10 de diciembre 2008 - 00:00

Mercado sigue deprimido

La fuerte baja que han sufrido los precios internacionales de los granos y las limitaciones que impone la operatoria para la exportación de productos agrícolas generan, en la Argentina, graves inconvenientes a la hora de competir en el mercado internacional, no sólo en el caso del cultivo de maíz, sino también del resto de los cultivos.

Veamos: Las declaraciones juradas de ventas al exterior, a las que deben ajustarse los exportadores de productos agrícolas, tienen un plazo de 45 días de validez (Resolución Nº 543 de la ONCCA), que se extiende a 120 días en caso de pagarse los gravámenes en forma anticipada. Esto implica una mayor concentración del mercado, porque no son muchas las empresas exportadoras que, en este momento en que el crédito es escaso a nivel mundial, están en condiciones de realizar este esfuerzo financiero. Fue así como nos perdimos la posibilidad de efectuar ventas de la cosecha nueva a precios mucho mejores que los actuales. Además, la Ley Nº 26.351 exige a los exportadores acreditar la tenencia de la mercadería al momento de realizar la declaración jurada. Este tipo de legislaciones dificulta la operatoria y resta agilidad a los mercados ayudando así a que la actual baja de los precios en el mercado internacional se vea potenciada en el mercado argentino.

Por otra parte, en ciertas zonas del país todavía existe un gran stock de maíz que no encuentra un mercado donde ser comercializado, porque los registros de exportación están cerrados. Esto genera una presión adicional a la baja en los precios del mercado interno justo cuando la producción está planificando la siembra de la próxima campaña. El precio interno se ve disminuido por una sobreoferta generada artificialmente por el cierre de los registros de operaciones de exportación. Por ese motivo, es fundamental que se reabran los registros para la próxima cosecha y que se permita declarar operaciones sin necesidad de anticipar los gravámenes. De este modo, se le otorgaría al productor un horizonte previsible y transparente, y el cultivo de maíz podría recuperar su rentabilidad y competir con otros cultivos.

Asimismo, deberían tomarse medidas que agilicen la operatoria del Mercado a Término. La siembra de maíz requiere un alto nivel de inversión; por lo tanto, resulta fundamental para incentivar el aumento del área, que tanto los productores como los consumidores de maíz puedan prever los precios y los costos, asegurando el precio a través de las operaciones efectuadas en el Mercado a Término.

El escenario de los granos forrajeros en el mercado mundial ha cambiado mucho en los últimos seis meses. La gran cosecha mundial de trigo y cebada ha deprimido el precio de los granos forrajeros. Este año la cosecha mundial de trigo fue de 680 millones de toneladas, prácticamente 80 millones más que la campaña anterior, de las cuales alrededor de 130 millones de toneladas de trigo se destinarán para su uso como forraje.

Lo mismo sucede con la cebada forrajera. La producción mundial de cebada es aproximadamente 20 millones de toneladas superior a la producción de la campaña anterior. Es decir que, entre trigo y cebada, tenemos una producción que es 100 millones de toneladas mayor que la del año pasado.

En un comercio mundial de 90 millones de toneladas de maíz, este crecimiento en la producción de granos forrajeros está afectando profundamente el mercado de este cereal, deprimiendo los precios, porque se trata de granos que se reemplazan entre sí. El mercado está totalmente deprimido. Si bien pensamos que las perspectivas para el mediano plazo son buenas, hoy éste es el escenario que tenemos que asumir. En este momento, prácticamente no hay cultivo que sea rentable. Ni el maíz ni el trigo ni la cebada son rentables y solamente conservan un mínimo de rentabilidad la soja y el girasol.

(*) Vicepresidente de MAIZAR

Dejá tu comentario