- ámbito
- Edición Impresa
Mora Godoy: “El tango no dejará de enamorar a la gente”
Mora Godoy: “ El tango siempre es una fiesta, y en cualquier lugar del mundo. Pero lo que sigue ocurriendo en China es emocionante, casi inexplicable”.
El espectáculo, que cuenta la historia de un mítico cabaret que fue símbolo para los porteños, se estrenó en 2012, tuvo funciones el año pasado y ahora unas pocas más hasta fin de julio, con algunas innovaciones luego de haberse presentado en el Chatelet de París con 30 fechas. Dialogamos con Godoy sobre el show pero además sobre cómo fue bailar para los Rolling Stones y Liza Minnelli. También contó sus impresiones de atravesar Rusia en un tren a lo "Expreso de medianoche" y cerró con una anécdota pintoresca con los chinos.
Periodista: ¿Qué significa este espectáculo para usted, que lo creó y lo produce, no sólo a nivel artístico sino económico, como su productora?
Mora Godoy: Son muchos papeles en uno, y el más difícil y duro es bailar, hacer todos los dias un show, entrenar tantas horas, ponérmelo en la espalda. Siento que si fuera sólo empresaria sería más facil, pero en este caso es estresante pero porque bailo, gestiono y produzco. Soy directora coreográfica, productora general, todas las áreas me consultan por todo. Y por el Mundial hacemos pocas funciones, con lo que es muy difícil recuperar la inversion. Diría que saldré hecha, pero igual estoy feliz y asumí el riesgo.
P.: ¿Por qué estrenó justo durante el Mundial, cuando tantos hacen un parate?
M.G.: Porque tanto el teatro como yo estábamos libres sólo en esta fecha. Despues tengo otros compromisos. Pero para mí lo importante era estar en Buenos Aires, que el público viera Chantecler, y hasta ahora la sala estuvo repleta de gente, así que vale la pena.
P.: ¿El tango es mejor negocio en la Argentina o en el exterior?
M.G.: Funciona bien en todos los lugares. Cuando estrené en la Argentina en 2013 fue una fiesta, el año pasado en París fueron 30 funciones a sala llena, lo mismo en China, la gente enloquece. A nivel económico, en el exterior hoy tenemos una diferencia cambiaria muy grande, pero la entrada de afuera no equivale en pesos a lo que se cobra acá. En la Argentina también sobredimensionamos costos; me asusto cuando veo lo que sale todo, siento que vuelvo y está todo más caro que en Europa. En el exterior tengo contratos más restringidos; allá para cerrar acuerdos exigen austeridad, algo que aquí parece no existir. Todo hay que explicar y justificar, no hay un pasaje de más, en cambio las producciones locales salen con medio mundo.
P.: ¿Siente que en nuestro país se malgasta a nivel producción?
M.G.: En la Argentina no hemos pasado por guerras que sí pasaron Europa, China o Rusia, entonces no tenemos espíritu ahorrativo, tiramos manteca al techo. A mi me gusta tener lo justo en cada rubro. Me contratan y me ponen restricciones con la cantidad de músicos, de ténicos, de bailarines, así funciona financieramente una compañia, lo entendí, y por eso salgo tanto.
P.: ¿Qué tiene de nuevo este Chantecler después del paso por París?
M.G.: Tiene una escenografia nueva ahora, que en 2012 no había. Los herederos del Chantecler me cedieron fotografías y datos con los que logramos reconstruir la fachada original de 1924, de art deco francés. De modo que cada noche me sumerjo ahí, porque la escenografía es realmente imponente. No tiene nada que envidiarle a Broadway. También hubo algunos cambios en el vestuario, en el segundo acto cambiamos coreografias y la canción del final es electrónica, compuesta por Gerardo Gardelín.
P: ¿Qué pasa con el tango, que enloquece tanto a chinos como a eslovenos o rusos?
M.G.: Debe tener que ver con esa cosa fuerte del abrazo, es sensual, sexual, está presente lo prohibido pero en realidad se puede, es una danza que se baila abrazada, rozando la boca del otro.
P.: Cuénteme de su experiencia al atravesar Rusia en el transiberiano.
M.G.: Es uno de los placeres más lindos que tuve. Subir a ese tren es tétrico, es del 40, a la gente le recuerda "Expreso de medianoche" pero a mí me encanta subirme, estoy esperando el momento para viajar en ese tren. Además no hay qué comer, entonces nos compramos en el supermercado unas comidas envasadas que se abren, se echa agua y nunca se sabe en qué se convierten. Hacíamos el transiberiano y dormíamos toda la noche como si hubiéramos estado en un hotel, en una especie de camarote. Entonces salíamos del teatro alrededor de la medianoche, tomábamos el tren y llegábamos a destino a las 8 o 9 de la mañana del día siguiente.
P.: ¿Cómo fue bailar para los Rolling Stones?
M.G.: Fue increíble porque ellos parecían estar más admirados conmigo de lo que yo lo estaba con ellos. Cuando vinieron al país fui como representante del tango y bailé para ellos. Estaban ellos cuatro, nadie más. Bueno, uno estaba con su mujer, el otro con una novia y otro con su hija. No dejaron que entrara nadie y se armó un show con ellos como único público. Me senté con mi compañía de baile y me pregunté: ¿qué les llevo? Me decidí por un potpurrí: un poco de Osvaldo Pugliese, de Juan D'Arienzo y bastante de Astor Piazzolla.
P.: ¿Y cómo reaccionaron "sus majestades satánicas"?
M.G.: Mick Jagger estaba sentado en un sillón en el fondo, mirando el show, aplaudiendo todo como un caballero inglés; bajaba la cabeza, miraba, volvió a mirar hacia abajo. Pero los otros tres estaban como locos, comenzaron a saltar sobre los sillones, como sacados. Me hicieron dejarles el CD: "No, no, no, el CD no te lo llevás, se queda acá. Les quería dar de todo, pero no tenía más cosas para dejarles. "¿Qué más tenés?", me preguntaban.
P.: Después bailó para Liza Minnelli.
M.G.: También se volvió loca, se paró y me abrazó. Es un monstruo como artista. Arriba del escenario no se puede creer la sutileza que tiene.
P.: ¿De modo que esto sería lo más importante que le pasó a nivel profesional?
M.G.: Hace poco me ocurrió algo muy conmovedor con el fanatismo en China. Me dijeron que me iban a hacer una despedida en un restaurant argentino carísimo. Fui vestida de manera normal, pero cuando me bajé del micro, tenía a cientos de fans gritando "Mola, Mola", con cámaras de canales, gente vestida de largo, de fiesta, como si fuesen al Colon, los hombres de smoking. Primero no entendía nada, despues comprendí cuando me leyeron una carta, con traductor mediante. Me daban las gracias por introducir el tango en sus vidas, que yo era el motivo de inspiración, que gracias a mí habían abierto la primera escuela de tango, que lo único que esperaban era que yo llegara a China, lloraron, en fin, fue emocionante. Los hombres se acercaron, todos con un marcador, para que les autografíara sus camisas en el pecho. No sabía nada de esa idolatría, les hubiera dado una clase gratis.
Entrevista de Carolina Liponetzky


Dejá tu comentario