- ámbito
- Edición Impresa
“Me intriga ese voluntarismo humano para la felicidad”
Para Barba, “el cómico no sabe quién es y por eso huye hacia un no lugar. Me interesa cómo las celebridades huyen de su celebridad. Cómo la celebridad se desarticula fuera de los territorios nacionales”.
Periodista: ¿Qué se siente al estar "en presencia de un payaso"?
Andrés Barba: Toda una parte de mi novela está fundada en la fuerza de ese título. ¿Qué puede suceder y qué no puede suceder en presencia de un payaso? ¿Cómo modifica la realidad la presencia de un payaso? Es como una especie de detector de mentiras. Todo lo que es medio falso en presencia de un payaso se desmorona. Y eso es quizá lo que resulte más interesante.
P.: Abel, hermano de la esposa del protagonista, fue un payaso de la tele, popular, famoso, que un día decidió dejar de serlo, y lo único que lo movería a volver a ser payaso es meterse en política.
A.B.: El proyecto político del payaso se parece al del cómico Beppe Grillo en la Italia de hace unos siete años, básicamente es sentar a un maniquí en el Congreso, en la Cámara de Diputados. Es un proyecto subversivo que tiene el carácter de espejo y de conciencia. Los políticos tendrían que ver que una cantidad de gente ha decidido sentar allí un maniquí. Será una presencia ominosa que convierte el recinto en un espacio teatral. Vale tener en cuenta que el payaso se relaciona mal con el humor porque tiene un enorme sentido de la dignidad. Es que tradicionalmente el español ha tenido una relación problemática, compleja, con el tema del humor, con el sentido de la dignidad. También es complejo el escaso sentido dialéctico de la mentalidad española. Sólo hay que comparar el humor argentino con el español para darse cuenta de que el argentino es dialéctico, verbal, ingenioso, en tanto que el español es costumbrista y macabro, aún sigue siendo de un humor negro, de la bofetada, de la humillación. Hay en Abel, en el payaso de mi novela, en su dimensión cómica, en su personaje de Lola Perpetua, un homenaje privado al personaje de Violencia Rivas, que es uno de los grandes hallazgos de Diego Capusotto, es una especie de articulador de la furia contra el absurdo de cuestiones que tenemos que cargar. Cuestiones de una ridiculez tan extrema que sólo un personaje como Violencia Rivas puede poner de manifiesto en su absoluta estupidez. Me divertía hacer de Lola Perpetua una especie de Violencia Rivas en versión española.
P.: Su novela parte de un éxito que provoca un problema. El físico Marcos hace un hallazgo científico y para difundirlo en una publicación consagratoria debe escribir una autobiografía en 300 palabras de carácter lúdico, literario, creativo, que le significa un verdadero problema.
A.B.: Los físicos son como los humanistas de la ciencia. Son los que tienen una relación mental mayor con la literatura. En revistas como Review of Modern Physis tienen lugar sus pequeñas excentricidades. Me pareció verosímil que en una revista así le ordenaran hacer un retrato literario de sí mismo. El problema de Marcos es qué cuenta y cómo lo cuenta. En la búsqueda de qué decir se mete en recuerdos, en problemas. Por ejemplo recuerda la vez que su mujer lo engañó con un profesor italiano. Él la ama, y ella a él, y siguen juntos. Creo que los problemas que aparecen son al alcance de todos los bolsillos. Quizá los asuntos más extraordinarios del libro sean los que tienen que ver con la celebridad, la relación con la celebridad, cómo una celebridad se relaciona con su propia celebridad cuando deja de ser célebre, que sería el caso de Abel. Está, además, el asunto de tener un padre al que algunos le dicen que es marica. Está el abandono de su madre. Y ese golpe de efecto sobre el final de la novela, una revelación importantísima, que no vamos a revelar para no arruinarle el libro a la gente. En fin, la sospecha de toda una vida se manifiesta de una forma distinta a la esperada.
P.: En su novela parecieran estar programadas las apariciones de lo emocional.
