22 de enero 2013 - 00:00

Moncayo: “Intento tender un puente a los nuevos repertorios”

Susanna Moncayo: «En otras expresiones del arte, el público es receptivo a los cambios y a la modernidad, pero algo pasa con la música que no se logra de igual modo».
Susanna Moncayo: «En otras expresiones del arte, el público es receptivo a los cambios y a la modernidad, pero algo pasa con la música que no se logra de igual modo».
Susanna Moncayo nació en Buenos Aires y su primera maestra de canto fue su madre, Dorothée von Haze. Hizo su formación entre el coro de niños del teatro Colón, Giannella Borelli en Roma y el Conservatorio de París junto a Régine Crespin. Vivió por más de una década entre España, Italia, Francia y Alemania. Su carrera en la música clásica es enorme, y desde hace años son habituales sus presentaciones en salas como la Scala de Milán, el Concertgebouw de Ámsterdam, el Colón porteño o el Hebbel Theater de Berlín. Muy entrenada en el canto lírico, desde hace tiempo ha decidido incursionar simultáneamente en el terreno de la música popular y ha logrado discos y presentaciones muy valiosas interpretando a compositores como Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui o Aníbal Troilo.

El motivo inicial del diálogo con este diario es su participación en el «Festival de los Siete Lagos 2013», que ocurrirá en Villa La Angostura, Bariloche y Frutillar (en Chile) entre mañana y el 1º de febrero. El encuentro ofrecerá seis espectáculos en los qué, además de ella, participarán el Quinteto Acrux, la pianista Andrea Gallo, el cornista Fernando Chiappero, los violinista Giulio Plotino y Marta Roca, los violistas Silvina Álvarez y Germán Clavijo y el cellista Claude Frochaux, entre otros.

Susanna Moncayo: Este es un festival distinto en muchos sentidos. Porque está hecho sin apoyatura oficial de ningún tipo. Porque se apuesta simultáneamente a la educación a través de la Orquesta Infanto Juvenil de Villa La Angostura y la Orquesta Juvenil Huemul y ofrece sus espectáculos gratuitos que financia con aportes de sponsors privados. Apostaron a la continuidad (éste será el tercero consecutivo) aún cuando las cenizas complicaban la zona y nadie quería hacer cosas ahí.

Periodista: Usted ha atravesado diferentes géneros y épocas de la música. Este festival que nos convoca, en cambio, parece apostar a repertorios más tradicionales. ¿Qué comentario le sugiere?

S.M.: Mi frase como artista es que la carta ganadora siempre está en el riesgo, y trato de llevar ese concepto adelante en todo lo que hago. Quizá este festival no juegue su riesgo en lo que tiene que ver con el repertorio, pero no dudo de que es una propuesta totalmente arriesgada por todo lo que comentaba antes.

P.: ¿Piensa que el público de la llamada música clásica también prefiere que los repertorios apunten a lo conocido?

S.M.: Muchos suponen eso, pero mi experiencia dice lo contrario. Me acuerdo de un concierto que hicimos no hace mucho con «La Barroca del Suquía» con dos «Stabat-Mater», uno de Scarlatti y otro de un compositor holandés contemporáneo que se llama Boudevijn Tarnskeen. En principio, parecía muy difícil que la gente se entusiasmara con una obra desconocida, sin embargo ocurrió al revés y se produjo una gran emoción. Creo que al público también le gusta encontrarse con cosas inesperadas.

P: Usted pasa de lo clásico a lo popular y de lo tradicional a lo contemporáneo. ¿Cómo organiza profesional y prácticamente todo eso?

S.M.:
Tengo un espíritu inquieto y no me gusta quedarme con una sola cosa. Llego a los diversos repertorios sea porque me convocan -como «La pasión según San Mateo» de Bach que haré en marzo con la Filarmónica de Dresden- y porque nacen de ideas mías que busco la manera de concretar -como un disco de tangos clásicos con arreglos para quinteto de cuerdas y dirección de Diego Vila que acabo de grabar-. Ahora mismo, después del festival del sur, estaré cantando tangos con un grupo argentino en Italia y estaré haciendo un repertorio con obras de Piazzolla, Villalobos, Yupanqui o Ginastera con un grupo de músicos de Budapest.

P.: ¿Cómo maneja técnicamente esos cambios?

S.M.: Requiere de un entrenamiento y las técnicas de interpretación son distintas. Se me ha dado de hacer una parte de un concierto con voz impostada, por supuesto sin amplificación, y otra parte con micrófono y con la voz sin impostar. Cada música tiene su exigencia y con entrenamiento uno puede pasar de una cosa a la otra. De todos modos, por ejemplo en el caso de la «Pasión» de Bach que cantaré en Alemania, una semana antes del concierto me concentraré en eso y no haré otras músicas.

P.: Suele decirse que la música clásica es de los compositores y la música popular es de los intérpretes. ¿Coincide con esa idea?

S.M.: No. Para mí, y quizá sea una «deformación profesional», considerando que vengo del mundo de lo clásico, todos los compositores merecen el mismo respeto y yo tengo un gran amor por su obra. Es gracias a ellos que yo hago lo mío. Y me gusta mucho trabajar con compositores contemporáneos, que me permiten dialogar con ellos, sean Oscar Alem, Eduardo Falú, Luis Naón -un argentino muy talentoso que vive en París-, Gerardo Gandini o Tarenskeen, experiencias todas que afortunadamente he podido hacer.

P.: Precisamente por esa búsqueda, le ha tocado hacer muchas obras en primera audición. ¿Qué siente cuando ve que muchas de ellas quedan luego en el olvido?

S.M.: Una gran pena. Me parte el alma. Porque una se enamora de las obras que hace, descubre su valor. Es muy triste que muchas veces el concierto que una hace sea debut y despedida. Yo intento tender un puente a los nuevos repertorios, por eso del riesgo que mencionaba antes, pero no siempre se logra.

P.: ¿Por qué cree que el público, más allá de algún caso como el que usted relataba, sigue siendo reacio a la llamada música contemporánea?

S.M.: No tengo en verdad una respuesta; es algo que yo también me pregunto. A lo mejor, se la sirven mal. A lo mejor, los intérpretes no hacemos todo lo que deberíamos. Veo que en otras expresiones del arte, el público es receptivo a los cambios y a la modernidad; pero algo pasa con la música que no se logra de igual modo.

P.: ¿Le interesa que la gente disfrute con lo que hace o siente también que tiene una misión y no le importa que haya o no público?

S.M.: Claro que me interesa que mi trabajo sea apreciado, que el público disfrute con él, y que sean muchos. Pero mi principal motor es la angustia, la fisura, la herida que nos afecta a muchos artistas; sin eso yo no podría cantar. No se puede cantar sin pasión, aunque se trate de un repertorio aparentemente muy intelectual o aunque se le dedique mucho tiempo a pulir cuestiones técnicas. Por eso, amo a «locas» divinas como María Callas o Martha Argerich, mujeres que trabajan y se expresan sin prejuicios y desde una geografía auténtica.

Entrevista de Ricardo Salton

Dejá tu comentario