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Mauri, precursor de la cultura de masas
En la muestra de Fabio Mauri los horrores cometidos por el nazismo y el fascismo atraviesan las performances, que trascienden su época y son todavía una interpelación. Como en la obra de su amigo Pasolini se reconoce en él el mismo intento de despertar a una sociedad dormida.
No obstante, sus obras oscilan entre el conceptualismo distanciado de las pantallas, "espacios filosóficos, mentales, para producir pensamiento", como observa el curador de la muestra, Giacinto Di Pietrantonio, y la presencia literal del horror: el jabón, los dientes, la piel de los judíos utilizada en las riendas de un caballo, o la grasa en unas velas.
La serie de sus "pantallas" monocromáticas iniciada en 1957 y las obras "The End" carecen de relato, de este modo, el vacío del plano blanco pone en juego la capacidad de imaginar. "Desde el principio el mundo me ha parecido una enorme y solo parcialmente descifrada proyección. El objeto-símbolo de este estado de cosas, de este modo de ser nuestro frente a la realidad es la pantalla... Nosotros no vemos toda la realidad posible... vemos porciones del mundo, aquellas que nuestra cultura nos permite distinguir".
En el ingreso a la exposición se levanta un paredón conformado por bolsos y valijas. La visión del bloque de equipajes acumulados recién adquiere su verdadera significación al leer el título y la descripción de la instalación: "El Muro Occidental o de los Lamentos", "presentado en 1993 en la XLV Bienal de Venecia... es emblema de la división del mundo, del exilio, de la fuga, del éxodo forzado. Las valijas pertenecen a individuos, tanto inmigrantes como emigrantes, y no necesariamente a víctimas del Holocausto".
Ligado al cine y la literatura, Mauri fue, como Pasolini, un genuino intelectual y asumió la responsabilidad de mostrar una realidad que gran parte de la sociedad de la segunda posguerra quería olvidar. Los errores cometidos por el nazismo y el fascismo atraviesan las performances que trascienden su época, y son todavía una interpelación.
"Hebrea", muestra a una joven frente a un espejo con una estrella de David. Ella se corta el pelo, la acción dura una hora y media y la exhibición del cuerpo desnudo y los pelos colocados sobre un sucio estante, provoca rechazo.
La otra performance que se presentará en Proa durante la muestra, es "Ideología y Naturaleza" de 1973, protagonizada por una joven con uniforme fascista de "pequeña italiana" que, con una lentitud exasperante, por momentos, se desnuda para luego volver a vestirse una y otra vez. En esas dos horas se advierten variaciones en el ritmo y el orden de las prendas, que suscitan reflexiones sobre el uniforme y al autoritarismo, mientras la desnudez remite a la idea de la naturaleza.
El arte de Mauri tiene una condición experimental y su obra se resiste al encasillamiento.
Las contradicciones entre la cultura alemana que Mauri amaba, el horror del nazismo y el despuntar de la frívola "sociedad del espectáculo", provocan una crisis que según observa Di Pietrantonio derivaría en internaciones y electroshocks.
La obra de Mauri llega por primera vez a Sudamérica y, aunque su complejidad no es fácil de asimilar, lo vuelve comprensible la afinidad de su arte con el realismo por momentos brutal de Pasolini, se reconoce el mismo intento de sacudir y despertar a una sociedad dormida. El curador relata la performance "Intellettuale" que en 1975, en la Galeride Arte Moderno de Bolonia, Mauri le dedicoa Pasolini. Allí proyectó la peli"El evangelio seguSan Mateo", sin sonido y sobre el cuerpo-pantalla del propio Pasolini vestido con camisa blanca y sentado en medio de la sala. "En la oscuridad, miiluminado por la luz de la proyeccioaparecía una 'radiografidel espíritu' en el cuerpo del poeta que, poco tiempo despueserisacrificado en la costa de Ostia, poniendo fin a la vida del intelectual opositor".
A.M.Q.


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