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Malvicino: “Piazzolla marcó toda mi carrera”
Horacio Malvicino: “Desde Octeto Buenos Aires, donde empecé a tocar con él, mi vida ha estado atravesada siempre, de alguna manera, por Astor Piazzolla”.
"Aquí en la AADI, y aun con las dificultades físicas que venía teniendo en los últimos años, Leopoldo era el jefe, el tipo que decidía, además de ser una persona fuera de serie", recuerda Malvicino. "Yo entré con él acá hace 28 años, fui su vicepresidente, que es un cargo bastante decorativo, y vi cómo tuvo que adaptarse a los cambios, cómo entendió la llegada de las nuevas tecnologías, cómo mejoró e hizo más eficaz la recaudación y la distribución de los derechos. Fue tan importante para la AADI su figura que todavía no me atreví a usar su oficina. Hay muchas de sus cosas que aún la familia no ha retirado, está llena de su persona".
Periodista: Vamos al libro. ¿Por qué un texto para hablar de Piazzolla y no de tantas otras cosas que pasaron en su vida musical?
Horacio Malvicino: Es que mi vida ha estado atravesada siempre, de alguna manera, por Ástor. Empecé a tocar con él en el recordado Octeto Buenos Aires. Yo no venía del tango aunque lo conocía por mi viejo, que tenía una fonoteca grande. Yo tocaba jazz en un lugar que compartíamos con otros siete u ocho músicos; se llamaba el Bop Club. Alguien le habló de mí y Piazzolla me fue a escuchar. Me habló de ese proyecto del Octeto y empecé a ser parte. Yo no lo podía creer porque era su admirador, de escucharlo por la radio en Concordia, donde yo vivía. Ahí arranqué, y después de eso fui parte de distintos grupos suyos, de su primer quinteto y de varios más. Con él giré por todo el mundo. Y aunque es verdad que he tenido la suerte de tocar otras músicas y de compartir discos y escenarios con otra gente muy importante, lo de Piazzolla, por la significación que ha adquirido además a través del tiempo, se ha convertido en lo más fuerte de mi vida musical.
P.: Sin embargo hay una anécdota, quizá graciosa pasados los años, que dice que también tuvo sus diferencias, o al menos que alguna vez decidió dejarlo plantado.
H.M.: Sí. Fue algo de lo que aún me avergüenzo y que durante mucho tiempo no quise recordar. Tuvo que ver con mi falta de experiencia, con mi cobardía para asumir una situación y quizá también con la dureza de Piazzolla que te flechaba con esos ojos de láser que te dejaban mudo. E inclusive fue algo que me trajo problemas laborales durante mucho tiempo. La cuestión es que yo era parte de una orquesta que Ástor tenía para tocar en radio El Mundo. Hacíamos dos entradas diarias de unos 15 minutos con un intervalo. Simultáneamente, me apareció un muy buen trabajo para irme de gira a Peru con Los Mac Ke Mac's, de la familia McCluskey. Durante mucho tiempo estuve a punto de decirle a Ástor que necesitaba viajar y nunca terminaba de concretarlo. Hubiera sido lo lógico porque hubiera permitido formar a otro guitarrista para ser parte de la orquesta. Cuestión que el tiempo pasaba, yo no le decía nada y finalmente llegó el día de irme. En resumen: dejé la guitarra con el equipo en el estudio después de la primera entrada, dije que me iba a comprar cigarrillos (yo fumaba muchísimo en esa época, por lo que era creíble) y en la puerta de la radio me estaba esperando un remise con la valija para llevarme a Ezeiza. Imagínese: estuvo un año sin hablarme. Oscar López Ruiz fue el guitarrista de su quinteto. Pero cuando Oscar decidió dejarlo para dedicarse a sus proyectos, llamó a mi mujer para ver si yo querría volver. Volvimos a tocar juntos y a ser amigos, pero nunca volvimos a hablar de ese tema.
P.: Es curioso que, tanto en su caso como en el de López Ruiz, Piazzolla eligiera músicos de origen jazzero para sus grupos.
H.M.: Y no sólo con los guitarristas. Evidentemente, él tenía esa herencia norteamericana y le gustaba el ambiente sonoro del jazz. Piense también en sus asociaciones con músicos como Gerry Mulligan (a quien admiraba muchísimo), o Gary Burton, con quien giramos por todas partes. La mayor parte de su música estaba escrita al detalle, pero él dejaba una parte para la improvisación, y conmigo lo hacía mucho.
P.: Pese a que era parte de esa movida del Bop Club y que tocaba la guitarra, usted llegó en verdad a Buenos Aires para ser médico. ¿Qué fue lo que lo hizo cambiar en el camino?
H.M.: Yo venía de una familia laburante. Mi viejo era un tipo que trabajó en los ferrocarriles con los ingleses, llegó a tener un cargo importante. Cuando Perón compró los trenes, le quisieron imponer algunas cosas que él no quiso aceptar. Se plantó y lo degradaron. No se lo bancó y finalmente se fue. Así que era una familia donde había que pelearla. Me vine a la Capital para estudiar medicina; y tanto no pensaba en dedicarme a la música como profesión que ni siquiera me traje mi guitarra. Por aquel tiempo, lo mío era la música clásica, las obras de Sor, de Carulli, de Bach. Y me parece que Piazzolla fue fundamental en esa decisión de vida. No sé qué habría pasado si él no me hubiera buscado para ser parte del Octeto, pero pasó. Dejé medicina y fui músico toda mi vida.
P.: Está tocando menos actualmente.
H.M.: Sí, claro. Igualmente, he venido haciendo y hago algunas cosas. Estoy estudiando mucho. Tengo mi guitarra en mi despacho de la AADI y toco todos los días. Siempre tengo el prejuicio, además, de hacer cosas que me salgan muy piazzolleanas. De lo último que hice, está el disco con Federico y Adalberto Cevasco.
Entrevista de Ricardo Salton


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