1 de abril 2015 - 00:19

Máximo bosquejó hoja de ruta: duelo, candidatos y apellido K

• A 7 MESES DE SU DEBUT EN ACTO, EL HIJO DE LA PRESIDENTE REAPARECIÓ Y DESLIZÓ PISTAS ELECTORALES

Máximo Kirchner, Néstor Kirchner y Mauricio Macri
Máximo Kirchner, Néstor Kirchner y Mauricio Macri
 En una atmósfera K cruzada por incertidumbres, Máximo Kirchner bosquejó ayer, en su segundo "relato" público en trece años de Gobierno familiar, un manojo de pistas e indicios que sirven como hoja de ruta sobre cómo proyecta el Gobierno los meses que vienen y, sobre todo, la esquema electoral.

Más llano y lineal que Cristina de Kirchner, su madre Presidente, Máximo Kirchner exploró cuestiones de táctica electoral como, en otros tiempos, lo hacía Néstor Kirchner. Los que lo visitan en la residencia presidencial -un legislador la llama la Unidad Básica Olivos- marcan ese matiz.

Ayer, durante una entrevista de casi una hora en radio Continental -en que desmitió una información periodística sobre cuentas secretas en el exterior- el hijo mayor dio una serie de definiciones que cancelan incógnitas y abren, a la vez, otras.

Tuvo, también, un efecto emotivo en el universo híper K: como ocurrió tras su discurso en el estadio de Huracán durante el acto de agosto de 2013, en la dirigencia neocamporista y sus satélites, la irrupción de Máximo Kirchner animó todo tipo de hipótesis y fantasías, entre ellas la del hijo presidencial como candidato presidencial.

Al margen, Máximo Kirchner fijó distintos parámetros sobre el armado oficial. Veamos:

I. Terminó de constituir a Mauricio Macri en el enemigo preferido. Máximo Kirchner, abrazado a un argumento que repetía su padre -que a su vez lo tomó de Torcuato Di Tella-, sostiene que el jefe de Gobierno, como expresión electoral de eso que llama "centro/centro-derecha" tiene un techo de votos que ubica en el 42 o el 45%. Es decir: Macri es vulnerable, incluso, en un balotaje. Por eso, ayer mencionó en más de seis ocasiones al jefe del PRO y lo puso como antítesis y rival del espacio K. Le imputó tener "irresponsabilidad supina" en planteos de gestión, le reprochó no decir quién integra el "círculo rojo" y lo comparó con Fernando de la Rúa. En cambio, apenas si mencionó una vez a Sergio Massa.

II.
Admitió, en un tono inédito, la posibilidad de ser él mismo candidato en estas elecciones. Confesó que tiene ganas pero que dependerá del rumbo y los vaivenes de la política. Fue casi inmediato que varios dirigentes, desde Edgardo Depetri a Juan Cabandié, salgan a agitar la variable de Máximo Kirchner candidato a presidente, lo que profundiza la línea que circula hace semanas, y de la que este diario dio cuenta, respecto de un "tercer hombre" en la grilla de candidatos K. Por lo pronto, instaló la idea de que el apellido Kirchner estará en alguna boleta del FpV este año con lo que, al margen de que la Presidente sea o no candidata, volverá a haber un K en las listas como ocurrió entre 2003 y 2011 y, antes, de 1989 en adelante en Santa Cruz cuando en cada elección el apellido Kirchner estuvo en las listas.

III. A pesar de ese juego, Máximo citó a cinco candidatos presidenciales K: Sergio Urribarri, Agustín Rossi, Aníbal Fernández, Daniel Scioli y Florencio Randazzo, pero no mencionó a Jorge Taiana, el promovido por el Movimiento Evita. A los demás los puso en un nivel de igualdad y dio a entender que habrá PASO para elegir al postulante K. Deslizó que tiene preferencias pero "todavía no es el momento de expresarlo", con lo que deslizó que podría levantarle la mano a algún postulante.

IV.
En ese contexto, volvió a poner un escalón abajo a todos los anotados para la sucesión y martilló sobre la idea de Cristina como gran electora. "Uno los ve -se confesó- y se produce una suerte de (ninguno es como) Cristina", pero "son todos muy buenos compañeros" y "uno observa que está bien representado". En la misma línea, reforzó la idea de la condución verticalista del FpV: "Los demás partidos son casi una concepción bipersonal" mientras en el espacio K "hay un liderazgo claro" que, por cláusulas constitucionales, no se puede refrendar en las urnas, se lamentó de la imposibilidad de un tercer mandato de su madre. La explicitación de ese deseo en 2012 sacudió la campaña de 2013 en que el oficialismo tuvo su peor elección histórica, en las Primarias de agosto aunque remontó varios puntos en octubre.

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