25 de agosto 2009 - 00:00

Minería y ambiente

 Desde su aparición sobre la Tierra, el hombre modificó el medio ambiente cortando árboles, desviando ríos, nivelando terrenos, arando y cultivando grandes extensiones de terreno, alterando los suelos y, más recientemente, instalando grandes centrales hidroeléctricas y centros industriales. Así, el impacto negativo de la actividad humana sobre el medio ambiente fue progresando con el tiempo y sus efectos fueron haciéndose cada vez más severos. A partir de 1970, la comunidad internacional tomó conciencia de las consecuencias de este accionar, reconociendo la necesidad de incorporar la variable ambiental a la formulación y ejecución de proyectos, en especial, los referidos a recursos no renovables.

Este tema es particularmente sensible cuando se trata de las industrias extractivas, de las cuales la más importante es la minería.

En el mundo actual es imposible prescindir de la actividad minera, pues ella produce las materias primas cuya demanda crece según mejoran las condiciones de bienestar de los grupos humanos.

Esta es la razón básica por la cual el concepto de «protección ambiental» no debe plantearse como un dilema frente a las necesidades elementales del desarrollo económico de una región o país, sino antes bien, como uno de sus elementos integrantes.

Tomando este criterio como metodología general, lo correcto es caracterizar adecuadamente el área de influencia de un proyecto en términos ambientales, sea minero, industrial o agrícola, evaluando los potenciales impactos que producirá cualquiera fuese la etapa de desarrollo en que se encuentre, a fin de tomar las correspondientes medidas de prevención, corrección y mitigación.

Al tomar conciencia de la necesidad generacional de proteger el medio ambiente sin que se llegue a afectar el permanente y continuo crecimiento económico de una comunidad, nace el concepto de «desarrollo sustentable», el cual resalta la necesidad de incorporar variables ambientales a todos los proyectos, postulando que no puede haber progreso sólido y estable si no existe la preocupación de toda la sociedad por una adecuada protección ambiental.

Hoy se aceptan varias definiciones sobre «desarrollo sustentable», algunas dan importancia al componente económico, otras al social, pero todas coinciden en enfatizar el término «equidad».

Así, la idea de desarrollo sustentable es entendida como un proceso de crecimiento económico sostenido en el tiempo, el que debe contribuir a una mayor calidad de vida social, ambiental y cultural. Un desarrollo sustentable debe promover el beneficio de los recursos naturales y, a la vez, ser técnicamente apropiado y económicamente viable, de manera tal que permita satisfacer las necesidades crecientes y lograr el bienestar exigido por los habitantes de una región o país, manteniéndose al día con el avance de la civilización.

Los impactos ambientales dependen de la naturaleza, localización y dimensiones del proyecto en cuestión. Todo proyecto llevado a cabo por el hombre (petrolero, minero, urbano, agro-ganadero y de infraestructura) modifica el entorno físico, biótico, cultural y social del área de influencia, en distintas formas e intensidades.

Respecto de la actividad minera, su desarrollo en la República Argentina es hoy un hecho concreto, con los proyectos mineros más importantes ubicados en la Cordillera de los Andes y en la Patagonia, justamente las áreas donde la actividad agrícola plantea condiciones de extrema dificultad.

En el último ejercicio, del año 2008, la minería en San Juan exportó por 51 millones de dólares. El razonamiento lógico ante esta situación es que nuestra provincia, con varios de los más importantes proyectos mineros en su territorio cordillerano, no puede perder esta oportunidad de desarrollo, que la capacidad técnica de sus profesionales garantiza que se hará en forma «responsable y sustentable». La cuestión de fondo radica en hacer cosas, como pedía nuestro prócer máximo, Domingo Faustino Sarmiento, pero, en este caso particular, hacerlas bien.



(*) Ingeniera en Minas. Master Sc. Universidad de La Serena, Chile.

(**) Ingeniero en Minas. Profesor emérito de la Universidad Nacional de San Juan.

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