30 de mayo 2016 - 00:00

Milagro: Fed acecha, pero la Bolsa vuela

 Ver para creer. La Fed insiste, vuelve a la carga con su idea fija de subir las tasas de interés, y Wall Street festeja como si mayo fuera pleno diciembre. La Bolsa anticipa, pero no esta vez. Primero tuvo que venir la Fed para rescatarla de su confusión. Si el banco central arremete con tanto entusiasmo será que vislumbra una luz al final del túnel. Quizás juega con los naipes marcados, se especula, y la suerte favorable ya esté echada. Como sea, esta semana la Fed machacó y machacó con su prédica, las estadísticas de la economía mejoraron sensiblemente (el pronóstico Nowcast de la Fed de Atlanta promete hoy -hasta nuevo aviso - un crecimiento del 2,9% en el segundo trimestre) y la Bolsa hizo lo suyo, completó el coro con el tercer mayor avance en lo que va de 2016. Como si la suba de tasas fuera un jarabe tonificante, Wall Street se sacudió la modorra y se puso a tiro (1,5%) de los récords absolutos. Otro sorpasso como el de la semana pasada y las acciones pisarán alturas nunca vistas. Quizás convendría enviar pronto un mensajero al G-7 para que los líderes del mundo espabilen y tomen noticia de tan buenos auspicios.

La templanza es contagiosa, parece. El dólar resurge vibrante contra las principales divisas del globo, y también contra las monedas descartables de todas las regiones (excepción hecha del peso argentino, sostenido por el poder de las Lebac). Sin embargo, el petróleo desafía el apriete cambiario y se atreve a incursionar, por primera vez en el año, hasta por encima de los 50 dólares el barril. En Chicago, los granos, el algodón, el cacao y el azúcar, lejos de agriarse ante el discurso de la Fed, anotan avances significativos. Cae fuerte el oro, una póliza contra la adversidad, y más pesado todavía, el índice VIX, el termómetro del miedo en Bolsa. No se registra debacle en la periferia de los portafolios. Ni emergentes ni los bonos basura han sido diezmados como en otras oportunidades semejantes. Se diría que lo que era veneno en marzo hoy sabe a aperitivo amable.

Habló Janet Yellen, la pieza que faltaba para confirmar el alcance del mensaje oficial. Ella es la dueña del circo y quien anunció la inesperada generosa tregua de marzo. La número uno de la Fed no fue agresiva. Sin recargar las tintas, ratificó el discurso: una suba de tasas "en los próximos meses" será "apropiada" si la economía y las condiciones laborales continúan fortaleciéndose. No dijo junio. Ni julio. O septiembre. La decisión no tiene fecha. Halcones y palomas coinciden en el paso que hay que dar. No en la celeridad. Los duros apuntan a junio (Esther George, de la Fed de Kansas City, quiso que fuera en marzo). Ya el mes pasado hubo cuatro reservas distritales que abogaron por elevar la tasa de descuento de la Fed (moción denegada). Los blandos no tienen prisa. Ni la evidencia que dicen necesitar. El gobernador Jerome Powell gatillaría "bastante pronto" si se observa un "fortalecimiento significativo del crecimiento en el segundo trimestre" que corrija la "aparente debilidad" de los dos últimos trimestres. De todo ello se extrae una única certeza: las cifras del PBI del segundo trimestre no estarán disponibles a mediados de junio cuando vuelva a reunirse la Fed. Un halcón en reposo no se distingue de una paloma. Es su vuelo rasante lo que de veras marca la diferencia.

¿Qué esperar? Que la Fed persista con la rutina de su examen de estrés. Si los mercados celebran la suba de tasas, de seguro la tendrán. La Fed viene luchando a brazo partido por reaprovisionar el botiquín convencional de política monetaria, y en un año y medio apenas ha podido sumar la aspirina de un único retoque. No dejará pasar la oportunidad aunque no cometerá tampoco la tentación de la imprudencia. Completará los chequeos, y recién después, satisfecha la revisión prequirúrgica, ejecutará. El motivo es mejor que lo explique la propia Yellen: "Si ocurre un traspié, o contribuimos a él, tenemos espacio limitado para responder y esa es una importante razón para la cautela". No hay yerro más terrible en el horizonte que izar las tasas sólo para después tener que bajarlas.

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