueves pasado, solamente permite tratar de capturar señales que lleguen del exterior, afuera nada sirvió de ayuda para levantar la bruma. En Wall Street surgieron números relacionados con "manufacturas" que bajaron el entusiasmo, pero consiguieron regular pérdidas y dejar al Dow Jones aterrizando suavemente, casi en la base anterior. Lo más notorio pasó por el Nikkei, donde el descenso se mantuvo en más del 2% hasta el cierre. No existió actividad en Europa, lo que quitó una importante fuente de referencia, y quedó solamente lo que podía suceder con acciones locales operando en Nueva York. Y desde tal ángulo la bruma también resultó densa, porque hubo resultados de anverso y reverso, como las plazas de Edenor y TGS marcando en alza -de dos a más del tres por ciento-, pero con caída en Macro y la acción de YPF también con porcentuales notorios. Todo contribuyó ayer para aumentar la desorientación, más que para otorgar algunas pistas sobre qué puede suceder, cuando el miércoles todos los competidores estén girando y en el mercado global. Más allá de las cuestiones particulares de cada recinto, aquí existen varios frentes abiertos, la interacción entre las plazas, en un escenario global, resulta ser un elemento imprescindible para actuar con normalidad. Hoy se consumen las últimas horas de la larga vigilia frente a la reapertura del Merval. Lo más predecible es suponer un inicio cauteloso, hasta ir descubriendo de qué lado prevalecen las órdenes. Demasiado paréntesis, gente fuera de ritmo, muy pocas señales exteriores decisivas y lo único para proveer entusiasmo es que se vuelve a "hacer mercado". La Bolsa resucita.
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