Maleficio antártico: otro naufragio de nave militar

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Un vehículo anfibio a ruedas (VAR, acrónimo utilizado por los infantes de Marina) se hundió en la Antártida frente a la base Esperanza. La novedad corrió como el rayo hasta el despacho del comandante operacional del Estado Mayor Conjunto, general Daniel Camponovo, responsable operativo de la campaña antártica, quien hizo lo propio con la máxima autoridad del ministerio, Nilda Garré. Sin embargo, el incidente no fue dado a conocer a la prensa.
Desde la costa, el teniente coronel Pedro Gómez, jefe de la base, seguía con ansiedad el episodio (ocurrió el sábado 14 de febrero) pues el VAR transportaba una carga de víveres destinados al sostén logístico de la dotación de militares y científicos. El hecho no ocasionó heridos, sí la angustia de la pérdida de más de 3 mil kilos de mercadería que fueron al fondo del mar. Ahora comienza otro calvario: la investigación sumaria para determinar las razones del naufragio, y los responsables, amén de un pedido de refuerzo en las partidas presupuestarias de la campaña venidera para reparar los daños causados por el siniestro. No terminó allí el sufrimiento del teniente coronel Gómez; mientras lamentaba las pérdidas materiales recibió la presión burocrática de Mariano Mémolli, titular de la Dirección Nacional del Antártico, quien le comunicó la inminente realización de una auditoría en control de gestión y medio ambiente.
El apriete también llegó a los jefes de las bases Teniente Jubany y Viceomodoro Marambio.
El apuro de Mémolli -de él dependen todas las bases antárticas- tiene explicación política: quiere tener en orden el sistema ante la posibilidad de una visita de Cristina de Kirchner para la reinauguración de la escuela Nº 38 de Esperanza que se incendió en julio de 2007. Los materiales destinados a la reconstrucción de la escuela viajan en las bodegas del transporte Canal Beagle.
La base Esperanza administrada por el Ejército Argentino tiene una población promedio de 80 personas, incluidas las familias de los uniformados y dos maestros encargados de la escuela Nº 38 presidente Julio A. Roca. Está emplazada sobre la costa de la bahía del mismo nombre en el extremo noreste de la península Antártica.
La embarcación que zozobró y otra similar, son auxiliares en las operaciones de apoyo logístico del transporte de la Armada, Canal Beagle. En el puente del Beagle, el comandante, capitán de fragata Diego Sánchez, ordenó la zarpada del segundo VAR en apoyo del hundido, éste socorrió a la tripulación (cuatro hombres). Las condiciones climáticas benignas ayudaron, y los marinos decidieron reflotar el VAR, maniobra que resultó exitosa.
El Canal Beagle junto a los remolcadores de mar Teniente Olivieri y Suboficial Castillo son parte del esquema de soporte logístico que la Armada dispuso al servicio de la campaña antártica.
El navío hace las veces de buque nodriza, lleva los VAR sobre la cubierta principal, por medio de una grúa los deposita en el mar y luego reparte la carga en cada uno, quienes la aproximan hasta la costa. El VAR es un medio de uso específico en operaciones de asalto anfibio, los que viajan en el Canal Beagle pertenecían al Batallón de Vehículos Anfibios de la Infantería de Marina y fueron comisionados para la campaña antártica 2008-2009. Es una especie de camión con un casco náutico y grandes neumáticos, su capacidad de carga es de 5 toneladas; se fabricaron en los Estados Unidos en 1962. La Armada los repotenció en 2006 instalándoles un motor Caterpillar de 420 HP que aumentó las prestaciones de maniobra.

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