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Massa: bloqueó un éxodo con plan “rebote” de abril
Sergio Massa mostró unido al FR luego de una semana agitada: renunció a “desmalezar” la lista de gobernadores, pero apostó a recuperar competitividad y a que sus aliados no tienen espacios adonde ir.
Antonio Sola, el consultor español que se zambulló en el planeta Tigre de la mano de Ramiro Agulla -juntos hicieron la campaña de Francisco de Narváez en 2013, la del "Ella o Vos"- aportó el eslogan que reemplaza al "Distinto" de Agulla y ensaya un giro más agresivo para disputar el perfil opositor con Mauricio Macri. La consigna, "El Cambio Justo" la usó, según recordó el consultor Mario Riorda, el exjuez Guillermo Johnson en 1995 como candidato a gobernador cordobés del PJ y cayó con Ramón Mestre.
Massa no se desprendió de Sergio Bendixen, su asesor peruano, pero apostó al método más agresivo de Sola a quien hizo hablar, el sábado, frente a los candidatos y referentes del FR, aunque, más allá de cierta destreza oratoria, no entregó datos sólidos. "La polarización entre el Gobierno y Macri es una mentira", dijo el español, aunque no explicó por qué. "Parece Kicillof", comparó un massista.
Fue Massa, sin embargo, el que sirvió la estadística para poner en duda el antagonismo entre Macri y el candidato del FpV, en particular, Daniel Scioli. "Nuestros votos son el 35% de agosto (de 2013), el 44 de octubre fueron votos prestados", detalló en modo puntero de padrón y deslizó, entre eufemismos, que si el FR remonta hasta ubicarse otra vez en el 35% en la provincia de Buenos Aires, su sueño presidencial recupera la competitividad y la potencialidad perdida.
El massismo primer anillo despliega una ecuación según la cual cada punto bonaerense representa un 0,40% nacional. Si la intención de voto de Massa vuelve al 35% de agosto de 2013, lo que requiere crecer 10 puntos, eso equivale a remontar 4 puntos a nivel nacional, lo suficiente para relegar a Macri y volver, como en épocas más felices, a antagonizar con el oficialismo. El pasado siempre fue mejor pueden decir los massistas con nostalgia de lo reciente.
La juntada del sábado, armada a las corridas, le sirvió a Massa para poner a prueba su muñeca para evitar una implosión. Dedicó parte de la semana, en charlas mano a mano, a ablandar a los ariscos y evitar que el plenario de San Martín sea la postal de un naufragio. Tuvo que ceder: pasó del "operativo descreme" al todos juegan, con lo que gambeteó faltazos y éxodos en su momento más crítico.
Sangría
La sangría fue ínfima: el único referente con peso histórico y territorial que se ausentó fue Baldomero "Cacho" Álvarez, a quien en el FR dan rumbo al peronismo K. Hay otros en gateras -en San Martín miraban con recelo a Ignacio de Mendiguren por un supuesto acercamiento al PRO-, pero el criterio general es que, a esta altura, no hay lugares hacia donde huir sin incinerarse en el intento. El expediente Sandro Guzmán es sintomático: el alcalde de Escobar volvió al planeta K, con la frente baja, promesas de recursos y la orden de no "actuar" hasta tanto Carlos Zannini no le indique qué hacer. Así y todo, Carlos Kunkel dijo ayer en radio que hay "dos intendentes charlando" para volver al FpV.
"Vamos en un barco a la deriva, pero por el mar del Norte: si nos tiramos, el agua está congelada", dijo, con metáfora brutal, un armador. La tregua se extenderá por 20 o 30 días, período en que Massa habilitará acuerdos entre los suyos, pero, sobre todo, en los que tratará de "rebotar" en términos políticos y electorales para volver a ser competitivo. Si no ocurre en abril, en mayo habrá cambio de planes.


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