• FINAL DE CAMPAÑA. • PRESIÓN PARA QUE CAMBIE ESTRATEGIA. Cambiemos hará valer el resultado nacional. El Presidente busca meterse solo en la gestión. Consejos para que deje a candidatos pelea diaria con el PJ.
Almuerzo. Mauricio Macri y Juliana Awada almorzaron ayer en la Casa Rosada junto a Daniel Barenboim y su esposa.
Mauricio Macri terminará el jueves en Córdoba su participación personal en esta campaña para las PASO. El Gobierno ya no trabaja en esos quehaceres, sino en un objetivo distinto: el armado de una agenda para el Presidente que sobrevuele a los candidatos locales (categoría en la que se ubica Cristina de Kirchner) con la vista puesta en la elección de octubre que tendrá, sin duda, una lectura nacional más fuerte que estas primarias, aunque más no sea por el impacto en las bancas del Congreso. Macri se montará de ahora en más sobre la idea de un gobierno que busca avanzar más allá de octubre con las reformas pendientes. De alguna manera intentará dejar el barro al que bajó en estas PASO al nacionalizar la campaña para confrontar con Cristina de Kirchner y elevarse al rol de jefe de Estado. "Más gestión y menos campaña", es lo que prometen en la Casa Rosada para el tramo que comienza desde el lunes.
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Elementos para nutrir esta estrategia no le faltarán. Cambiemos juega en esta elección como único partido que se presenta a competir a nivel nacional. En esos términos ya no se puede hablar de derrota o triunfo: el oficialismo ya ganó. El peronismo, se sabe, no existirá en esa categoría nacional, sino que sobrevivirá como una federación de partidos provinciales; todo gracias a que la expresidente no pudo consagrarse como candidata con peso en todo el país desde su puesto de postulante a senadora bonaerense, ni tampoco algún cacique del PJ estuvo dispuesto a permitírselo. Desde el lunes ella también iniciará otra batalla para intentar revertir ese lugar.
Cristina transitará los últimos tramos de esta campaña sin cambiar la estrategia de mutación de estilos que usó hasta ahora: lenguaje moderado y tonos bajos, actos chicos o visitas casi íntimas, sin banderas ni bombos, ni cierre organizado. Se trató de un ejercicio diseñado para mostrar un desembarque del kirchnerismo en la nueva política. El resto responde más a lo conocido: la expresidente visitará Merlo de la mano del intendente Gustavo Menéndez, aunque se eligió organizar debates barriales en lugar de un acto en La Matanza de la mano de Fernando Espinoza, que va en la lista de diputados.
Macri ya tiene agenda internacional preparada para la semana próxima. Mike Pence, vicepresidente de EE.UU., aterrizará en Buenos Aires el lunes a la noche. Viene de la mano de un centenar de empresarios de su país que están pendientes del resultado de estas elecciones para definirse sobre el futuro de inversiones. Quieren saber, como piden desde hace tiempo, si el Gobierno está en pleno control político del país. De eso se tratan algunas de las turbulencias de los últimos tiempos.
En Brasil, Michel Temer logró zafar de una suspensión y enjuiciamiento por corrupción pasiva por parte de la Cámara de Diputados; avanzó con una reforma laboral que puede dejar a buena parte del resto de Latinoamérica fuera de competencia económica y empieza a mostrar brotes verdes a fuerza de imponer medidas, mientras el "Lava Jato" limpia sin piedad a la política. En la Argentina a Macri no le quedará otro camino que avanzar también con las reformas pendientes para salir del populismo demagógico que bloqueó el crecimiento si no quiere quedar aplastado por la nueva ola que llega a Brasil. En otras palabras, Macri debe pensar desde ahora más en tono de estadista y menos en ritmo de campaña.
Pence, con su discurso programado en la Bolsa de Comercio y las reuniones a solas con el Gobierno, al menos lo ayudará a dar el primer paso. Deberá repensar el presidente después si suspende, como se analiza en estos días, su participación ante la Asamblea General de la ONU en septiembre. Dentro de esa estrategia general, no es la mejor señal que se quede en el país para bajar de nuevo a la campaña hacia octubre, una decisión que ni siquiera Cristina se animó a tomar.
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