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Macri, animado por casamientos gays
Una mesa chica del PRO le ha alcanzado sondeos que alientan al jefe porteño a dejar de lado esas polémicas. Uno le asegura que la mitad de los porteños no lo culpa por la aparición del espía Ciro James y que, de la otra parte, un 25% no entendió de qué se trataba. Otro monitoreo de los que suele hacer el macrismo le da aún más ánimo cuando le admite que un 75% de los vecinos está de acuerdo con su postura con respecto a la unión matrimonial de homosexuales.
Pero esa definición le acarrea aún un malestar interno que logra aplacar. Gabriela Michetti, en desacuerdo con sus manifestaciones, irá la semana que viene a reunirse con el cardenal Jorge Bergoglio, quien esta semana se entrevistó con el jefe porteño, a pedido de éste, y lo retó severamente.
Tranquilidad
A pesar de ese episodio tras el cual Macri reafirmó que así era su «convicción», para el macrismo ésta fue «una semana tranquila».
Sólo ayer pareció recrudecer el malestar en la tropa ante la insistencia de cambios de gabinete que habrían provocado que uno de los ministros nominados para la retirada diera señales de anticipar los hechos. Al menos en el palacio de Bolívar 1 retumbó que el titular de Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, estaría dispuesto a vaciar los cajones sin esperar al 10 de diciembre, cuando Macri prometió la renovación. En ese sentido, busca conformar un gabinete con más experiencia en la política que en las empresas y de ser posible contendrá, inclusive, a extrapartidarios, como el caso de Andrés Delich, ya consultado para ser ministro de Educación.
Para reemplazar a Piccardo ya se anticipó que iría el actual legislador Diego Santilli.


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