8 de septiembre 2017 - 22:24

¿Macri abandonará el gradualismo después del 22-O?

¿Si se cumple el pronóstico de un triunfo electoral en octubre más contundente que el de las elecciones de agosto, estará Macri dispuesto a un shock de ajuste fiscal estructural inmediatamente después de las elecciones de octubre? ¿O se inclinará nuevamente por el gradualismo postergando los cambios estructurales para después de las elecciones presidenciales de 2019?

A continuación, reproducimos parte de un informe del economista y exsecretario de Hacienda Mario Brodersohn, que intenta desentrañar el interrogante.

El contundente triunfo electoral en octubre inducirá a Macri a no modificar el modelo gradualista que tan buenos resultados le dio; es decir, por qué cambiar lo que demuestra ser exitoso. Pero esta vez el gradualismo fiscal tendrá lugar en un contexto de crecimiento del 3% anual para asegurar el triunfo electoral en 2019.

Para lograr estos objetivos, se requiere tener un amplio acceso al mercado financiero internacional. La tesis del Gobierno es que ese acceso se verá facilitado porque entran a jugar los siguientes factores: 1) Macri heredó del kirchnerismo un bajo nivel de deuda externa pública, aunque en default. Después de emitir para pagar las sentencias y salir del default, el ratio de deuda pública neta de ANSES y BCRA era de 27% del PBI. Para fines de 2017, aumentará al 32% y podría llegar a 40% a fines de 2019. Estos niveles de endeudamiento todavía estarían por debajo del promedio en comparaciones internacionales; 2) el triunfo electoral que se espera en octubre favorecerá la credibilidad de Macri y su acceso a los mercados financieros internacionales en el 2018; y 3) por la misma razón, si las encuestas previas a las elecciones presidenciales de 2019 convalidan las expectativas de un nuevo triunfo del Gobierno, mantiene su capacidad de acceso al crédito externo.

El planteo del gradualismo como eje central de la estrategia electoral deja sin resolver dos asignaturas estructurales pendientes. La primera asignatura es la que acabamos de analizar sobre un modelo de crecimiento que depende del financiamiento internacional. El enfoque gradual deberá enfrentar un déficit fiscal (incluyendo intereses de la deuda) supuestamente algo inferior al actual de 6% del PBI, y del 7% si incluimos las provincias.

La segunda asignatura pendiente es superar la histórica restricción externa al crecimiento. El superávit comercial externo acumulado en el período 2004/2012 fue de u$s110.000 millones empujados por un aumento del 75% en el precio internacional de la soja y por el cambio tecnológico y la expansión de la frontera cerealera. La producción de cereales y oleaginosas pasó de 46 millones de toneladas promediando la década del 90, a 136 millones de toneladas en 2017.

En los últimos 5 años (2013/2017) el superávit comercial externo prácticamente desapareció dado que el superávit acumulado se redujo a u$s1.200 millones. Las exportaciones cayeron de un pico en 2011 de u$s83.000 millones a 60.000 millones este año. Para 2017, esperamos un déficit comercial externo de u$s5.700 millones y un déficit en cuenta corriente de u$s17.000 millones (2.8% del PBI). Dado que la elasticidad-ingreso de las importaciones es superior al de las exportaciones un crecimiento sostenido al 3% anual va a conducir en 2018/2019 a cifras más elevadas de desequilibrio externo. Estos desequilibrios, en un contexto de credibilidad, se financiarían con ingresos de capitales privados y con endeudamiento del Gobierno en los mercados financieros internacionales.

En síntesis, un triunfo electoral del Gobierno en las elecciones de octubre sería más decisivo que el de las recientes PASO de agosto. Este triunfo favorecerá en 2018/2019 la credibilidad del Gobierno para financiar con endeudamiento externo el crecimiento al 3% anual al mismo tiempo que el enfoque gradualista posterga para el próximo Gobierno los cambios estructurales. Las expectativas de un nuevo triunfo en las elecciones presidenciales de 2019 y el intento de lograr la mayoría en el futuro Congreso nacional pasarán a ser las prioridades del Gobierno, prioridades que se verán facilitadas por un peronismo en ebullición autodestructivo.

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