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Madre argentina entre graciosa e inquietante
La excelente Jorgelina Aruzzi despliega sus mejores dotes interpretativas en «La madre impalpable», espectáculo con buena dosis de humor negro, destinado preferentemente al público femenino.
Las madres «sacrificadas» están llenas de buenas intenciones. Hay que ver qué hacen luego con sus propios traumas de infancia. La tendencia más generalizada es esperar que los hijos compensen con sus vidas las frustraciones y cuentas pendientes que sus padres arrastran.
Jorgelina Aruzzi encarna a una mujer sin pareja, madre de un niño obeso (al que ella llama Cachete, y sus compañeritos de 7º B, «gordo tetas»), y que se ufana de ser autosuficiente, aunque siempre está al borde del ataque de nervios. Es repostera y se desloma trabajando para que a su hijo no le falte nada; pero su relación con él va de mal en peor. El chico la insulta, evita hablar con ella (del living a la cocina le envía pedidos por mensajito de texto) y, además de comer como un desaforado, se ve a escondidas con su abuela materna, dos prohibiciones que se resiste a acatar. Su mayor problema es no poder jugar al fútbol porque en la escuela no lo dejan, y hacia allá va su madre, hecha una loca, a reclamar justicia.
Sola en el escenario, pero a la vez multiplicada en una intensa seguidilla de diálogos (donde debe interactuar con personajes imaginarios), Aruzzi logra su cometido de exponer la neurosis de una madre que no puede ver a su hijo tal como es y mucho menos escuchar lo que éste realmente desea. También ofrece interesantes apuntes sobre el sistema educativo, la discriminación, y sobre los nuevos desafíos que presenta la generación adicta a la tecnología.
Sus recursos interpretativos sorprenden y dejan entrever una excelente preparación física y vocal. Se mueve dentro de una cámara blanca con puertas que se abren y cierran permanentemente, realzando la hiperactividad de esta madre argentina. Las imágenes proyectadas sobre la escenografía reproducen ambientes escolares y algunos planos de la protagonista. Es un recurso vistoso, si bien en algunos momentos tiende a ralentar la acción.
La obra, como su título lo sugiere, tiene por principal destinatario al público femenino, habitualmente más interesado en esta clase de temas. Cabe aclarar, sin embargo, que no se trata de un abc para madres, sino de un lúcida instantánea de la realidad argentina con bastantes dosis de humor negro.
Entre las escenas más eficaces se destacan el diálogo con el profesor de educación física, al que la protagonista pretende seducir y luego termina insultando; y la entrevista con la psicopedagoga de la escuela, donde Aruzzi logra un exquisito equilibrio entre drama y humor.


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