- ámbito
- Edición Impresa
"Milk", la gran tragedia homosexual, camino al Oscar
Sean Penn da vida a Harvey Milk, el primer político estadounidense en declararse homosexual, y Victor
Garber al alcalde de San Francisco, ambos asesinados por el mismo hombre.
Exactamente igual que en aquella larga marcha en la que 30.000 ciudadanos lloraron la muerte de Harvey Milk por San Francisco. Sean Penn, en uno de los tres papeles de su vida (junto a «Mientras estés conmigo» y «Río místico»), echó más leña a la hoguera política, condenando la «ignorancia histórica» del 52% de los californianos que negó a los homosexuales el derecho a casarse. Penn puso también a su personaje en contexto: «Milk hubiera puesto el Sida sobre el tapete, y Ronald Reagan no hubiera tenido más remedio que afrontar el tema bastante antes. Mucha gente murió de Sida porque él murió demasiado pronto».
Harvey Milk tenía 48 años en el último acto de su vida. La noche anterior vió «Tosca», de Puccini, y en el jefe de policía Scarpia creyó distinguir el rostro de su asesino. Josh Brolin da vida a Dan White, el concejal venido a menos, cuya presencia inquietante se va apoderando del entusiasmo natural de Harvey, consciente tal vez de haber llegado demasiado lejos.
«Jamás conseguiremos nuestros derechos si nos quedamos silenciosamente en el closet; no avanzaremos si no combatimos las mentiras, los mitos, las distorsiones...». La prodigiosa mutación de Harvey Milk -de vendedor de seguros y analista de Wall Street a activista social-se produce en apenas ocho años.
«Acabo de cumplir los 40 y no he hecho nada de lo que pueda sentirme orgulloso en la vida», le confiesa en el primer encuentro a su compañero Scott Smith (James Franco). La pareja hace las valijas, se deja el pelo largo y se instala en el 575 de Castro Street. La casa de fotos serviría de tapadera para el conciliábulo político. «Me llamo Harvey Milk y quiero reclutarte». El incipiente líder de la comunidad gay no pierde la ocasión de captar jóvenes para su causa, como el ex taxi boy Cleve-Jone (Emile Hirsch). Otros, como el infantiloide Jack Lira (Diego Luna), acuden a su reclamo y precipitarán su tragedia personal. El círculo de Harvey Milk se extiende por Castro y luego por Haight-Ashbury, hasta abrazar el micromundo intransferible de San Francisco, años 70. En Los tiempos de «Harvey Milk», el documental de Rob Epstein que ganó un Oscar en 1985, la ciudad ardía en los disturbios que siguieron al juicio de su asesino Dan White, quien salió a los cinco años de la cárcel y acabó suicidándose. En la versión de Gus Van Sant, rodada con un inusual clasicismo (« cuando la dirigí tenía en mente 'El Padrino'»), la ciudad es un silencio luminoso y unánime, donde resuena aún el eco casi profético de Harvey Milk: «Los mitos contra los negros empezaron a caer desde el momento en que emergieron líderes negros. Los mitos contra los homosexuales irán cayendo del mismo modo: necesitamos líderes fuertes, tenemos que hacernos visibles».


Dejá tu comentario