Mehldau: la lección del (joven) maestro

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Actuación de Brad Mehldau. Solo piano. (Teatro Gran Rex; 8 de setiembre). 

Tiene relativamente pocos años -nació en Florida hace 39- pero arrastra un enorme prestigio. Generacionalmente se formó en el pop y el rock pero terminó abrazando al jazz como su música de cabecera. Ilustrado en los conservatorios, no se ató a las convenciones de la música afroamericana y se permite acercamientos a otros géneros -del pop y la bossa nova a la música clásica-.

El público argentino lo conoce muy bien: había estado tres veces anteriormente, una junto a su mujer Fleurine -una cantante holandesa que está lejos de su nivel- y otras dos al frente de su reconocido trío. Así que este fue el debut de Brad Mehldau en nuestro país en solo de piano, y de allí el enorme interés de sus colegas pianistas argentinos que fueron una parte importante de la concurrencia a este concierto del Gran Rex.

Sin las ataduras rítmicas que plantea una base de batería y piano, con austeridad -habló brevemente un par de veces con el público e intentó algunas palabras en castellano- y sin más recursos que su destreza con las teclas, Mehldau hizo en Buenos Aires un recital que tuvo todas las características de un concierto clásico. Armó el repertorio con una mezcla de temas propios -la mayoría- con piezas provenientes de diferentes músicas.

Sus composiciones pueden ser baladas y canciones o apuntar a un lenguaje que hace recordar al de Alexandre Scriabin. Lo que elige de otros creadores, va del pop de Massive Attack -»Tearsdrop»-, Los Beatles -»Mother Nature Son»- y Radiohead -»Exit Music»- a la genialidad del brasileño Tom Jobim -«Zingaro»-. Pero más allá de las músicas de origen, sus arreglos -se percibe que es muchísimo más lo escrito y estudiado que lo que queda para la improvisación- y su modo de plantarse frente a los materiales lo acercan a la música clásica por el tipo de toque pianístico, el modo de variar las melodías, algunas armonías que elige, el manejo de las voces internas y los recursos técnicos que utiliza para mostrarlas.

Sin estridencias, lo de Brad Mehldau fue una fiesta, un despliegue de talento musical, una exhibición de pianismo -que no pasa por el virtuosismo hueco-, una muestra de lo que se puede hacer con ese instrumento.

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