A.B.: Creo que estamos acostumbrados a relacionarnos con sentimientos flotantes que de pronto se precipitan en situaciones más o menos inesperadas. Por ejemplo la infidelidad, que es un tema literario por antonomasia. Cómo se llega hasta la infidelidad. Qué sucede desde que alguien se enamora de alguien hasta que de pronto le es infiel. La postinfidelidad, si la relación es estable o inestable. En la novela es una infidelidad que está terminada, totalmente cerrada, perdonada, aún sigue como una mosca en el inconsciente. Eso me parecía un interesante motivo literario.
P.: ¿Qué buscó contar en "En presencia de un payaso"?
A.B.: Me he dado cuenta de que la gente se sobrepone a cosas todo el tiempo, algunas extraordinariamente difíciles. Las toman con bastante buen humor, con voluntad de salir adelante. Esa especie de voluntarismo de vivir bien nuestra vida, de ser moderadamente felices y hacer moderadamente felices a los demás en lo que podemos, son motivos para la esperanza en la especie humana. Ese voluntarismo para la felicidad era algo que quería que estuviera en mi libro. Luego está el tema de la paternidad que flota por la novela tanto por presencia como por ausencia todo el tiempo.
P.: Usted confiesa que estaba estudiando las películas de Ingmar Bergman y cuando se encontró con la que se llama "En presencia de un payaso" no la quiso ver, porque ese título lo había impulsado a escribir algo propio, una novela. ¿Fue la palabra payaso el disparador?
A.B.: En realidad el personaje de la novela es más un cómico que un payaso, se parecería más a un Capusotto, a alguien que realiza una comicidad que retrata personas, que construye personajes, que hace una crítica de las costumbres.
P.: ¿Cuáles considera sus influencias literarias?
A.B.: Voy a elegir sólo una referencia mental porque uno se puede meter en el jardín de las referencias y referenciarse a favor o en contra de cualquiera que ha leído. Creo que el escritor que me ha ayudado más a elaborar mi propia escritura es Henry James, sin duda. Posiblemente es el escritor que más he releído. He tenido la suerte de haber traducido bastantes obras de Henry James. Fue una traducción fascinante porque de repente me daba la sensación de estar entendiendo el tipo de escritor que quería ser yo. A veces me ha pasado con escritores que me gustan más como lector, pero James es la lectura que más me ha hecho entender qué tipo de libros podía hacer con solvencia. Entendí que el único talento literario que tenía yo era que sabía desplegar una escena, y que eso era lo que tenía que potenciar. Sabia generar una situación donde se pusiera de manifiesto algo privado, secreto, íntimo de los personajes en un contexto aparentemente ordinario. Lo que fue fundamental en Henry James es que era el toque para entrar en ese tipo de escenas, una manera diagonal, no frontal de abordar las situaciones. Verlas desde un lugar un poquito esquinado, extraño.
P.: En su novela los secretos aparecen a cada paso.
A.B.: Eso sucede porque en el fondo ni los personajes saben muy bien quiénes son. Es algo que se pone de manifiesto todo el tiempo. El cómico no sabe quién es y por eso huye hacia un no lugar. Me interesa cómo las celebridades huyen de su celebridad. Cómo la celebridad se desarticula fuera de los territorios nacionales. Recuerdo a un actor, célebre en España, que vi en un pueblito del norte de Estados Unidos donde nadie sabía quién era, pero él seguía teniendo gestos de celebridad. No podía dejar de seguir actuando como una celebridad. Andaba como escondiéndose, parecía un loco. Era particularmente ridículo. Me interesó la conciencia de la celebridad, lo que impone, como se relacionan los familiares con eso, lo geográfica que es, es muy interesante.
P.: ¿Ahora que está escribiendo?
A.B.: La aproximación a la novela "En presencia de un payaso" la hice a partir de estar elaborando un ensayo sobre la risa política. Mis proyectos literarios surgen siempre desde una perspectiva teórica, eso tiene que ver con mi formación profesional en filosofía y filología. De pronto surgió la idea de hacer una novela para resolver algunas de las cosas que me había parecido entender sobre el tema. Ahora estoy volviendo a la idea inicial del ensayo sobre la risa política.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario