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Mazzini: “El buen flamenco es mucho más que zapateo”
Jorge Mazzini combinó en «Flamenco», espectáculo que acaba de estrenarse en el Teatro Astral, actores que interpretan fragmentos de obras de Federico García Lorca con bailarines y músicos.
Periodista: ¿Cómo se vincula al flamenco un director de teatro de prosa como usted?
Jorge Mazzini: Cuando me empecé a vincular al flamenco, yo también me hice esa pregunta. En realidad, alterné las dos cosas. Cuando estaba elaborando una versión de «Bodas de Sangre», me encontré con un texto de García Lorca que decía: «Comprenderás finalmente el flamenco cuando te encuentres al rey moro», y teniendo en cuenta que mi segundo apellido es Abdala, en ese momento me encontré con la motivación que me llevó a ello. Evidentemente esto ocurre por la trascendente importancia que tienen el arte árabe, el componente judío-español, los aportes hindúes en la conformación de la cultura flamenca más genuina.»
P.: ¿Cómo cree que hace el público para diferenciar cuándo está viendo un flamenco genuino y uno «for export»?
J.M.: El flamenco es un arte visceral. Es un arte de emoción. El flamenco «for export» está trabajado desde la destreza y no desde lo interno. Si está trabajado desde la destreza el espectador va a tener una apreciación meramente intelectual y se sorprenderá por cómo gira ese bailarín y cuántas piruetas da. En cambio el flamenco genuino, el que viene de la esencia del cante jondo, tiene que golpear desde la emoción, desde adentro y recién entonces llevarnos a la deducción intelectual del hecho. Es decir, cómo lo hizo, cómo lo logró, con qué elementos.
P.: ¿Cuál es la génesis de este espectáculo?
J.M.: La génesis responde a la fusión de García Lorca con el flamenco, que no es ninguna novedad ya que separar a Lorca del flamenco y el flamenco de Lorca es casi imposible, no sólo por haber nacido granadino sino que tuvo mucha vinculación con el flamenco desde sus orígenes, ya que hay un montón de obras poéticas que, a veces, no se las tiene en cuenta en las antologías y no pertenecen a ninguna obra en especial pero que están escritas en la estructura rítmica del flamenco. No hay que olvidar que García Lorca y Manuel de Falla fueron los precursores de la instalación internacional del flamenco con aquel famoso Festival de Cante Jondo de los años 20. Lo que sí podría ser considerada una idea mía es hacer una suerte de compacto de buena parte de su obra con la interacción de los bailarines, actores y músicos. Algunas de estas fusiones son una pequeña suite de «Yerma», donde se cuenta en un solo cuadro su nudo argumental; también hay una escena de «La casa de Bernarda Alba», interactuado por la actriz que hace de Bernarda» y las bailarinas que son sus hijas, y fragmentos de «Bodas de sangre», entre otras.
P.: ¿Y todo eso como se estructura?
J.M.: En diez cuadros. Están unidos nada más que por la atmósfera lorquiana, no hay un hilo conductor que las vaya relacionando pero sí un lazo emocional. No hay los artilugios del típico show de flamenco. Eso lo estoy cuidando todo el tiempo para que no se me escape. Cuento con un equipo muy sólido de gente. Están Dora Prince, Juan Carlos Puppo y está también Aymará Bianquet, todos actores que pueden abordar este tipo de textos con solvencia y que si miramos desde cincuenta años para acá, resultan los indicados ya que a los más jóvenes les cuesta mucho más ponerse en la piel de personajes tan castizos.
P.: ¿Cómo manejó el aspecto coreográfico del espectáculo?
J.M.: Yo vengo a ser como el coreógrafo integral, lo que no hago es percusión (zapateo), pero de mí sale el diseño de todo lo que tenga que ver con el cuerpo en el espacio y selecciono lo que me proponen los otros coreógrafos para ilustrar cada una de las situaciones dramáticas. A veces los coreógrafos del flamenco se embelesan con el sonido que tienen los pies y se desvinculan con lo que está pasando en escena. Ese es precisamente mi trabajo. Indicar qué es lo que necesito para cada una de las situaciones. Además cuento con bailarines como Fabiana Pouso y Claudio Arias, que son muy buenos, con los que he trabajado coordinadamente para el armado del aspecto dramático del baile. También tenemos a una bailarina cubana que perteneció al Ballet de Antonio que configura otra imagen. Ella es abanico, mantón, palillos, torso, buenos pies, es la imagen de la mujer.
P.: ¿Y el musical?
J.M.: Hay música en vivo. Rodrigo González es la guitarra principal y es el director musical. Hay una segunda guitarra, un violín, un cajón peruano y dos cantaores: Montse Ruano y Basilio Cádiz. Me costó bastante trabajo armar este elenco. Visualmente, el escenario está despojado totalmente. Hay algunos elementos de utilería esenciales en un entorno de cámara negra. Hay un cuatro con luz negra que es cuando me involucro con el mundo onírico de García Lorca. Entonces aparecen los símbolos. Ahí se ven también parte sus dibujos. La visión es surrealista, consecuencia de ciertos climas estéticos que surgen del contexto y de la época.
Entrevista de Eduardo Giorello


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