18 de julio 2011 - 00:00

Magníficos lunáticos revivieron a Haydn

Al igual que en su «Serse» de 2010 Maritano lleva la acción a la Belle Époque, lo que le facilita la intertextualidad con «Le voyage dans la lune» de Méliès y otros guiños.
Al igual que en su «Serse» de 2010 Maritano lleva la acción a la Belle Époque, lo que le facilita la intertextualidad con «Le voyage dans la lune» de Méliès y otros guiños.
«Il mondo della luna», dramma giocoso en tres actos de J . Haydn. Libreto basado en el de C. Goldoni. Orquesta y Coro Buenos Aires Lírica. Puesta en escena: P. Maritano. Dirección musical: R. Fischer (Buenos Aires Lírica. Teatro Avenida, 15 de julio).

Con la presentación de «Il mondo della luna» Buenos Aires Lírica contribuye a saldar la deuda de honor que esta ciudad tiene con Haydn, compositor de una genialidad y trascendencia que no necesitan ser enunciadas aquí, pero cuya obra para la escena -escrita casi en su totalidad durante sus años al servicio de los Estérhazy- no ha contado en nuestro país con la suficiente difusión (cabe mencionar que el año pasado la compañía Lírica Lado B brindó el estreno local de su «Isola disabitata», de 1779).

Excelente elección es «Il mondo della luna», que a los méritos de Haydn suma los de Carlo Goldoni, en cuyo libreto (utilizado previamente por otros compositores) se basa. El argumento, de por sí original, pone en escena el engaño urdido por el farsante Ecclitico a Bonafede, a quien hacen creer que llevan a la luna, y aprovechando su confusión en ese «mundo al revés» fuerzan a consentir el matrimonio de sus hijas Clarice y Flaminia con el mismo Ecclitico y con el caballero Ernesto, cuyo sirviente Cecco se une a su vez a Lisetta, criada de Bonafede.

Otro acierto de Buenos Aires Lírica lo constituye el haber encomendado la régie a Pablo Maritano, joven director con especiales dotes para la comedia. Al igual que en su «Serse» de 2010 Maritano lleva la acción a la Belle Époque, lo que le facilita la intertextualidad con «Le voyage dans la lune» de Méliès y otros guiños. El dinamismo que imprime a la escena contrarresta el estatismo que podría redundar de la sucesión de arias en bloques de algunos segmentos, y sus ya conocidos -y festejados- gags resultan sumamente apropiados para el segundo acto, en el jardín transformado en delirante remedo lunar.

La eficacia de Maritano se apoya también en los rubros técnicos (Sofía Di Nunzio, Andrea Mercado y José Luis Fiorruccio) y en un elenco de excelentes cantantes-actores. Osvaldo Peroni es un Ecclitico desopilante y bien cantado que integra una dupla inmejorable junto al perfecto Bonafede de Hernán Iturralde. María Savastano, la soprano argentina que desarrolla su carrera en Europa, deslumbra como Clarice exhibiendo coloratura impecable, línea, caudal y el inconfundible «squillo» de su voz pareja y redonda. También realiza una gran tarea la santafesina Rocío Arbizu como Lisetta, con un canto bello y soltura actoral. Menos convincente parece la soprano estadounidense Jeannette Vecchione, quien sin embargo sale airosa de las enormes dificultades vocales de su papel de Flaminia. La mezzo Vanina Guilledo es solvente como Ernesto, Sergio Spina da plena vida a Cecco y el pequeño coro masculino completa con gracia el elenco.

El chileno Rodolfo Fischer estuvo al frente de una orquesta «mixta» en la que convivieron instrumentos de época con otros modernos. Pese a notorias desafinaciones de las cuerdas el aspecto instrumental resultó correcto. En síntesis, con «Il mondo della luna» BAL concreta con éxito su viaje a un Haydn desopilante, lo cual confirma una vez más que no hubo genios adustos y que el rasgo más sobresaliente de la inteligencia es, precisamente, el sentido del humor.

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