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Malvinas: Londres invita al país a cumbre con kelpers
William Hague, canciller británico, invitó a la Argentina a debatir sobre Malvinas, pero con los kelpers de por medio. El país no acepta sentar a terceros y sigue protestando por la militarización de la zona que Inglaterra agravó con el envío de un destructor y la visita del príncipe heredero.
Las controversias de política exterior cierran así en primer plano en la agenda del Gobierno de Cristina de Kirchner en el primer mes de 2013, teniendo en cuenta que al inicio de esta semana se anunció un acuerdo clave con la República Islámica de Irán para crear una Comisión de la Verdad en la causa AMIA. Ahora, la corona británica ofrece una oportunidad clave para que la Casa Rosada intente una vez más reabrir las negociaciones bilaterales por las islas Malvinas, más allá del rechazo explícito de la Cancillería de Timerman a sentarse con representantes de los kelpers. La invitación formulada por Hague parece invertir la carga argumental ya que ahora aparece Londres dispuesta a sentarse a una mesa bilateral con la Argentina y, poniendo al Gobierno kelper de por medio, fuerza al Gobierno argentino a rechazar la propuesta -ver nota aparte-.
Según la asamblea legislativa de las Malvinas, Hague "querría plantear la seria preocupación del Reino Unido sobre la política de la Argentina" hacia el archipiélago del Atlántico Sur bajo control británico desde 1833. Dos de sus miembros, Dick Sawle y Jan Cheek, viajarán este fin de semana a Londres a fin de estar disponibles para participar en la reunión, precisó la asamblea legislativa de las Malvinas en un comunicado en el que precisa que "no van a negociar ningún acuerdo con la Argentina".
Según esta fuente, la reunión fue pedida por el propio Timerman, pero Hague le contestó que en cualquier tema relacionado con las Malvinas debían estar presentes representantes del Gobierno del archipiélago austral.
Exigencia
"Hague también reiteró a la Argentina que nunca podrá haber ninguna negociación sobre la soberanía de las islas Falklands al menos y hasta que lo deseen los isleños", subraya el comunicado publicado en la página web del Gobierno.
"La asamblea legislativa de las islas Falklands cree que el resultado del próximo referendo demostrará definitivamente que no lo deseamos. Si el tema de la soberanía se plantea en la reunión, no se discutirá", afirma el texto.
"Exigimos que se respeten nuestros derechos y que se nos deje en paz para elegir nuestro propio futuro y desarrollar nuestro país para nuestro hijos y generaciones venideras", agregó la asamblea legislativa. Los casi 3.000 habitantes de las Malvinas, en su mayoría británicos, están convocados a las urnas los próximos 10 y 11 de marzo para pronunciarse sobre si desean seguir siendo un territorio de ultramar del Reino Unido.
La Argentina rechaza esa consulta, porque considera a los malvinenses como "población implantada" por el Reino Unido.
La disputa por la soberanía dio lugar en 1982 a una sangrienta guerra de 74 días que dejó 649 soldados argentinos y 255 británicos muertos. Desde entonces la Argentina canaliza sus reivindicaciones por la vía diplomática.
El 30º aniversario del conflicto estuvo marcado el año pasado por una escalada verbal entre Buenos Aires y Londres y por denuncias argentinas sobre una "militarización" británica de la zona y la exploración de posibles recursos petroleros, uno de los principales puntos de fricción. En un reciente mensaje a los malvinenses, el primer ministro británico, David Cameron, denunció los intentos argentinos para "aislarlos, bloquear su comercio y socavar sus industrias pesquera, de hidrocarburos y turística legítimas".
Los ánimos se volvieron a caldear este año, cuando Cristina de Kirchner publicó en la prensa británica una misiva a Cameron pidiéndole el "fin del colonialismo" sobre una islas de las que la Argentina fue "despojada por la fuerza", y lo invitó a acatar las resoluciones de las Naciones Unidas. El comité de descolonización de la ONU vota regularmente resoluciones que invitan a los dos países a negociar una solución en la diputa por la soberanía; el Reino Unido siempre ha rechazado esos pedidos, amparándose en el derecho de autodeterminación de las islas.


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