23 de julio 2013 - 00:00

Moral y mercados III

Moral y mercados III
Desde los trabajos de Coase (1960) se reconoce que uno de los mayores impedimentos para el desarrollo económico, aun en las economías más avanzadas, es la existencia de los costos transaccionales. El efecto económico de la moral y las normas sociales consecuentes -en la medida en que la sociedad adhiera a ellas- es justamente el de reducir esos costos (Fehr y Schmidt, 1999). La moral convencional fomenta la honestidad, la confianza y la eficiencia de las transacciones económicas, reduciendo los costos de descubrimiento, regateo, monitoreo y del cumplimento de los acuerdos (Bitros y Karayiannis, 2010), induciendo menores costos y mayores volúmenes en el mercado (Bix 2004). Es por esto que resulta fundamental para los participantes del mercado (especialmente, intermediarios) no sólo adherir a los estándares morales más altos, sino también apoyar la difusión de esos valores dentro de la sociedad (Rabin 1993; acallar las voces críticas va en contra de sus propios intereses). Cuando la moral y las normas sociales -como instrumentos de autorregulación del mercado- se debilitan, el derecho de propiedad (uso y transferencia), el cumplimiento de los acuerdos contractuales y la eficiencia del sistema de adjudicación decaen. Entonces crecen la demanda por más reglas e instituciones formales. Esto resulta en un aumento de la litigiosidad y de los costos transaccionales que frenan el desarrollo económico del mercado y que en casos extremos pueden hacer colapsar una sociedad democrática en una democracia populista/fascista o un mercado autorregulado en uno semiestatal o estatal (Karayiannis y Hatzis, 2010). Seguimos mañana. Avanzando un 0,01%, a 15.545,55 puntos, con muy bajo volumen, el Dow marcó el segundo cierre más alto de su historia.

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