24 de noviembre 2011 - 00:00

Mancha voraz: pelea UCR complica todos los frentes

La interna por sobre todas las cosas. Siempre fue la pasión máxima del radicalismo que alumbró, inclusive, hasta doctrinarios en ese tema, consultados en ocasiones por otros partidos. Esa escuela de tanto éxito, ahora amenaza con destruir a un partido que tiene las acciones devaluadas en su conjunto, pero que en particular (y éste es el máximo peligro) tiene algunas joyas interesantes, como su rosario de intendentes en todo el país o sus bloques en el Congreso, que pueden despertar la codicia de terceros.

Pero ni esos peligros (incluido el de una segunda ola de radicales K) logran convencer a la dirigencia partidaria que pare con la interna salvaje.

A la pelea por el Comité Nacional (ver nota en pág. 10), se suma la del bloque de senadores. La puja hasta último momento estaba entre el formoseño Luis Naidenoff, apoyado al final por Ernesto Sanz, el pampeano Juan Carlos Marino, el chubutense Mario Cimadevilla y el chaqueño Roy Nikisch. Enfrente el Morena, bajo la tutela de Gerardo Morales, sostiene al tucumano José Cano.

Dividido en dos, queda en el medio el cobismo negociando, entre otros cargos, la vicepresidencia del cuerpo (quizás para el rionegrino Pablo Verani) lo que no deja de provocar una guerra con Marino que se siente muy cómodo en su puesto.

Parecía que todo se jugaba en ese terreno con vistas a la reunión de bloque del martes hasta Nikisch desembarcó en la interna no por pretensión propia sino como lista de unidad. El chaqueño es del Morena (grupo alfonsinista) y también es concuñado de Naidenoff, por lo que ayer se intentaba tender puentes para un acuerdo todavía muy verde.

En Diputados la cuestión no es menor. Ricardo Gil Lavedra maneja a todo vapor su reelección como presidente del bloque, siempre con el apoyo de Ricardo Alfonsín. Pero tiene enfrente a un bloque dividido donde el cordobés Mario Negri tiene apoyos y donde también protesta Oscar Aguad, que fue desplazado de la jefatura del bloque hace un año cuando avanzó allí el alfonsinismo.

En medio de tanta pelea los radicales deben enfrentar algunos flancos complicados. Es que no sólo de internas vive el Congreso. Por ejemplo, se sabe que el Gobierno no sólo quiere votar el Presupuesto 2012, la prórroga del impuesto al cheque y el especial sobre cigarrillos y la Emergencia Pública. Ahora también activó la votación en la primera semana de diciembre de la reforma al Código Penal para castigar el financiamiento al terrorismo.

Ese proyecto está en espera en Diputados desde que el Gobierno lo envió, junto con el que castiga el uso de información privilegiadas en el mercado y el fraude en tomadores de fondos, una semana antes de la última reunión del GAFI en París.

Allí la Argentina se comprometió a votar esa ley antes de febrero, cuando llegue la próxima revisión de los controles al lavado de dinero y financiamiento al terrorismo. Para lograrlo no le queda otra opción que votar esas dos leyes antes que termine diciembre, en el período de sesiones extraordinarias.

Y en esto el radicalismo está algo perdido, en este tren de quedar atrapado en la interna. Por ejemplo, el Gobierno, a través de Julio Alak, ya se comunicó con Federico Pinedo para armar una reunión de asesores en Diputados y consensuar la redacción final de ese proyecto. Quieren garantizarse la votación y la UCR no aparece aún. De hecho en la negociación por la última reforma a la ley antilavado, los radicales casi dejaron ese tema en manos de Alfonso Prat Gay.

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