Minutos antes de partir a la libertad

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La Habana - Entre valijas a medio hacer y teléfonos que suenan sin parar, familiares de un grupo de 20 presos políticos preparan su inminente salida a España, perplejos por el vuelco que dará su vida, pero que pondrá fin a una angustiosa separación que comenzó en la primavera de 2003.

Como movida por un impulso eléctrico, Irene Viera, de 41 años, se mueve por su pequeño y revuelto departamento de una habitación, en el barrio Vedado de La Habana, donde hace las maletas, contesta llamadas y atiende a la vez a su hijo de 5 años y a su madre parapléjica, postrada en un sillón de ruedas.

La esposa de Julio César Gálvez, uno de los presos políticos que saldrá rumbo a España antes de 72 horas, salta cada vez que suena el teléfono, pues espera la llamada que le definirá el día de la inminente salida.

«Es muy emocionante, pero estoy muy nerviosa, hace días que no logro dormir», dice la pequeña y delgada mujer que exhibe con orgullo en una percha su traje de Dama de Blanco, con el cual caminó cada domingo de los últimos siete años por la Quinta Avenida de La Habana, para pedir la libertad de su esposo.

«Con él puesto me voy», dice mientras repasa mentalmente que nada importante se quede. En un maletín rojo y negro van los artículos y poemas escritos en prisión por su marido, un periodista opositor condenado a 15 años junto a otros 74 disidentes en 2003.

Con la misma agitación vive Alida Viso, la esposa del también periodista Ricardo González, condenado a 20 años y corresponsal de Reporteros sin Fronteras. «Hace cinco meses todo estaba en calma, sin esperanzas, ahora todo es a paso agigantado», comenta.

Viso cuenta que su esposo la llamó desde el hospital de la cárcel Combinado del Este, de La Habana, donde están concentrados, y le contó que los presos están casi listos. «Les tomaron medidas para ropa y zapatos», detalló.

El jueves pasado, tras reunirse con el presidente Raúl Castro y el canciller español Miguel Ángel Moratinos, el cardenal Jaime Ortega anunció que los 52 presos que restan en prisión del grupo de los 75 serán liberados antes de cuatro meses.

Un auto oficial la recogió en su casa el sábado junto a su hijo Emmanuel y los condujo a una clínica del Ministerio del Interior (Minint), en el Vedado, donde le hicieron un chequeo médico, tomaron fotos y tramitaron los papeles migratorios.

En la clínica coincidió con otros familiares de presos de provincias, alojados en un hotel del Minint «con muy buenas condiciones», según le contaron, pero igualmente sin noticias de su futuro inmediato.

«Se ocupan de todos los trámites. Nos trataron muy bien», dice Irene. Después de que esté instalada en España con condiciones para una inválida, Irene reclamará a su madre, quien junto a su hermano cuidarán de su departamento.

Agencia AFP

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