• DIÁLOGO CON EL AUTOR DE "DERECHO NATURAL" Y "LA BUENA REPUTACIÓN" Visitó Buenos Aires el novelista español y dialogamos con él sobre algunos de sus temas, como el falseamiento del pasado para acomodarlo al presente.
Martínez de Pisón. “Estamos tratando temas que antes se evitaban”.
La historia de una familia, con momentos divertidos y otros conmovedores, le sirve al español Ignacio Martínez de Pisón para plantear en "Derecho natural" el tema de la manipulación de la memoria. Martínez de Pisón ha escrito una veintena de obras; entre ellas, "El día de mañana" se está convirtiendo ahora en serie televisiva. Visitó Buenos Aires y dialogamos con él sobre "Derecho natural", que obtuvo en 2015 el Premio Nacional de Narrativa de España.
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Periodista. ¿Por qué, en una etapa crítica de España como la actual, usted regresa en su novela a la etapa de la transición?
Ignacio Martínez de Pisón: Es una forma de cuestionar el presente. En mi novela anterior, "La buena reputación", traté el tema de la identidad a partir de lo que les ocurrió a algunos judíos en Melilla cuando acabó el protectorado; Marruecos se descolonizó, España regresó a la península, y al mismo tiempo se creaba el Estado de Israel. Hablaba de otros hechos pero, en el fondo, reflexionaba sobre el debate de lo que ahora ocurre en Cataluña, sobre si se es catalán o español, o catalán y español. En "Derecho natural" me ocupé de la manipulación del pasado, de cómo una persona se reinventa a partir de cierto momento y comienza a reescribir el pasado para que coincida con su presente. "Derecho natural" muestra que las cosas que no funcionan tienen su raíz en el pasado. España vive problemas cuyo origen proviene de cuando se constituyó la España democrática en torno a 1968. Y para saber por qué aquellos años fueron convulsos hay que retroceder a la Guerra Civil. Son cadenas de acontecimientos que tienen consecuencias y que van constituyendo la sociedad de una cierta manera. Hace cincuenta años había mucho por deshacer y hacer. Deshacer la legislación anómala del franquismo y empezar de cero, y construir una legislación democrática.
P.: Y lo hace a través de una familia.
I.M.P.: No me interesa contar historias de gente prominente. Me interesa más la gente corriente que está a merced de las grandes convulsiones históricas. En mis 56 años lo más importante que me ha pasado es la muerte de Franco y los cambios subsiguientes. Hubo un cambio en la sociedad que fue un camino a la democratización que concluyó en 1981, cuando se produjo el golpe frustrado de Tejero. Años en los que yo me estaba formando como persona. Por tanto también hay un interés personal, autobiográfico, en contar aquellos años. Cuando hablamos de la novela algunos sostenemos la obligación de contar una sociedad, un momento histórico, por qué somos como somos, por qué la sociedad de la que formamos parte es como es. Hoy algunos escritores estamos hablando de la transición, pero hasta hace unos años no se lo hacía porque era remover recuerdos que no eran agradables, recordar que fuimos un país muy tolerante con la dictadura. Los escritores tenemos que preguntarnos cómo fueron aquellos años y contárnoslo, y contarlo, y poner un poco de orden en aquellos años. Hay sucesos que pueden parecer particulares y tiene dimensión global. Hay momentos de convulsión que se parecen a los de otros lugares. A veces la historia rima, y países diferente, en épocas distintas, tienen circunstancias parecidas.
P.: Usted muestra que los cambios se hacen patentes en la conducta de las mujeres.
I.M.P.: La madre del protagonista, contrariamente a cómo la han educado, se da cuenta de que tiene derecho a luchar por sus derechos. No la habían formado para ser protagonista de su propia historia, y eso la enfrenta a conflictos con sus hijos. La mujer española durante siglos no había avanzado, y en una generación dio mil pasos.
P.: El padre del protagonista, que se llama como él, actor de películas clase B, imitador de Demis Roussos, representa todo lo que Ángel no quiere ser, los errores que no quiere cometer.
I.M.P.: Empezar una novela con que se gana la vida imitando a un cantante que ya está en baja es colocarla en un registro humorístico, en un registro modesto, humilde. Es decir, al lector voy a contarle de personajes menores, cosas graciosas, y cómo las cosas cambian. Así puedo recordar el cine de bajo presupuesto que había en España, que fingía ser extranjero, y a la vez de cosas grandes con un tono pequeño, como de la idea de justicia, del derecho natural, de la familia como jaula y cobijo. Al lector hay que tratarlo con cortesía. Hay novelistas que no hacen más que ponerle obstáculos. Yo creo que hay que ofrecerle un recorrido de interés, diversiones y temas que llevan a la reflexión, y emociones como las que ofrece la música. Pero evité la nostalgia porque la nostalgia blanquea todo y no sirve de nada, ofrece sentimientos de baratillo.
P.: Su libro remite a la tradición española del realismo de Galdós y Baroja, que parecía abandonada.
I.M.P.: Hubo un tiempo en que el realismo no tenía prestigio, algo raro porque las sociedades necesitan alguien que las cuente, por eso en Estados Unidos siempre ha habido novelistas realistas. Yo creo haber aprendido más de un realista como Philip Roth que de Galdós.
P.: ¿En qué está ahora?
I.M.P.: Investigando sobre un estafador austríaco que apareció por España en 1931 y en 1939 convenció a Franco de que tenía una fórmula mágica para hacer gasolina y que España se iba a convertir en la primera potencia exportadora de petróleo.
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