8 de diciembre 2008 - 00:00

Madonna: sin lugar para los nostálgicos

Con el show de Madonna, el público en River saltó como si se tratara de una «Creamfields», pese a quela convocatoria exhibía familias enteras.
Con el show de Madonna, el público en River saltó como si se tratara de una «Creamfields», pese a que la convocatoria exhibía familias enteras.
  • El show de Madonna mostró su obsesión por reinventarse hacia adelante más que por seguir mirando hacia el pasado, a diferencia de las glorias que tocan hace 30 años lo de siempre, como los «Rolling Stones» o «The Police». Primera muestra de ello fue un público heterogéneo que en el campo de River saltó como si se tratara de una «Creamfields», pese a que la convocatoria exhibía familias enteras, muchas chicas adolescentes y otras tantas ya maduras, con el viejo look reo de Madonna como detenidas en el tiempo, más cercanas a la caricatura que a la artista versión 2008. El clima del recital fue subiendo como en una rave electrónica, donde los sonidos predominantes los marcaba el bit de la bandeja del DJ en vivo. No es casual que su telonero haya sido el DJ inglés Paul Oakenfold, gran artífice de la ingeniería sonora que supuso los arreglos de todos los temas, donde se registraba convivencia de dos y hasta tres canciones simultáneas, rasgo característico de los DJs.

  • Así, al show de Madonna poco le quedó de lo pop y previsible de antaño, con la misma cantidad de temas nuevos que viejos y excelentes remixes mejorados. El recital hasta tuvo esquema de set electrónico, donde todo aparece encadenando, sin demasiado espacio para la ovación final en cada cierre.

    La transformación de Madonna incluyó también su religión, la Cabalá: mientras en el pasado se colgaba cruces y alababa a un Cristo negro en «Como una plegaria» su actual versión extrapower reproduce en pantalla frases en hebreo provenientes de la Torá, traducidas al inglés. Aunque enoje a los ortodoxos, así cultiva Madonna su religión, actúa en «shabat» (día sagrado para el judaísmo) y combina fiesta rave con religión.

    Más de su transformación: la versión tecno y colorida de «Into the Groove», la rockera de «Borderline», donde sólo Madonna y su guitarra eléctrica no bastaron pues fue allí donde le falló la voz ( respuesta a los desconfiados del playback) y lo mejor llegó con una combinación de violines y música gitana en «La isla bonita», que cerró con flamenco y una danza de los siete velos.

    No faltó el costado político en «Get stupid» y la oposición entre Hitler, Mahmud Ahmadineyad, imágenes de guerras, desnutrición infantil y luego María Teresa de Calcuta, Gandhi y al final Barak Obama. Ovación en River ante su imagen, alabanza mayor ante Madonna. Confusión de rituales políticos, paganos y electrónicos, como en una isla bonita.

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