21 de noviembre 2014 - 00:00

Mike Nichols y sus pequeñas revoluciones

Mike Nichols en el Festival de Cannes junto a su esposa, la periodista Diane Sawyer (izq.) y la actriz Emma Thompson.
Mike Nichols en el Festival de Cannes junto a su esposa, la periodista Diane Sawyer (izq.) y la actriz Emma Thompson.
 Mike Nichols, fallecido ayer en Nueva York a los 83 años por un paro cardíaco, fue protagonista de algunas pequeñas revoluciones en la cultura norteamericana del siglo XX. Nacido en Berlín en 1931, su familia se estableció en los Estados Unidos huyendo del nazismo .Y, pese a haber adquirido el inglés a edad relativamente tardía, una de esas pequeñas revoluciones tuvo que ver, justamente, con el lenguaje. Después de su temprano y exitoso debut como director teatral, la Warner le comisionó la versión para el cine del gran éxito de Edward Albee, "Quién le teme a Virginia Woolf", el violento drama matrimonial con Liz Taylor y Richard Burton en el cual, al no mitigar la crudeza de sus diálogos originales, se oyeron por primera vez en la pantalla las palabrotas más corrientes del inglés. El film desencadenó una ola de sinceramiento en la censura y la calificación, que, como se sabe, en los EE.UU. ejerció siempre la misma industria a través de la Asociación de Productores (MPAA).

Jack Valenti, su titular, llamó a una reunión después de ver la primera copia, y exclamó: "Qué joder. Ya es hora de que dejemos de obedecer unas normas cuyos inspiradores están todos muertos". Fue así que Nichols derrumbó el Código, que había regido en Hollywood en las últimas cuatro décadas.

Su siguiente película tuvo efectos aun mayores gracias a la confluencia de varios factores afortunados, que la convirtieron en un éxito instantáneo en todo el mundo. "El graduado" (1967) terminó rompiendo con los moldes del cine de formato clásico que ya venían cayendo desde principios de la década, y contribuyó a establecer el lenguaje de la nueva comedia americana, que rige hasta nuestros días. Su visión de la familia de clase media incorporó la mirada de sus miserias e hipocresías, y de paso también fue el lanzamiento de Dustin Hoffman, en química ideal con Anne Bancroft, la "señora Robinson". Si a eso se le suma el descubrimiento de Simon y Garfunkel con sus canciones originales, y un argumento impecable (que nunca se terminó de agradecer, en todos los sentidos, al novelista Michael Webbs), se entenderá el efecto que tuvo el film en su tiempo.

Tres años después rodó su película más brillante, aunque mucho menos popular, "Trampa 22", basada en la gran novela de Joseph Heller, en la que el piloto norteamericano protagonizado por Alan Arkin, durante la Segunda Guerra, intenta eludir a su deber fingiéndose loco, y cayendo así en la paradoja a la que alude el título "Catch 22": sólo un loco podría pilotear aviones en misiones de combate, de modo que no hay escapatoria.

"Conocimiento carnal" siguió cimentando su talento en la manera de tratar la nueva "ética sexual" setentista, aunque ya este film marcó el comienzo de un largo apartamiento de los "big hits" en el cine por la dedicación que le consagró siempre a Broadway.

Comediante stand up en sus inicios, Nichols fue director de resonantes producciones de títulos como "La extraña pareja", "Plaza Suite", "El prisionero de la Segunda Avenida" y "Annie, la huerfanita", entre otras que recorrieron el mundo. Sus varios "comebacks" al cine, sin embargo, no pasaron inadvertidos. Hay que destacar "Silkwood", en 1983, "Colores primarios" (sobre la interna política americana) en 1998, y "Closer", en 2004, intento menos afortunado de recrear, con lenguaje moderno, "Quién le teme...". Los tiempos ya eran otros.

Marcelo Zapata

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