Asado... y vino. Una buena comida... y vino. Los argentinos ocupamos el puesto 25 entre los mayores consumidores de vino del mundo con casi 22 litros per cápita al año (última data, 2016). No sabemos si algo cambió con la llegada de "Franciso", pero el récord de consumo lo tiene el Vaticano, con casi 55 litros por alma.
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Pero no es aquí por donde circulan las apetencias etílicas de nuestros conciudadanos. Cada quien tiene su favorita y con unos 49 litros per cápita -bastante lejos de los 143 litros de los Checos, cabeza del ranking-, los argentinos estamos en el puesto 36 del consumo mundial de cerveza y en el 14° del consumo total (1.980 millones de litros). Así que todo lo que tiene que ver con la cerveza nos afecta y especialmente a los jóvenes entre 18 y 35 años, que representan la mitad de los bebedores con casi dos tercios del consumo total.
Para ellos tenemos una mala noticia: un equipo de especialistas en agricultura y clima acaba de publicar un estudio (Decrese in global beer supply due to extreme drought and heat, Wei Xie, et.al., Journal of Nature Plants, abril de 2018) en el que encontraron que existe una fuerte conexión entre las condiciones climáticas extremas, en particular las sequías o altas temperaturas, y el consumo global de cerveza, y que nuestro país estaría entre los 10 más afectados del globo.
Los modelos encontraron que hacia fines de siglo la producción mundial de cebada podría caer entre 3% y 17% -a pesar del desarrollo de nuevas variedades de semillas-, lo que se trasladaría en una reducción de 16% en la producción mundial de cerveza, disparando los precios de manera masiva. Por caso, de darse las premisas, podríamos ver en los EE.UU. una caída de 20% en el consumo y en Irlanda una suba de 193% en el precio. Para lo que es nuestro país, en el caso de los eventos climáticos menos severos lo que se espera es una reducción del consumo total de cerveza en torno al 16% (2%-27%) y en el caso de los más extremos una caída del 32% (23%-45%).
Hablar de los efectos del cambio climático sobre la cerveza puede parecer una cuestión menor frente al cúmulo de problemas que podrían surgir. De hecho, que la cerveza incremente significativamente su precio y que se consuma menos está lejos de ser un desastre y puede sin dudas ser algo positivo. El problema es que por milenios la cerveza ha sido un componente importante de las reuniones sociales y las celebraciones, especialmente entre la gente de menor poder adquisitivo. El impacto sería entonces sobre la calidad de vida de las clases más bajas, al hacer inviable la "cervecita" al final del día para millones de trabajadores en todo el mundo, disparando profundos cambios sociales y políticos.
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